Por fin (por decir algo 🙂 estoy en Valencia, tras casi tres semanas de viaje. El término «luna de miel» me provoca una sensación bastante desagradable, así lo evitaré en la medida de lo posible. Tampoco ha sido un viaje de novios, ya que, precisamente, ha sido el primero que hacía con mi -ya- esposa Gemmurrín, así que, una vez superadas las trampas lingüísticas, me doy la bienvenida de nuevo a la piel de toro, en la que ha pasado casi de todo desde que me fui y pocas de esas cosas han sido positivas. Tampoco voy a hablar de la crisis, al menos por el momento, aunque no tardaré mucho en hacerlo por distintos motivos.

Algunos avispados habréis notado que antes de partir dije que volvería del viaje el día 19 de octubre. Si es que estáis en todo…

El caso es que cuando Gemmurrín y yo llevábamos dos días en Buenos Aires, rápidamente nos dimos cuenta de que con apenas 13 días nos íbamos a dejar demasiadas cosas en el tintero, así que decidimos reasignar el presupuesto destinado a regalos, ropa y otras menudencias a quedarnos una semana más en América del Sur. Los que estabais esperando regalos, lo siento, otra vez será :(.

Si el viaje previsto ya iba a ser intenso (Buenos Aires, Calafate, Ushuaia e Iguazú), la semana de extensión nos ha permitido hacer muchísimas cosas que no nos hubiésemos perdonado jamás perdernos, como disfrutar del nuevo espectáculo de Les Luthiers en el Gran Rex de Buenos Aires; conocer la costa sureste de Uruguay -en especial Punta del Este, donde pasamos cuatro días-; cenar sashimi en Retiro; probar -en realidad, casi agotar- el fernet con coca en el Hip Bar, asistir al un programa en directo de Radio la Colifata desde el Hospital Borda y disfrutar de unas veladas geniales con Mariano y Natalia, Eva y Leo (gracias a todos), entre muchas otras cosas.

Imagino que cualquier viaje de novios, luna de miel o llámelo usted como más le guste debe ser inolvidable e irrepetible, pero el nuestro desde luego lo ha sido en un grado máximo. Y como no me gusta dar más envidia de la estrictamente necesaria, seguiré explicando anécdotas del viaje en mi otro blog personal, aunque sí que hay algunos asuntos que me han llamado mucho la atención de Argentina y que trataré aquí durante los próximos días.

Ahora toca arremangarse y volver al fango para rematar asuntos y, sobre todo, empezar otros que me apetecen mucho. No lloréis, que ya he vuelto, y espero no volver a dejaros solos tanto tiempo 😉

Operación: retorno.
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Un pensamiento en “Operación: retorno.

  • 30 octubre, 2008 a las 10:40
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    Vaya viaje!! Me alegro que lo pasárais tan bien y seguro que además de disfrutar ha servido para recargar las pilas.

    Ya seguís contando en el «otro» blog.

    Saludos!

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