El 23 de julio publiqué este post (entretenimuerte) en el que explicaba mi decisión de dejar de utilizar whatsapp y otros servicios en mi móvil.

Desde entonces he hecho un montón de cosas, he viajado por tres países, he sobrevivido el síndrome postvacacional (que ya sabéis que no existe) y no he echado de menos ni un segundo ninguno de esos servicios.

Os cuento algunas cosas que he aprendido por el camino:

– Whatsapp es un vampiro de tiempo y energía horrible. Convierte tu vida en una interacción sincrónica permanente con cientos o miles de personas que acaban apropiándose de tu agenda. Cuando dejas de usarlo, se incrementa tu buffer de tiempo para responder a las peticiones o mensajes que recibes a través de otros canales, y este tiempo mejora la calidad de tus respuestas.

Ruido: Whatsapp –y Twitter y Facebook y tantos otros- son una fuente constante de ruido. No tengo nada en contra de los gatos, las tetas y las frases de Paulo Coelho (esto último no es cierto), pero es muy difícil separar el grano de la paja en whatsapp, sobre todo en los grupos. Si no tienes whatsapp ni aplicaciones de RRSS en el móvil, tú eliges cuándo quieres tener ruido y cuándo no.

Los grupos: ¡Ay los grupos! No tengo duda de que es la killer feature que ha hecho que las apps de mensajería proliferen, ni de que será lo que acabe con ellas. Los grupos son inmanejables y siempre hay gente que los utiliza para distribuir pozales de mierda digital. Algunos días recibía la misma porquería a través de veinte grupos distintos en menos de 1 minuto.

– Coordinación: todo el mundo auguraba que al no estar en los grupos me perdería las quedadas que organiza la gente de mi alrededor. Seamos serios: no tengo veinte años. La gente de mi alrededor tiene entre treinta y muchos y cuarenta y pocos y no hace nada de nada, aparte de currar, cambiar cacas de niños y dormir cuando pueden. Y cuando alguien hace algo, me acabo enterando con una llamada rápida. Eso sí, me ahorro los cuatrocientos mensajes de coordinación. Si puedo ir, voy. Si no, no. Y ya está. Whatsapp es el MAL para la vida social.

– Aplicaciones: el hecho de no usar apps para redes sociales hace que me lo tenga que pensar dos veces antes de usar el móvil para actualizarlas. Conclusión: apenas uso el móvil y cuando lo uso, lo hago con un propósito concreto, no para ver si tengo notificaciones.

– Curro: en Terminis usamos Slack y me gusta tanto que probablemente la implantemos también en Metricson. Si eres capaz de definir bien las integraciones, los canales y las reglas de uso, te aporta valor y te permite centralizar las conversaciones en un solo canal, lo que mejora la trazabilidad, sobre todo cuando tienes el equipo distribuido en varias ciudades y te pasas el día viajando. De hecho Whatsapp debería funcionar como Slack, con canales temáticos, privados y conversaciones integradas.

Conclusión: se puede vivir y trabajar sin Whatsapp e incluso sin redes sociales, salvo si eres un community manager o tienes una necesidad patológica de reafirmación externa. Inténtalo, igual también descubres que tu vida es mejor así.

Un mes y pico sin whatsapp
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2 thoughts on “Un mes y pico sin whatsapp

  • 6 noviembre, 2015 a las 21:27
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    Excelente reflexión!

    A mi parecer faltaría mencionar un último aprendizaje que, aunque implícito en el conjunto de los ya mencionados, me parece necesario recalcar: vives tu propia vida, disfrutando al 100% de lo que ocurre a tu alrededor en todos los ámbitos del día a día. Y dejas, por consecuente, de vivir la vida de los demás con más intensidad que la tuya propia.

    Trabajas en ti mismo, y no en buscar la aprobación de los demás (reafirmación externa como tu bien has dicho)!

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  • Pingback: Bye bye 2015! | Luis Gosálbez

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