Sexto día en San Francisco. Sigo con un jetlag galopante que no me deja dormir más allá de las 05:00, pero que está favoreciendo que esta semana sea una de las más productivas que recuerdo. Después de 20 reuniones, tres eventos y un montón de desayunos/comidas/cenas de trabajo, tengo la lengua como la suela de un zapato y la cabeza a punto de estallar, pero creo que he conseguido entender algunas cosas que me gustaría compartir con vosotros, sin ninguna intención de pontificar, que aquí todos somos mayorcitos y sabemos de qué pie cojea cada uno.

San Francisco Skyline from COIT Tower

La primera de ellas es que no vale la pena venir aquí para hacer turismo tecnológico, es decir, para pasear de empresa en empresa y asistir a un par de eventos. Cada vez que he ido a alguna de estas empresas como visitante he vuelto decepcionado. Google, Youtube, Zappos (en las Vegas), Ebay o Facebook son edificios llenos de personas, con más o menos complementos estéticos, pero que no transmiten conocimiento o experiencia por sí mismos. La gente suele quedarse con el envoltorio y pagar encantado los cientos de dolares que te cobran por enseñarte el hall, darte de comer cualquier bazofia y, con suerte, responder de forma vaga a alguna de tus preguntas. Si quieres hacerlo, hazlo, pero limita tus expectativas. Y si quieres disfrutar de una experiencia irrepetible en un mundo mágico donde los sueños se hacen realidad, Orlando está justo en el otro lado del país.

La segunda cosa que no se aprende inmediatamente es que, contrariamente a lo que todo el mundo dice, aquí nadie te va a enseñar nada, así que, si quieres aprender algo, tendrás que hacerlo por ti mismo. Ante la avalancha de misiones comerciales, viajes organizados y buscadores de oro en general que llega diariamente a la ciudad en busca de algo que no existe, han proliferado las empresas que tratan de generar negocio -para ellos- a través del asesoramiento y de compartir-presuntamente- información y experiencias.

Al principio cuesta un poco, pero tras unos cuantos meses te acabas dando cuenta de que con estas organizaciones pasa como con los ingenieros que están en el valle: los que realmente saben cómo hacer las cosas y tienen el talento y los contactos necesarios, dedican sus recursos a crear sus propias empresas para ganar dinero con ellas, aunque seguramente no les importe dedicarte 2 minutos para averiguar si tienes algo que les pueda interesar. Si es cierto que el medio es el mensaje, entonces esta gente habla a través de sus logros y no contándote rollos sobre las luces y las sombras de un área geográfica indeterminada. No esperes obtener un conocimiento real o una palanca para afianzarte aquí: eso sólo se consigue con muchos años de experiencia o contando con gente que la tenga en tu propio equipo.

El Spain Tech Center es una pequeña isla en medio de este mar de caspa; he pasado unas cuantas horas allí con Miguel Ángel, Koldo, Santiago y Xavier, -además de Eneko, que también está en Rocket Space– a quienes estoy muy agradecido por su acogida, y he podido comprobar que existen formas de aterrizaje blando  que permiten empezar a moverte de una manera menos traumática, aunque sólo sea por el hecho de compartir la experiencia con gente que proviene de tu mismo entorno cultural. Es una lástima que los emprendedores a veces tengan que aguantar que los españoles que aterrizamos por allí les interrumpamos para sacarles fotos y hacerles bailar como si estuviesen en el zoo, pero supongo que forma parte del juego. Un abrazo y mucha suerte. 😉

Mi conclusión es que Silicon Valley no existe, sólo existen las personas y, sobre todo, la creencia firma en la capacidad propia de hacer algo importante, que cambie realmente el mundo y a ti con él. Si lo que buscas es cambiar sólo tu propia vida -lo que viene siendo forrarse– es muy difícil que lo consigas, porque la gente no cambia: siempre es consecuencia de una serie de circunstancias que no puedes controlar totalmente.

Hace falta mucha seguridad, mucha energía y unos huevos del tamaño de un autobús escolar (esto me recuerda a las 3 vs del abuelo de Javier Megias) para querer desarrollar un negocio difícil en el lugar más competitivo del planeta; si no te lo crees, no lo vas a a conseguir, y si te lo crees seguramente tampoco, pero al menos lo habrás intentado y podrás dormir tranquilo debajo de un puente abrazado a alguno de los miles de walking dead que pueblan las calles de San Francisco.

Dicho esto, creo que lo mejor que alguien puede llevarse de San Francisco, además de una sudadera de Alcatraz o un pisapapeles con una miniatura del Golden Gate, es una inyección de actitud, un chute de confianza. Si puedes imaginar el camino, puedes recorrerlo. Normalmente pasarán cosas que no te esperas, positivas y negativas, pero si eres rápido y mantienes firmes tus ideas, puedes hacer cosas grandes, aquí, en Barcelona y en Melbourne. Todo lo que necesitas está en ti, así que ve a por ello y huye de los vendedores de pócimas, porque lo que ellos quieren es tu dinero y tú lo que necesitas es una cura que ellos probablemente no tengan.

Ah, y gracias a David Zaragoza, buen amigo y compañero durante la última semana, por aguantar mis retrasos y mis ideas locas de último segundo. The best is yet to come! 🙂

La actitud y las personas en Silicon Valley
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