Mi cuarto día en California, el tercero en San Francisco, ha empezado pronto. A las 7:30 me encontraba, debidamente pertrechado, en el City Club, un impresionante y elegante edificio de oficinas situado en el distrito financiero de la ciudad, para asistir a una sesión de Keiretsu Forum, la mayor red mundial de angel investors (algo parecido, pero no exactamente igual que los business angels). Un enorme mural de Diego Rivera, que podéis ver en la página web, ilustraba el acceso a la sesión.

Contacté con el chapter de Keiretsu Forum en San Francisco gracias a Marta Carballo y a la circunstancia de que el año pasado tuviese la oportunidad de presentar mi primera startup en el capítulo de Barcelona. De hecho, en el área de San Francisco hay hasta cuatro sedes del Keiretsu, en lo que supone la mayor concentración de inversores privados del mundo mundial:) San Francisco, North Coast, East Coast y Sillicon Valley.

Quiero aprovechar para darle las gracias a Judith Iglehart por su lo bien que me acogió y por invitarme a participar en los tres eventos que celebraban esta semana. Por desgracia sólo pude asistir al evento de SFO, aunque seguro que me hubiese resultado extremadamente interesante asistir al resto. Thank you Judith! Próximamente escribiré un post algo más extenso al respecto.

Una vez finalizado el evento y tras una buena sesión de networking, me di cuenta que no llegaba a Stanford al evento que tenía planeado para la tarde, así que decidí recoger a Gem y visitar el barrio japonés, otra de esas ciudades dentro de la ciudad de San Francisco. El barrio japonés es algo menos obvio que Chinatown, principalmente debido a la sobriedad de las construcciones japonesas -con alguna sonada excepción-. Aún así, me sorprendió ver cómo el ayuntamiento de San Francisco refuerza y promueve el mantenimiento de las costumbres: las placas con los nombres de las calles están traducidos al japonés, hay señales con nombres de animales y objetos cotidianos traducidos e, incluso, con su transcripción fonética, y los centros comerciales parecen teletransportarte a Japón: las tiendas, las marcas, los objetos y casi cualquier cosa está traída directamente de allí. Toda una experiencia.

Tras finalizar la visita, estuvimos paseando por Yerbabuena Gardens (la ciudad de San Francisco se llamaba originariamente Yerbabuena) e intentamos acceder al MOMA, pero estaba cerrado, por lo que acabamos comprando algunas cositas en la tienda. Por cierto, es una de las pocas tiendas de museo que me han gustado por su combinación de artículos de diseño y extraños artilugios, poco prácticos, eso sí, pero simpáticos y sorprendentes.

Acabamos el día por el centro y cenando en Katana-ya, un restaurante japonés en la calle Geary que tiene una sopa de miso estupenda y un sashimi bastante correcto.

Hoy jueves tengo una agenda bastante interesante fuera de San Francisco, así que me voy corriendo. Más información, mañana por la mañana (por la tarde si me lees desde España 🙂

Cuarto día: Keiretsu y japón
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