Rompiendo mercados
Acabo de asistir en el colegio de los Jesuitas de Valencia a una sesión de continuidad organizada por ESADE bajo el título “Estrategias de posicionamiento rompedoras: rompiendo moldes“, impartida por Beatriz Soler, psicóloga y profesora del departamento de dirección de marketing de la escuela.
En esencia, la sesión ha servido para que discutiésemos acerca de las estrategias que han seguido varias empresas punteras que han conseguido adquirir una posición privilegiada al diferenciarse no sólo de sus competidores, sino de todo el sector en el que tradicionalmente habrían sido englobadas. Algunos casos de éxito de estrategias rompedoras son IKEA -que ofrece muebles baratos y fáciles de montar en una macrotienda con restaurante y guardería a cambio de no llevarlos a casa ni montarlos “in price”- o EASYJET -pionera en vuelos low cost, que no ofrece comida pero dispone de una flota más moderna y una puntualidad superior a la media-.
En realidad, desde mi muy humilde y profano punto de vista, estas compañías juegan con tres factores: (i) el análisis de algunos de los axiomas aceptados por los competidores en sectores maduros y asentados (¿por qué hay que salir de los hoteles a las 12? ¿por qué hay que dar comida en un vuelo? ¿un reloj fashion tiene que ser caro y uno barato tiene que ser cutre?, ¿puedo vender ropa barata en una tienda en un entorno de tienda de lujo?, etc.), (ii) la ampliación del producto con prestaciones apreciadas en otros sectores pero no explotadas en el propio sector y (iii) una aversión al riesgo que tiende a cero.
Porque los ejemplos de éxito que hemos analizado, han sabido crear un negocio partiendo de ideas ciertamente innovadoras -como conjunto, no tanto si analizamos los distintos conceptos por separado-, pero en muchos otros casos experimentos similares habrán caído en la más ridícula de las desgracias, para la mofa, befa y escarnio del emprendedor y el regocijo interno -y externo- de los cenizos de siempre, maestros del dedollaguismo que sin duda habrán acompañado sus horas de duelo con frases como “ya te lo dije” o “las cosas no funcionan así”.
Está bien lo de las estrategias rompedoras de posicionamiento, pero para eso hace falta pasta y una buena idea, exactamente lo mismo que para cualquier otro negocio triunfador; lo del océano azul va a resultar algo más difícil, pero, como dicen en mi zapatería, lo difícil lo hacemos en el acto, para los milagros tardamos un rato.
Lo que sí que me ha quedado claro de la conferencia es que de mayor quiero ser coolhunter.
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Gente con una inmensa capacidad para ser feliz!!
En algo estoy de acuerdo con el anuncio y es en el hecho de que mis compañeros de generación compartimos una gran capacidad para disfrutar de las cosas más ínfimas, quizá porque hemos asumido la enorme revolución que se ha producido en nuestro entorno como algo natural.
Enjoy!
Domains party
Que cada vez paso menos tiempo escribiendo por aquí es algo que fácilmente habréis constatado por el simple hecho de que estas últimas semanas apenas estoy actualizando el blog una vez a la semana, algo que me apena y ante lo que entono el mea culpa con propósito de enmienda.El programa del evento parece interesante, aunque me parece que me voy a perder justamente el acto central, la subasta, porque tenemos reunión a las 17:00 de la Junta Directiva de la Asociación Valenciana de Empresas del Sector TIC (ESTIC).
Ya os contaré qué tal resulta el evento.
Amenaza terrorista (sólo para su propio hígado)
Mientras acabo de preparar el post sobre la boda de mi amigo Motxo, este fin de semana en Suances, os dejo un regalo: la amenaza terrorista vertida por un tipo contra su propio hígado.
Cosas del cubata del amor, ya a la venta en su licorería de confianza.
Macanudos cachondos
Mayor ha sido mi sorpresa al comprobar que San Google me ofrecía la opción de buscar los resultados de la palabra “cachondos”, como puede verse en la imagen superior. Es decir, que ahora -no sé si ha sido siempre así- al introducir una expresión, el buscador es capaz de proporcionarte, con mayor o menor acierto, alternativas adaptadas a tu propio entorno. Eso sí, he intentado la prueba con expresiones como “boludo” y “chévere” sin que google pareciera inmutarse.
Conocía esta funcionalidad de google aplicada a casos más “típicos”, como errores de transcripción, pero para mí resulta una novedad la aplicación de esta funcionalidad al tratamiento de expresiones dialécticas. ¿Está posicionándose google para lanzar un sistema que realmente funcione de búsqueda multilíngüe? ¿O tal vez ha sido una puñetera casualidad?
En el íterin, me queda la reserva intelectual de aceptar o no que “macanudos” sea equivalente a “cachondos”; aunque si google lo dice, por algo será… (aquí va la música de expediente x).
El puentecito
Hace un par de semanas, al acabar el AL INVEST meeting que celebramos en Zamudio, aproveché unas horas muertas para pasear por los alrededores del museo Guggenheim de Bilbao.
Lo curioso del tema no es ya que un suelo de cristal se rompa, algo que, en cierta medida, parece lógico.
Más aún me ha llamado la atención una noticia que he leido en varios medios de comunicación respecto del puente en cuestión: Calatrava ha interpuesto una demanda por infracción de derechos de propiedad intelectual contra el Ayuntamiento de Bilbao con motivo de la instalación de una pasarela que, presuntamente, rompe la integridad de su obra.
Es decir, que el Ayuntamiento, sin el permiso de Calatrava, ha instalado un elemento sobre el puente, eliminando parte de la barandilla original, lo que supone una modificación de la estructura y el diseño originales, no consentida por el autor del proyecto.
Al alcalde de la ciudad, el Sr. Azkuna, parece que el tema no le ha hecho ni pizca de gracia y ha declarado que
“Ya está bien de la dictadura del señor Calatrava y su puentecito”
Comprendo el cabreo del Sr. Azkuna. El Sr. Calatrava le ha hecho un feo dirigiéndole una carta al Lehendakari para que le riña en lugar de dirigirse directamente a él y ha presentado una demanda pidiéndole un mínimo de tres millones de euros de compensación o que retiren la nueva pasarela y le paguen 250.000 euros por daños morales.
Insiso, comprendo el cabreo del Sr. Azkuna; pero eso de llamar dictador a un arquitecto por intentar defender sus intereses y de calificar de puentecito una obra que bien le habrá costado al consistorio un puñado abultado de millones de euros, está feo, hombre.
El hecho es que ésta no sería la primera vez que un artista es indemnizado porque una de sus obras -una escultura, un edificio o un puente- ha sido modificada o, simplemente, eliminada de la vía pública. De hecho, la Ley protege estas ejecuciones como obras derivadas de las obras originales (los planos, bocetos, etc.), cuyo encuadramiento dentro del ámbito objetivo de protección de la Ley de Propiedad Intelectual, con sus aciertos y enormes errores, pocas personas pondrían en duda.
Al parecer el consistorio alega que el puente es una birria constructiva. Y, en efecto, lo es: el suelo se cae, la gente se resbala y su accesibilidad es poco menos que nula. Incluso el arquitecto japonés encargado de la construcción de la pasarela de la discordia, Arata Isozaki, ha manifestado, discretamente, sin querer entrar en la discusión, que sin su pasarela, el puente no lleva a ninguna parte.
De acuerdo. Es posible que el puente sea más o menos práctico, útil, bonito u original, o que haya sido mejor o peor construido. De lo que no cabe duda es de que en su concepción y construccion se ha invertido una buena dosis de esfuerzo creativo y que su diseño y configuracion actual están sometidos a derechos de propiedad intelectual. Para que nos entendamos; un señor de Getxo no puede acercarse por allí y decir “este puente lo he hecho yo”; ni el Ayuntamiento de Valladolid pude coger los planos y ejecutar el mismo puente para cruzar el Pisuerga.
En mi humilde opinión, la discusión se centra en un ámbito distinto a la utilidad del puente, y es (1) si el hecho de construir una pasarela realmente afecta a la integridad de la obra y (2) si esta afección debe ser consentida por el autor, teniendo en cuenta la ubicación de la obra, el plan urbanístico de la ciudad y muchas otras circunstancias que pueden afectar a una construcción en el núcleo urbano de una ciudad de las dimensiones de Bilbao.
Como suele decirse, nuestra libertad acaba donde empieza la de los demás; yo estoy de acuerdo con el Sr. Calatrava en su formulación acerca del sometimiento del puente a derechos de propiedad intelectual. Lo que no tengo tan claro es que estos derechos lleguen hasta el punto de impedir cualquier modificación en su estructura, cuando obedezca al fin que la construcción pretende: ser un elemento -más o menos bonito, original ,etc.- del contexto urbano de una ciudad.
En cualquier caso, será un caso muy interesante de seguir y de analizar cuando tengamos una sentencia firme; porque no dudo que el asunto llegará al Supremo -como mínimo-, salvo que el Ayuntamiento o el Sr. Calatrave abdiquen de sus posiciones.
Tal y como está el pastel, parece que un hipotético acuerdo se encuentra muy muy lejano.
Y es que, Sr. Calatrava, hay pocas cosas peores que “puentear” a un alcalde.



