El hecho es que, tras una despedida memorable, un montón de cenas, comidas y mil cosas que se quedan dentro de la caja, ha pasado el 16 de septiembre y Santi y María se han casado como Dios manda (nunca mejor dicho). Lamento no tener ninguna foto de la pareja para ilustrar el post, pero seguro que vendrán más adelante.

La boda se celebró en la iglesia de los Salesianos de Alcoy. Como mandan los cánones, los amigos de Santi (los macanudos y unos pocos más) estuvimos por la tarde vistiéndole en su casa en compañía de su familia. Me guardo las fotos más íntimas, pero hay alguna, como la que ilustra este párrafo, que da cumplida cuenta de cómo se desarrollaron los preparativos.
Antes de partir hacia la iglesia, estuvimos a punto de perder a uno de los nuestros -Jordi- con la traca que tiramos cuando bajó el novio, pero todo se saldó con un susto de narices y una mano de goma, como la de Moiso cuando se olvidó de tirar un petardo porque pensaba que ya había explotado… Podéis ver el vídeo de la traca, con Jordi saltando al principio y frotándose la mano al final, siguiendo este enlace.

La ceremonia discurrió ágilmente, para lo que suelen ser estos sacramentos. El cura fue directo al grano, como procede, y la música estuvo a la altura de las circunstancias. Más tarde, durante la cena, todos reconocimos en privado haber estado a punto de soltar una lagrimita, aunque muchos seguro que, pasadas unas horas, lo negarán.
Un detalle que todo el mundo comentó fue una coña del cura, que dijo que pensaba que el novio se había multiplicado; ciertamente quince personas vestidas con el mismo chaqué son suficientes para desorientar a cualquiera.
Realmente, me gustó que, como ya hiciéramos en la boda de Mauro, todos los testigos fuésemos vestidos igual -aunque alguno se bajara del tren en contra del deseo del novio, que nos regaló las corbatas-; desde luego, el recuerdo es ciertamente bonito, y la imagen de la celebración también. No creo que la forma de vestir sea una cuestión de ideología, sino de oportunidad, y en estas circunstancias me parece una idea bonita y apropiada. Vamos, a tener en cuenta de cara a un futuro muuuuy lejano…
La cena -convite, banquete, cada uno que le llame como quiera- se celebró en la llum, el restaurante del hotel AC de Alcoy y, en mi opinión, rayó a un nivel muy alto. De acuerdo, no soy objetivo ni pretendo serlo, pero reunir a más de 300 personas en un restaurante y darles de cenar a todos no debe ser cosa fácil, digo yo… Lo mejor, en todo caso, la compañía, los amigos reencontrados y las anécdotas de la cena. Compartí mesa con Borja, Marta, Emilio, Edurne, Jordi, Lorena y, por supuesto, con Gemmurrín.
Tras la cena, los novios bailaron al son de “I’ve got you under my skin“, en versión dueto (Frank Sinatra y Bono, de U2), en lo que me pareció una variación muy interesante del clásico Vals, y de ahí a las copas sólo quedaba un pasito. La noche acabó en la llum con una clásica actuación (estaba en la carni…) con los macanudos al micrófono -la foto ilustra este momento- y finalmente nos fuimos al pub lemnos, donde Santi y María nos habían preparado una sorpresita: la segunda barra libre de la noche.
La verdad es que fue una boda absolutamente memorable, repleta de recuerdos, anécdotas, reencuentros y sensaciones agradables, que nos ha dejado a todos un buen sabor de boca. Mientras escribo este post he recibido varios mensajes y llamadas de distintos macanudos “comentando la jugada” y evocando momentos que, como siempre, nos quedarán grabados en un rinconcito de la memoria.
Dentro de tres semanas, de oca a oca y tiro porque se casa Moisés, y en cerca de dos meses, le toca a Juan. En febrero se casa Yorch y me temo que no será la única boda de 2007, porque hay algunos que callan mejor que hablan.
En cualquier caso, mi más cálida y afectuosa felicitación a los novios -que no leerán esto hasta que vuelvan de los Estados juntitos- y mi agradecimiento por el esfuerzo que han desarrollado para que todo fuese genial.
El resto seguimos para bingo.