A ver cómo os cuento esto.

He empezado a escribir este post al menos una docena de veces antes de encontrar una forma razonable de narrar lo que me ha pasado este año.

Siendo políticamente correcto, podría definir 2017 como un año de contrastes. Si opto por ser realista, mi conclusión es que 2017 ha sido un año de mierda, que ha acabado de la mejor manera posible, gracias a Gemma, a Lola y a un montón de amigos que me habéis dado la energía que he necesitado en cada momento.

Pero no quiero destriparos la historia, antes de tiempo, así que allá vamos. Ataos los machos, que vienen curvas.

2017 empezó como acabó 2016: con muchos planes, energía a tope y una profunda sensación de estar controlando las cosas importantes de mi vida.

De repente, en apenas tres meses, todo se fue a la mierda. Sí, como suena.

Perdí a muchas de las personas más importantes de mi vida, de las formas más variadas que podéis imaginar. Mis empresas hicieron unos cuantos extraños que sigo sin entender muchos meses después. Durante varias semanas sentí que lo perdía todo. T-O-D-O.

No voy a entrar en detalles sobre todo lo malo que me ha pasado en 2017, que es mucho, ni lo que he tenido que hacer para retomar –aunque sea parcialmente- el control sobre las cosas importantes, pero sí que quiero empezar este resumen anual diciendo que, aunque el año acaba muy bien desde cualquier perspectiva, nada hacía presagiarlo hace apenas seis meses.

La próxima vez que pida intensidad, por favor, golpeadme la cabeza con un drive de acero, de los de antes.

En fin, vamos al lío.

  • VIAJES

Entre enero y julio, he seguido con mi rat race habitual, es decir, saltando de Valencia a Madrid y Barcelona todas las semanas. Nada que objetar al respecto, me encantan las tres ciudades y la gente que allí me espera.

Fuera de este circuito, pasé una semana en Miami con dos grandísimos amigos – David y César-, trabajando, conociendo a fondo la ciudad, a pesar de que no paró de llover ni un solo día y celebrando nuestros cuarenta años (luego hablaré más sobre esto).

Miami me encantó, es muy distinto a la imagen que tenía de ella. Me encontré –o reencontré- con gente increíble, visité Cabo Cañaveral (lo que viene siendo la NASA), nadé entre tintoreras, bebí muchos mojitos escuchando jazz latino en Little Havanna e hice algo parecido a una paella en un chalet con piscina casi abandonado en Miami Beach, entre otras cosas.

A partir de agosto, la frecuencia de mis viajes cayó en picado y ahora me doy cuenta de que no hace falta pasar el día en el AVE para conseguir ciertas cosas.

 

  • MADRID

Sí, ahora vivo en Madrid. Bueno, en Chamberí, que es Madrid pero se vive como en un pueblo. No me puede gustar más y no voy a daros más la chapa con este tema, porque ya hice pública mi particular declaración de amor a la capital en este post.

Es cierto que he pasado de una casa con jardín y piscina a un piso en una calle pequeña y gentrificada, pero ahora mismo no cambiaba mi casa por nada porque no me siento tan joven como para vivir en Fuencarral, ni tan mayor como para instalarme en una casa con jardín en Pozuelo. En este momento quiero vivir aquí, pasar fuera de casa todo el tiempo lo que pueda y disfrutar de una ciudad que aún me sorprende todos los días.

Eso sí, echo de menos tener una terraza para cocinar y plantar cosas. Es lo que tiene volverse mayor.

 

  • 40 años

Ya que hablo de la edad, el 20 de julio cumplí 40 añazos y lo celebré con una fiesta en mi casa con cerca de 50 amigos, venidos de un montón de sitios distintos. Hubo música en directo, unicornios, piscina, mojitos canarios, reencuentros emocionantes y casi todo lo que esperaríais de un acontecimiento así.

Moló. De hecho, moló tanto que podría decir que marcó el cambio de tendencia de un año que no pintaba nada bien.

40 años. Joder, son un montón, y eso que no me encuentro nada mal, aunque llego a fin de año con unos cuantos kilos de más.

No nos engañemos. Hace tiempo que dejé de ser un joven abogado o un joven emprendedor o un joven, a secas. Ahora vivo en la mediana edad, saltando por días de viejoven a madurito cachondo –Ilonka dixit– y tratando de evitar convertirme en un señor mayor antes de tiempo, aunque hace unas semanas alguien me llamó blanquito pollavieja (sic) en twitter, como si fuese un insulto.

Lo bueno de ser mayor es que, cada vez, te la sopla más y más cosas. Si no os lo creéis, hablad con mi madre un rato y luego me contáis.

Además, mucha de la gente a la que quiero ha aterrizado en la cuarta década este año y he tenido la suerte de acompañarles. Todo es más fácil cuando estás con personas a las que quieres, lo que me lleva al siguiente punto.

 

  • Amigos

El único objetivo que me planteé para este año fue, precisamente, ver más a mis amigos. Y eso es lo que he hecho.

Os lo creáis o no, el hecho de vivir en Madrid y de volver a usar WhatsApp me ha ayudado a retomar el contacto con un montón de gente a la que tenía fuera de radar y de pasar más tiempo con gente a la que quiero. No voy a dar nombres, todos sabéis quienes sois, pero es un aspecto de mi nueva vida que me encanta y que voy a reforzar aún más en 2018.

 

  • Música

Aunque empecé el año perdiéndome el concierto de Izal en Valencia, ha sido un gran año en el plano musical. He podido escaparme a un montón de conciertos e, incluso, a un festival (el Montgó Rock, en Jávea).

Si tuviese que destacar un par de bolos, me quedaría con Aerosmith en Madrid y con el 30 aniversario del Joshua Tree de U2 en Barcelona. También he visto en directo a Jamie Cullum –brutal, me moría de ganas-, a Kakkmaddafakka, los Zigarros, Mclan, Leiva, Sidecars, Luis Prado, Led Zep, y me quedé a un paso de colarme en el concierto que dio Camilo Sesto en Miami.

Como siempre, gracias a Jorge por ser mi camello de conciertos y a David Zaragoza por seguir descubriéndome grupos y géneros increíbles.

 

  • Curro

Durante los seis primeros meses de 2017 me ha pasado de todo. Gente que se ha ido, gente que ha llegado para quedarse y gente que sigue a mi lado y ha hecho que mis empresas sigan siendo algo por lo que vale la pena luchar. Gracias, sobre todo, a Pepe, a Carla, a Emma y a Cris por aguantarme en los momentos difíciles, que han sido unos cuantos.

Madrid nos ha sentado genial. Nos guste más o menos, hay cosas que sólo pasan aquí y muchas decisiones, con efectos globales, que no se toman fuera de la M-30. Hay que estar aquí para ser relevante en muchos aspectos. Y esto es sólo el principio.

Hoy, Metricson mola más que nunca, como despacho, como equipo y como espacio en el que pasan cosas increíbles e inesperadas. Metagest crece y sigue siendo una fuente inagotable de talento y parece que Terminis va a volver a darnos algunas buenas noticias en 2018.

 

  • Lola

Pero si hablamos de buenas noticias, sin duda la mejor ha sido Lola. No creáis que me he olvidado de ella, pero es que ayer publiqué este post y no quiero repetirme como un señor aún más mayor.

Con sus dos meses, Lola ha sido la protagonista de todo 2017. De momento, todo ha salido tan bien, que, ella solita, ha conseguido que todo lo malo que me ha pasado en este año haya merecido la pena.

Tener una hija ha movido algunos resortes dentro de mí que desconocía. Me siento como si todo lo que hago y todo lo que pasa a mi alrededor estuviese tamizado por un filtro distinto, más humano, más sencillo, más tierno. No me he vuelto un blando, simplemente veo algunas cosas de una forma distinta y me siento mejor conmigo mismo ahora.

Gracias, Lola, por salvarme de un año de mierda. Si ya haces conmigo lo que quieres, no puedo imaginarme cómo van a ser los próximos 30 años de mi vida, pero te prometo que vamos a hacer que valgan la pena. Soy tuyo.

 

  • Gemma

 

No puedo acabar este post sin agradecer a Gemma su esfuerzo, su paciencia, su apoyo y todo lo que ha hecho por mí, no sólo durante 2017, sino desde que nos conocimos hace ya 15 años.

Tus pérdidas este año han sido mayores que las mías y aún así nunca has dejado de empujar y de quererme sin medida, sin condiciones, sin pedir nada a cambio. Ojalá Lola herede una mínima fracción de tu fuerza, de tu mirada limpia, de tu inagotable capacidad de querer y de ver un poquito de luz en los pozos más oscuros.

 

No me merezco tanto y por eso te he dejado para el final, porque quiero que sepas que eres lo más importante y la razón de todo lo demás.

Por favor, sigue siendo así, exactamente así y no pierdas la paciencia. Aunque vivir conmigo a veces sea un castigo impredecible, te quiero con locura.

  • ¿Y ahora qué?

2018 llega con unas cuantas curvas a la vista. Grandes planes, muchas ganas de hacer cosas nuevas y, sobre todo, lleno hasta los topes de amor.

No voy a pedirle nada especial al año que empieza. Sólo quiero que Lola crezca sana, que Gemma siga teniendo paciencia conmigo y no perder la capacidad de tomar decisiones sobre las cosas importantes de mi vida. Bueno, estas tres cosas sí que se las pido. Casi nada.

Suerte a todos y feliz año. Si no lo es, pensad que nada es para siempre y que, aunque algunas cosas no tienen arreglo, al menos provocan cambios y los cambios SIEMPRE traen oportunidades.

Os quiero. Bueno, no a todos, ya me entendéis.

Bye bye 2017
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