La semana pasada escuché en las noticias (creo recordar que fue en antena 3) un testimonio conmovedor.

Un tipo de entre 30 y 35 años celebraba la noticia de la aprobación del subsidio para desempleados de larga duración que han agotado su prestación contributiva. Hasta aquí, todo bien, salvo por el hecho de que era un tipo en edad más que productiva, sin ningún impedimento para trabajar más allá de su voluntad de hacerlo.

El caso es que, al preguntarle, el sujeto respondió que, gracias a este subsidio, se quitaría de encima la presión de tener que buscar trabajo (sic) y que así podría seguir pagándose la plaza de aparcamiento de su moto.

Yo no tengo moto, ni mucho menos plaza de aparcamiento para ella. Trabajo 12 horas al día, incluidos muchos fines de semana porque quiero y porque me gusta. Me parece fantástico que con mi aportación a las arcas públicas se ayude a quien lo necesite, pero no estoy dispuesto a financiar siestas y plazas de aparcamiento.

El mercado laboral está mal, pero creo que dos años son tiempo más que suficiente para formarse, reconvertirse y buscar un empleo si realmente se tiene ganas y uno se dedica a ello de forma seria y profesional. Diría que 6 meses son mucho, 1 año excesivo y 2 años una vergüenza. Pero que gracias a mi esfuerzo se esté alimentando a tipos como éste, que afirma estar vencido por la tensión que le provoca tener que buscar un trabajo, me hace avergonzarme del país en el que vivo.

¿Así vamos a salir de la crisis? ¿Fomentando el tocamiento generalizado de huevos?

No con mi pasta. Construid hospitales, carreteras o geriátricos. Ayudad a las familias, a los ancianos y a los enfermos. Incluso prefiero que le déis la pasta a los bancos para que se decidan de una vez a abrir el puño, si es que esto es posible. Pero ni un duro más para los jetas, para los carroñeros de los fondos públicos, para los que viven del trabajo de los demás.

Y tú, ¿ya sabes quién se queda con tu pasta?

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¿Quién se queda con tu pasta?
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