Segundo domingo del segundo mes del tercer año de la tercera década del siglo XXI. 13 de febrero de 2022. Mañana es San Valentín y volveremos a ver por todas partes el meme de Sam Sagaz diciéndole a Frodo «Espéreme señor Frodo». Ni tan mal.

2022 está empezando a mostrar su cara más amable. Para algunos, este año iba a ser la confirmación de que la pandemia acabaría con nuestra especie, pero no. Lo de los dinosaurios aplaudiendo al cometa y todo eso. Ay, Malthus, llévanos pronto.

Ahora que muchos países empiezan a levantar todas las restricciones y que, incluso, en Catalunya empiezan a dejar a que las personas hagamos algo parecido a lo que queremos, empezamos a poder imaginar cómo va a ser el mundo postpandémico, y se parece bastante a los felices años 20 que algunos pronosticaban a principios de esta década.

Eso sí, serán unos felices años 20 muy distintos a los del siglo pasado, porque tenemos un panorama divertidísimo: una  inflación galopante; chalados con mascarillas por todas partes; negacionistas sin mascarillas pero igual de chalados, que bloquean ciudades enteras porque pueden; gobernantes que le han cogido el gusto al botón de prohibirlo todo y no tienen intenciones de soltarlo tan fácilmente; millones de chavales que han pasado encerrados los mejores años de sus vidas y se están preparando para devolvérnosla y una nueva economía descentralizada emergente que va a poner en jaque muchas de las reglas del mercado que venerábamos como axiomas hasta hace muy poco.

Agitamos, servimos en una copa de vermouth,  añadimos una aceituna rellena de anchoa (alcoyana, por supuesto) y se nos queda una foto de lo más entretenida. El destino nos ha puesto en bandeja una ocasión única para cambiar el mundo, ojalá no la desaprovechemos.

Qué suerte vivir estos momentos.

Las cosas han sido tan locas que el año pasado se popularizó un dicho: entre volcanes, tsunamis y pandemias, sólo falta que vengan a visitarnos los extraterrestres.

Yo por si acaso, me iría preparando. Por eso, la canción del domingo 13 de febrero de 2022 es Starman, de David Bowie.

There’s a starman waiting in the sky
He’d like to come and meet us
But he thinks he’d blow our minds
There’s a starman waiting in the sky
He’s told us not to blow it
‘Cause he knows it’s all worthwhile

He told me
Let the children lose it
Let the children use it
Let all the children boogie

Vale, yo tampoco me explico que haya escrito 137 canciones de domingo a lo largo de 15 años sin que Ziggy Stardust aterrizase por aquí. Prueba superada.

David Bowie (aka David Robert Jones) es uno de los tipos más creativos, disruptores y deliciosamente trastornados de la historia de la música; su huella en la cultura popular del último tercio del siglo XX es indiscutible. En apenas un par de décadas pasó de ser un cantante estrafalario con un ojo de cada color a un extraterrestre que venía a anunciar el fin del mundo (Ziggy Stardust), el delgado Duque Blanco (the Thin White Duke), un defensor de la idología nazi («descubrí al nuevo rey Arturo»), el rey Jareth de los Goblins (Dentro del Laberinto) o el árbitro del concurso de baile de Zoolander (let’s dance!). Y me dejo unos cuantos.

Empecé a escuchar a Bowie con 15 años, tras descubrir que era su voz la que acompañaba a Freddie Mercury en Under Pressure, pero me costó un poco entrar en su universo psicodélico. Por aquel momento, Bowie estaba experimentando con la música electrónica y acababa de casarse con Imán, por lo que su transfiguración de mediados de los 90 era mucho menos transgresora y arrebatadora que la de los 70.

Por motivos que no sabría explicar, a lo largo de los últimos 3 años estoy escuchando mucho a Bowie, así que es muy probable que Ziggy vuelva a aparcar su platillo volante por aquí más pronto que tarde.

Mientras preparamos la llegada de los extraterrestres, te deseo que pases un feliz domingo y que no dejes nunca de escuchar buena música.

PD: como siempre, aquí tienes el listado de las canciones del domingo que he escrito hasta ahora, que no son muchas ni pocas, sino las que son

Canción del domingo: Starman (David Bowie)
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