Primer domingo del quinto mes del cuarto año de la segunda década del siglo XXI. Cinco de mayo de 2013. Un día cojonudo para hacer cualquiera de esas cosas que siempre te rondan la cabeza y nunca encuentras un momento para hacerlas.

Estoy seguro de que a vosotros también os pasa. De repente te das cuenta de que llevas días, semanas, meses pensando en hacer algo y no eres capaz de encontrar un hueco en tu agenda para hacerlo, incluso aunque tu agenda esté tan vacía como la cabeza de muchos de los grandes gurús que he conocido durante los últimos años. Si no, que se lo digan al señor que esta semana devolvió un libro a la biblioteca de la que lo había sacado en 1961 porque, textualmente, no podía soportar seguir viéndolo en la estantería de su casa. Puedo imaginármelo pensando todos los días al levantarse por la mañana “tengo que devolver este puto libro” y cómo verlo en la estantería día tras día le recordaba sus miserias y su incapacidad de hacer frente a sus miedos. Imaginad el momento en que, después de 52 años, este señor finalmente coge el libro, sale la calle y recorre a pie el camino hasta la biblioteca. Imaginad la cara del bibliotecario que le recibió y que no sabía de qué demonios le estaba hablando y la sensación de desahogo del interfecto que cada día durante la mayor parte de su vida se había consumido entre la culpabilidad y la angustia al pensar que los hombres de negro podían tumbar su puerta para rescatar la obra. Este señor se ha ganado merecidamente un hueco en el podio de los procrastinadores.

Uno siempre acaba decidiendo su agenda porque, en realidad, siempre podemos renunciar a hacer unas cosas en favor de otras, si estamos dispuestos a aceptar las consecuencias. Si lo piensas bien, puedes decidir no ir a trabajar, no dar de comer a tu gato, saltar al vacío desde un decimoséptimo piso, besar a esa chica que está corriendo por la calle, coger el próximo avión a Somalia y desaparecer, casi cualquier cosa que requiera tiempo y unos recursos económicos mínimos. Únicamente necesitas un poco de decisión y madurez para asumir que somos lo que hacemos y lo que no hacemos y que toda decisión tiene consecuencias (¿recuerdas la tercera ley de la termodinámica?).

Hace unas semanas, Rajoy explicaba que no tomar una decisión también es una decisión y, aunque no coincido con él en el contexto en que utilizó esta frase, creo que algo de razón sí que tiene: no actuar es una forma de actuar que mucha gente empieza a adoptar por cansancio, impotencia o, simplemente, pereza. Gandhi fue un buen exponente de la resistencia pasiva y la inacción frente a la obligación de actuar y no le fue tan mal, salvo por el hecho de que le asesinaran descerrajándole tres tiros. Dios me libre de comprar a Rajoy con Gandhi. Al menos hasta que pierda unos cuantos kilitos y aprenda a hablar inglés.

Uno de los mejores remedios que conozco frente al hastío y el ni-nismo es la inquietud. Si la tienes, es difícil que no te muevas, salvo que seas un auténtico inane. La inquietud te fuerza a reaccionar y dota a tu agenda de un fin o, al menos, de un camino.Tener inquietudes hace que nos sintamos vivos y que tengamos motivos para levantarnos por la mañana, así que no es una mala actitud. Por eso la canción del domingo esta semana es restless, de Kakkmaddafakka.

I only see you when you’re walking, walking to somewhere
You’re so restless, what can be over there?
I only see you when you’re walking, walking to somewhere
You’re so restles, it must be special there

I just want to conversate with you 
But you keep on talking to your phone
You’re so restless, you’re gonna end up alone

Esta canción no es precisamente una apología de la inquietud porque trata su parte más patológica pero, hey, son Kakkmaddafakka y necesitaba una excusa para traerles a esta sección.

Kakkmaddafakka es una de esas bandas que hace de cada uno de sus conciertos una fiesta espectacular sobre el escenario porque saben divertirse y hacer que te diviertas. Nacidos en Bergen (Noruega), cuna de grandes grupos indie desde finales de los 90, están a punto de publicar su tercer disco (Six Months is a long time – 2013) tras el éxito de Hest (2011), con el que se han paseado por grandes festivales en toda Europa. Yo les conocí en un concierto que dieron en la sala Music Hall de Barcelona el 27 de octubre de 2011 y desde entonces han puesto banda sonora a muchos de mis grandes momentos.

El vídeo que he elegido para este post fue producido por Menos que cero, el día después del concierto que he comentado y grabado en Ikuri por tres grandes: Andrés Pino de Conjunto Vacío -autor de, entre otros, el vídeo de Terminis que podréis conocer dentro de apenas tres semanas-, Lyona -directora de muchos de los mejores vídeos de grupos indies actuales, entre otras cosas- y Anna Molins -directora de fotografía y colaboradora habitual de Lyona-.

Si aún no habéis visto en directo a Kakkmaddafakka, os estáis perdiendo una de las mejores inyecciones de buen rollo que podéis disfrutar hoy en día. El viernes pasado actuaron en el festival SOS de Murcia, el martes 7 de mayo presentarán su nuevo disco en Barcelona y el día siguiente actúan como DJs en la fiesta de presentación del Festival Bona Nit Barcelona en la sala Music Hall. Y si lo que quieres es verlos en directo, actuarán el 20 de julio de 2013 (mi cumpleaños, por cierto) en el festival Bona Nit Barcelona, cuyo país invitado este año es, precisamente, Noruega, con grupos como Kings of Convenience o Dry the River, otra de las revelaciones de 2012.

Ya lo sabes: contra el ni-nismo, inquietud. Y contra el mal rollo, mucho Kakkmaddafakka, directamente en vena. ¡Que paséis un grandísimo domingo!

Canción del domingo: Restless (Kakkmaddafakka)
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