Tercer domingo de la segunda década del siglo XXI. Esto ya no hay quien lo pare.

El año ha empezado con sobresaltos, con cosas buenas y malas. El problema es que unas no compensan a las otras. Sin duda, la peor noticia ha sido el terremoto que ha devastado Haití, uno de los países más pobres del planeta, desestructurado y con un gobierno casi inexistente.

Como suele pasar en estos casos, al principio se dijo que habría muertos. Luego se habló de unos 400, más tarde de miles y las últimas cifras hablan de 40.000 cadáveres ya enterrados, más de 100.000 muertos y de un número aún por determinar de desaparecidos bajo las ruinas de los edificios. Es una catástrofe de proporciones descomunales.

Durante estos días hemos escuchado opiniones de todo tipo, incluso algunas crueles e innecesarias como la de Salvador Sostres, que dice que la tierra a veces menstrúa para purgar lo que le sobra (aquí el artículo en catalán); por supuesto, la mayor parte de las reacciones han sido llamadas a la acción y peticiones de ayuda. El problema es que la falta de infraestructuras de todo tipo en Haití hace que la ayuda llegará tarde, demasiado tarde, cuando miles de personas que hubieran podido salvarse ya hayan perdido la vida bajo edificios convertidos en cascotes que nadie puede -ni podrá en muchos días, tal vez semanas- levantar. Pero aún queda mucha gente que necesita de la ayuda internacional para sobrevivir. Y la ayuda internacional somos nosotros.

Yo soy de los que opinan que las buenas acciones se hacen, no se cuentan, igual que las oraciones, que van por dentro, salvo si eres ZP y te dedicas a rezar en USA con Obama mientras arrancas los crucifijos de los colegios en España. A Dios rogando y con el mazo dando, dirían algunos. País…

Mi apoyo simbólico a Haití es esta versión de the Fugees de Killing me softly with his song, el clásico que popularizara Roberta Flack en 1973.

I prayed that he would finish
but he just kept right on
strumming my pain with his fingers

No he escogido esta canción por su título (killing me softly), lo que hubiese supuesto un pequeño acto de crueldad inexacta. La he elegido porque esta versión fue uno de los éxitos más conocidos de The Fugees, el grupo con el que saltó a la fama el cantante haitiano más conocido en estos momentos: Wyclef Jean. Wyclef ha sido uno de los cooperantes más activos en la campaña de ayuda a Haití, ha aparecido en todo tipo de programas solicitando donaciones e, incluso, se ha desplazado a Haití para ayudar a las tareas de desescombro.

Ante una tragedia como ésta, nuestras pequeñas miserias deberían palidecer. Sin embargo, nuestra condición de seres miserables hace que, poco a poco, vayamos creando una coraza de mierda que nos impide apreciar las cosas buenas que nos rodean.

Pocos Haitianos tendrán un buen domingo. Si crees que el tuyo puede serlo, aprovéchalo de verdad.

Canción del domingo: Killing me softly (The Fugees)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.