Es uno de esos momentos en los que, de repente, te entra el canguelo. No se trata exactamente de miedo, sino de una sensación más próxima al vértigo. Miras hacia delante y sientes un sudor frío ante la perspectiva de adentrarte en tierra que, al menos para ti, es desconocida y hostil.

Es el momento de dar el salto, lo sabes y aún así te planteas si deberías hacerlo. Pardiez, nadie dijo que fuera a ser fácil.

Cuando has conseguido encontrar la clave de tu negocio, es muy difícil tomar decisiones que supongan un cambio drástico. Quizá sean iteraciones obvias o soluciones que han funcionado para todos tus competidores pero, si a ti te va bien, ¿por qué deberías cambiar tu forma de trabajar, de vender, de producir o de gestionar tu cartera de clientes? Quizá simplemente no tengas que hacerlo, pero muchas veces la alternativa es el fracaso y la desaparición de tu zona de confort sin que puedas hacer nada para remediarlo.

Durante los últimos meses he recibido muchas consultas de startups que son líderes -o luchan por serlo- de sus sectores y que se han planteado la maldita pregunta: ¿debería dar el salto?; tanto si se trata de una mejora de procesos, la ampliación del equipo, un aumento de capital o la decisión de internacionalizar el negocio, se trata de decisiones que remueven la base de tu negocio y pueden convertir una maquinaria engranada en un montón de piezas deslabazadas incapaces de funcionar al mismo ritmo.

Tal vez no tengas que tocar nada -¿cuántas veces has escuchado aquéllo de «si algo funciona, no lo toques«?- pero te animo a que te plantees alguna de estas razones para dar el salto, por si son de aplicación a tu negocio:

Tamaño: Uno de los principales handicaps de las empresas españolas -y europeas- es que somos demasiado pequeñas. Ser pequeño te hace flexible, pero te impide acceder a determinados clientes y a ventajas competitivas como la capacidad de comprar mejor -más barato y en mejores condiciones- y captar talento. Para ser grande hay que haber sido pequeño, pero sólo durante un tiempo.

Competidores: Quizá tú no quieras ser grande, pero alguno de tus competidores sí. Si es así, van a querer tu pequeña porción del pastel y no pararán hasta conseguirla, utilizando todas las herramientas que tengan a su alcance. Bajarán los precios, lanzarán nuevos productos y comprarán tu marca en adwords para dirigir hacia ellos a tus clientes. Encarecerán artificialmente el precio de las keywords más relevantes para ti porque ellos sí que han conseguido inversión y pueden permitírselo. Quieren sangre y tú estás en el punto de mira, disfrutando tranquilamente del paisaje y ajeno al sonido de los engranajes de sus armas.

Valor:  Si tu negocio crece de forma ordenada, su valor se verá incrementado. Si tu empresa vale más y aparece una oportunidad de venta, ganarás más dinero. Si exprimes a la gallina de los huevos de oro, lo perderás todo. No creo que sea necesario ahondar en este argumento.

Mercado: Algunas veces el suelo se abre bajo tus pies. Aparece un competidor que no esperabas, el sector se derrumba, tus principales clientes desaparecen tras una cortina de humo o, simplemente, todo cambia de repente. Si no estás preparado para el cambio, cómprate una pala para cavar tu tumba. Tu zona de confort puede desaparecer más rápido que los neutrinos.

Emoción: Hacer siempre lo mismo acaba cansando. Si has creado una empresa, no tienes el mismo perfil que el señor que vende calcetines en el Corte Inglés. No me entendáis mal; si no hubiese gente aversa al riesgo empresarial, los calcetines tendrían que crecer en los árboles, porque no existiría la mano de obra, los comerciales, los reponedores, los contables ni los guardias de seguridad del Corte Inglés. Pero si has creado un negocio, es más que probable que de vez en cuando tengas ganas de mambo. ¿Me equivoco?.

Hay muchos más motivos para cambiar; si aún no has encontrado tu modelo de negocio o has detectado que tu competencia crece mucho más que tú, de forma mucho más rápida y sin apenas esfuerzo -aparente-, es evidente que debes seguir cambiando cosas para volver al ruedo y seguir toreando.

También existen muchas razones para quedarte quietecito y no tocar nada, pero prefiero que sea tu madre, tu pareja o el cenizo con el que llevas saliendo de juerga desde los 15 años y sigue viviendo en casa de sus padres quien te las recuerde. Yo te animo a mejorar y seguir empujando para salir adelante.

De nada.

Razones para dar el salto

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