Ayer por la tarde asistí en Valencia a una charla impartida por Enric Segarra, profesor de ESADE, bajo el título “Empresas ganadoras! ¿Cuál es el secreto? ¿Cuáles sus estrategias?”. Nada nuevo bajo el sol: casos de éxito de marcas que han encontrado sus océanos azules y algunas propuestas de estrategias que nos pueden ayudar a conseguirlos. Sin embargo, hubo dos lecciones que me llevé bien aprendidas a casa:

La estrategia no basta y, por sí misma, no sirve para nada: es sólo el principio de una cadena. Para que un negocio triunfe, la estrategia debe ir seguida de una ejecución impecable y de un análisis rapidísimo del resultado para seguir mejorando hasta el infinito. Esa cadena, estrategia, ejecución y análisis, es la que diferencia una empresa de un negocio con éxito.

– La importancia de la resiliencia, un término en boga desde hace unos años que yo siempre he conocido como “resistencia a la frustración“. En esencia, la resiliencia es la capacidad de sobreponerse a situaciones adversas, aprender de ellas y seguir adelante.

Las dos lecciones que aprendí ayer están conectadas entre sí: si somos capaces de analizar a tiempo nuestros triunfos y nuestras derrotas, seremos capaces de mejorar nuestra oferta de valor, ser más competitivos y seguir creciendo. Siempre me gusta recordar que, ante todo, un negocio es un negocio y, por tanto, debe buscar la rentabilidad y la optimización de los recursos para ser cada vez más eficiente.

Para poder sobreponernos al fracaso y salir con éxito de un bache profundo, lo primero que tenemos que hacer es analizar cómo hemos llegado hasta allí y cuáles son nuestras herramientas, nuestras mejores y más potentes habilidades para salir de él. Regocijarse en el dolor, buscar culpables y lamentarse no sirve para salir ni para mejorar. No hay magia en la resiliencia: análisis, estrategia, ejecución y otra vez análisis son los ingredientes necesarios para resistir los envites del mercado. El optimismo también ayuda, claro. 🙂

Recuerdo que hace ya un par de años un business angel me dijo que había invertido en un proyecto, no por la idea de negocio -que no era mala- ni por el sector, sino porque confiaba que el emprendedor sería capaz de cambiar el modelo de negocio las veces necesarias para convertir el proyecto en un negocio rentable.

La resistencia a la frustración (o resiliencia) es un atributo imprescindible -pero no suficiente- de un emprendedor. Tu excel no se va a cumplir, al menos en la parte de los ingresos, pero por eso le llaman plan de negocio: los planes sólo le salen bien a John Anibal Smith, así que prepárate para analizar hasta la última variable de la ejecución de tu proyecto; sólo así conseguirás convertirlo en un negocio.

Más importante aún que las desviaciones de tu plan son las oportunidades que aparecerán durante el camino. Tal vez tu cliente no es el que esperabas, o se encuentra en otro lugar, o tu producto sirve para mucho más -o mucho menos- de lo que aparece escrito en tus planes-. Aprende, levántate y cambia el enfoque de tu propuesta. Estás ahí para hacer negocio, no para perder el tiempo buscando excusas.

Estas lecciones son siempre más sencillas de explicar que de aplicar, pero creo que es importante tenerlas muy presentes porque pueden sernos útiles en los momentos difíciles.

Y tú ¿cómo te sobrepones a tus problemas del día a día?

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