Segundo domingo del quinto mes de la segunda década del siglo XXI; 9 de mayo de 2010. Agua en el centro y sol en el mediterráneo. Yo vivo en el mediterráneo (nainanainainanaaaa), así que me ha tocado lo bueno, aunque también ha caído algo de agua por aquí. Tranquilos, que como el verano sea proporcional al invierno que hemos tenido, todos vamos a acabar del sol y del calor hasta las narices.

Esta semana ha sido interesante por muchos motivos, pero sobre todo me ha permitido darme cuenta de que muchas veces vivimos en auténticos oasis alejados del mundo y de la realidad. El martes volvimos a traer First Tuesday a Valencia, de la mano de Juan Antonio Galindo (factory web) y de metricson. El evento fue un exitazo, con más de cien asistentes, de los cuales veinte era inversores, algo imprescindible cuando tu objetivo es propiciar el contacto entre emprendedores y capital. Fue una sesión muy participativa, en la que se generaron discusiones muy interesantes. Estoy muy satisfecho, la verdad.

El éxito de First Tuesday pudo hacer pensar a los asistentes que las cosas están cambiando: que ha vuelto la pasión, que la gente se inclina por generar valor, riqueza y empleo a través de la creación de nuevas empresas; incluso que eso que propugnan los políticos («los emprendedores son quienes tienen que sacar al país de la crisis») puede ser cierto.

Sin embargo, el miércoles tuve un buen encontronazo con la realidad. Tuve el honor de participar con un grupo de amigos en la conferencia que clausuraba las sesiones de desarrollo profesional de la Florida Universitaria y, precisamente, una de las primeras preguntas que formulamos fue «¿cuántos queréis crear vuestra propia empresa?». El resultado fue desolador. En un auditorio con más de doscientas personas sólo levantaron la mano tres personas. A continuación preguntamos cuántos querían ser funcionarios y, entre risitas levantaron la mano más de la mitad de los asistentes.

Tras este inicio tan poco prometedor pasamos un buen rato hablando sobre redes sociales, para llegar a la conclusión de que los menores de 25 años están en tuenti y, en una pequeña proporción en facebook. Ya está. Ni linkedin, ni Xing ni ninguna otra red vertical ni mucho menos profesional, pese a estar a apenas unos días de distancia del momento de empezar a trabajar, o al menos de buscar su primer trabajo.

Mi conclusión tras el evento es que los jóvenes de hoy en día son tan analfabetos digitales comos sus padres y sus abuelos, con la única diferencia que tienen el aliciente de poder ver a sus amigas en bikini a través de tuenti, facebook, flickr y youtube, algo que sus padres y abuelos sólo podían soñar. La motivación lo es todo.

Eso me lleva a pensar que el concepto de nativos digitales es un eufemismo para definir a una generación acostumbrada a tener acceso a internet, aunque no tengan ni pajolera idea de cómo sacarle provecho. No dudo que haya gente brillante y valiente: conozco algunos ejemplos de menores de 20 años extraordinariamente capaces; sin embargo, la mayoría son una panda que seguramente sólo sirva para engrosar las listas del INEM, no por falta de capacidad, sino de interés y de ambición.

A los nacidos en los setenta solían llamarnos generación X, la generación perdida, por nuestra presunta falta de valores, por nuestra ruptura con las tradiciones y un pretendido carácter nihilista. Hoy muchos de los nacidos en esa época ocupamos puestos de responsabilidad en grandes empresas, creamos empleo y riqueza y tenemos en nuestras manos buena parte del futuro del país y del resto del mundo mundial.

Si nosotros fuimos capaces de sobreponernos a la transición, al baby boom, a la aparición de las consolas y de internet o, incluso, a la muerte de Chanquete, estoy convencido de que los actuales troncos veinteañeros serán capaces de superar su apatía actual y coger el testigo. No nos queda otra. Por eso, la canción del domingo es My sharona, de the Knack.

Never gonna stop, give it up.
Such a dirty mind.
Always get it up for the touch of the younger kind

My Sharona, de The Knack, forma parte de la banda sonora de  la película «Reality Bites«, que trata precisamente de la necesidad de sobrevivir y seguir adelante para la generación X, los nacidos en los setenta, entre muchos otros temas 🙂

The Knack consiguió cierta repercusión en los 70 y 80, aunque su gran éxito fue, precisamente, My Sharona, una canción sencillota y sin demasiado mérito, más allá de su riff principal, que resulta bastante recordable. Por desgracia, el cantante original de la formación,  Doug Fierer, falleció hace unos meses, en febrero de 2010.

Generación X, NI-NIs, generación perdida… Ser joven no es fácil o, mejor dicho, lo es salvo que quieras hacer algo con tu vida y estés dispuesto a sacrificar lo fácil del día a día. El problema es que cuando llegue el momento de tomar las riendas, debes estar preparado para ello, y si has pasado los últimos años tocándote lo que no se ve, no lo estarás.

Los funcionarios no nos van a sacar de la crisis; los políticos no nos van a sacar de la crisis, al menos los que tenemos ahora mismo. Sólo los que estén dispuestos a crear valor y a hacer lo necesario para mejorar su vida y la de la gente que le rodea serán capaces de empujar a la masa hacia una situación un poco más propicia.

¿Ya has decidido de qué lado estás?

Canción del domingo: My sharona (the Knack)
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