Primer domingo del octavo mes de la segunda década del siglo XXI. 1 de agosto de 2010. ¡¡VACACIONES!!
Hoy es el día de los coches, de los aviones, de los trenes. Millones de personas saliendo de sus ciudades y otros millones volviendo tras pasar unos días en cualquier lugar que les haga olvidar sus vidas. Nuestras casas reflejan y nos recuerdan lo mejor y lo peor de nuestras vidas; por eso cuando necesitamos desconectar, cambiar de realidad, es tan importante salir de ellas.
La semana pasada no escribí la canción del domingo y es posible que no lo haga durante un par de semanas más. Lo mejor de las obligaciones autoimpuestas es que puedes saltártelas cuando quieres. Lo peor, sin embargo, es que saltarte una obligación así es la forma más sencilla de asomarte al vacío. Es la segunda o tercera vez -no estoy seguro- que falto a mi obligación semanal desde que esta sección nació hace algo más de dos años, y con toda seguridad no será la última.
Durante los últimos quince días han pasado muchas cosas. Aunque muchos esperáis que hoy hable de toros, no lo voy a hacer. Tampoco voy a perder tiempo con la reforma laboral ni con ninguno de los temas que tantos comentarios apasionados han suscitado durante los últimos días. Hoy, domingo 1 de agosto, es mi primer día de vacaciones y no pienso malgastarlo. Necesito un poco de relax, y por ese motivo la canción del domingo es una de las canciones que más me ha ayudado a relajarme durante los últimos cinco años: Sunrise, de Afterlife.
Can I dissolve into you? Allow me
To fall into the sky so blue. Surround me
With every color in your heart to soothe me
And we’ll wake up in the morning sun
Descubrí Sunrise hacia el año 2005 dentro del volumen 8 de Café del Mar, precisamente a raíz de un viaje a Ibiza con mi hermano y unos amigos que fue casi tan divertido como relajante, y desde entonces esta canción me devuelve ambas sensaciones: alegría y relax. Algo que necesito con urgencia tras un año apasionante, intenso y agotador.
Afterlife es el nombre comercial bajo el que se esconde Steve Miller, un productor británico especialista en downtempo (chill out, chill, lounge, trip hop), que también ha participado en varios volúmenes de Café del Mar. Evidentemente, el vídeo no es el original de la canción, pero da el pego
Os dejo con Afterlife y os deseo la mejor entrada en el mes de agosto de vuestra vida. ¡Feliz Domingo!
Cuarto domingo de la segunda década del sexto mes del siglo XXI. 27 de junio de 2010. Ya estamos en verano, y no sólo porque hace más calor, sino, sobre todo, porque, pasada la noche de San Juan, y con ella el primer solsticio del año, el cambio de estación ha hecho que el verano llegue a nuestras vidas para quedarse durante unos meses. Ya era hora, pardiez.
La de San Juan siempre es una noche especial, aunque lo es más o menos dependiendo de dónde te encuentres, algo que no cuadra demasiado bien con su carácter objetivo y astronómico. Si estás en Alicante, en Barcelona o en cualquiera de los pueblos que lindan con el mediterráneo, pensarás que se acaba el mundo. Rituales, fuegos artificiales, hogueras, casi de todo. Este año, por desgracia, una panda se lanzó a las vías del tren para adelantar a la muchedumbre que se apelotonaba en el paso inferior y 12 de ellos murieron arrollados por el tren. Es una tragedia, muy difícil de evitar debido a que nace de una grandísima irresponsabilidad por parte de las víctimas, pero que puso la nota oscura a una noche luminosa y alegre.
El verano suene traer aparejada una energía positiva, fruto del aumento y la intensidad de horas de sol y de la cercanía de las vacaciones, que este año me van a encontrar, una vez más, trabajando. Eso sí, durante el mes de agosto me tomaré las cosas con un poco más de calma de lo normal.
La primera decisión que he adoptado para no morir en el intento ha sido, precisamente, tomar las cosas con calma y volver a priorizar; ya sabes, todo el rollo de los temas urgentes, importantes y demás. Me temo que uno de los principales perjudicados va a ser este blog; la semana pasada fue la primera en casi dos años que no escribí la canción del domingo, en parte por falta de tiempo y en mayor parte por falta de ganas. Una vez que lo haces, que rompes la tradición o las normas autoimpuestas de conducta, es más fácil volver a hacerlo, y si no que se lo digan a los gimnasios, cuyo modelo de negocio consiste, principalmente, en seguir cobrando a los que no lo utilizan y cobrar cada vez más a los que sí que hacen uso de sus instalaciones.
Septiembre va a ser un mes muy importante, para el que tengo reservada la ejecución de varias decisiones muy importantes, así que los meses de julio y agosto toca trabajar como la hormiga, sin prisa pero sin pausa. Hay demasiado que hacer para coger vacaciones, pero no tanto como para no disfrutar de alguna que otra fiesta. Por eso, y porque acabamos de cerrar la noche de San Juan, la canción del domingo es Fiesta, de Joan Manel Serrat.
Apurad, que allí os espero si queréis venir,
pues cae la noche y ya se van nuestras miserias a dormir.
Vamos subiendo la cuesta,
que arriba mi calle se vistió de fiesta.
Ésta es la segunda canción interpretada por Serrat que aterriza en la canción del domingo, tras las nanas de la cebolla (28/02/10). Para la ocasión también he elegido un vídeo con historia, de uno de aquellos míticos conciertos en el parque atracciones de Madrid a finales de los setenta; me gusta ver a un Serrat, ya no tan joven, pero todavía melenudo y reivinticativo, que cambia “abrazando” por “magreando” a una muchacha y convierte a la pobre y a la rica, por igual, en zorras, entre las risas del principio y la aprobación de una multitud enfervorecida.
No hace falta que manifieste, una vez más, mi devoción por el noi de Poble Sec, uno de los pocos artistas de verdad, en el mejor sentido de la palabra, que ha dado nuestra música. Fiesta tenía que ser la canción del domingo, no sólo de éste, sino de muchos otros, al menos mientras dure esta sección.
Seguro que muchos hoy pasaréis el día en remojo, como las chufas, en cualquier playa, piscina o bañera. Yo estoy deseando acabar este post para hacer lo propio, así que, sin más, os dejo con Serrat, no sin antes desearos un feliz domingo de Fiesta.
Segundo domingo del sexto mes de la segunda década del siglo XXI. 13 de junio de 2010. Llueve en casi toda España y Valencia, por supuesto, no es una excepción, aunque parece que el Mediterráneo nos está protegiendo de las trombas que están cayendo en otras partes. 40 de mayos y esas cosas, ya sabéis.
La semana del 7 al 13 de junio de 2010 ha sido una de las más productivas que recuerdo en mucho tiempo, gracias a que no he tenido que viajar y he podido dedicarme a trabajar, enviar propuestas y poner un poco de orden; justo lo contrario de la próxima semana que pasaré entre Madrid (lunes y martes) y Barcelona (miércoles) asistiendo a La Red Innova y al día del emprendedor de Catalunya, en el que celebraremos el segundo foro de inversión de First Tuesday.
Para mucha gente esta semana habrá sido la semana en la que empezó el mundial de fútbol de Sudáfrica. Reconozco que el fútbol me interesa cada vez menos, aunque disfruto con los partidos de la selección española, sobre todo ahora que ganamos. No se me ocurriría jamás ver un Serbia-Ghana o un Argelia-Eslovenia, la verdad. Tampoco sigo la F1 ahora que Alonso no llega al podio ni con Iván Vanko en la pista. Llamadme oportunista pero es que a mí lo que me gusta es ganar.
Para mí esta semana ha sido la del focus (no la del coche), pero sobre todo ha sido la semana de la reforma laboral. He seguido sin mucha fe los movimientos y propuestas de unos y otros, y he podido asistir, junto con el resto del planeta, a otra representación esperpéntica de un gobierno tan extremadamente débil y perdido que resultaría cómico, si no nos fuese tanto en ello.
Por si alguien no lo ve, nos lo están diciendo todos: necesitamos un cambio de modelo que nos permita generar empleo y proteger a las empresas, las únicas que pueden generar riqueza y que tienen la capacidad de sacar al país de la situación en la que nos ha metido la clase política. Los funcionarios sólo son una carga, no un apoyo en época de crisis, y habría que articular una forma de eliminar decenas de miles de puestos de trabajo público para aligerar esa carga. Las empresas necesitan empleados para sobrevivir, pero sobre todo necesitan ganar dinero, y tal vez no puedan hacerlo con la estructura de personal que tenían antes de la crisis. Es necesario facilitar la renovación y reestructuración de las empresas, al menor coste posible. Esto no es ninguna broma, la viabilidad económica de nuestro país y el futuro de varias generaciones de españoles está en juego.
Sin embargo, nuestros sindicatos siguen anclados en una postura decimonónica, en la que el empresario es un explotador y el empleado una víctima, pese a que el primero que se rebaja o elimina su sueldo para que la empresa siga adelante, el que se endeuda, el que arriesga, el que empuja, el que genera riqueza y empleo sea el empresario, mientras que los sindicatos se limitan a lloriquear y gritar pidiendo que se mantengan unos derechos que, en este contexto, simplemente no tienen sentido.
La propuesta del gobierno, una vez más, es claramente insuficiente. Necesitamos un verdadero cambio de modelo, no un nuevo parche para mantener un modelo que se ha mostrado incapaz de generar empleo, que es de lo que se trata esto. Cuando una sociedad llega al 20% de desempleo, es que algo falla y no hace falta que vengan desde fuera a decírnoslo. Por lo visto, el coste del cambio de modelo es una huelga general. Este gobierno es un zombie que se limita a arrastrarse entre estertores, por lo que, de todas formas, no va a conseguir esquivarla, así que cuanto antes llegue mejor. Es un día. Asegurar el futuro del país por un día de huelga me parece un buen trato. Además, así veremos cuál es la verdadera fuerza de los sindicatos, que es ninguna en la actualidad. Cuando uno lucha por salir adelante, lo último que necesita son presuntos representantes más preocupados por salvar su propio culo y status quo que por defender los intereses de una clase obrera que ya no existe.
Lo que necesitamos son decisiones valientes, cambios de verdad, que aseguren nuestra viabilidad y refuercen nuestra credibilidad ante el mundo; mientras tanto, seguiremos conduciendo por la autopista hacia el infierno en la que nos ha metido la panda de inútiles que hoy rige nuestros destinos como país. Por eso, la canción del domingo 13 de junio de 2010 es Highway to Hell, de AC/DC.
No Stop Signs, Speed Limit
Nobody’s Gonna Slow Me Down
Like A Wheel, Gonna Spin It
Nobody’s Gonna Mess Me Round
Highway to Hell es uno de lo muchos bombazos de la banda de los hermanos Malcolm y Angus Young, y se ha convertido por derecho propio en uno de los himnos del hard rock. El riff inicial de la canción probablemente sea uno de los más reconocibles de la historia del rock, igual que el estribillo. Highway to Hell es la primera pista del álbum homónimo que el grupo lanzó en 1979 y desde entonces su popularidad no ha hecho más que crecer, con versiones de todo tipo, como la que en su día hizo el grupo gallego Siniestro Total.
En cuanto a la letra, Highway to Hell habla de una autopista (en realidad una autovía), sin indicaciones, sin límites de velocidad y con un solo carril, que lleva directamente al infierno. Durante los últimos 30 años han surgido varias interpretaciones acerca del contenido de la letra, pero por desgracia a mí empieza a recordarme a nuestra situación actual.
Aún así, tengo confianza. Nos va a costar, pero conseguiremos salir, aunque para ello tendremos que empezar a tomar decisiones. No hay alternativa. Cada vez tenemos el fuego más cerca y empezamos a vislumbrar algunos tridentes en la lontananza. Ya no se trata de aguantar, sino de sobrevivir, así que dejémonos de estupideces y empecemos a empujar de una vez.
Nos va mucho en ello. El infierno no es un lugar en el que tenga pensado vivir mucho tiempo.
¡Que paséis un feliz domingo con los hermanos Young.!
Una de las primeras opciones que baraja cualquier profesional con experiencia en un sector basado en el conocimiento -como puede ser internet- que, por cualquier motivo, pierde su trabajo es convertirse en consultor. Desde esta perspectiva, ser consultor parece fácil: basta con ser autónomo, tener un portátil y estar dispuesto a escuchar rollos infumables a cambio de dar una opinión basada en una mezcla de apreciaciones personales y datos obtenidos de estudios realizados por terceros.
Sin embargo, el trabajo de consultor no es tan sencillo. Hace falta una formación, una preparación, una experiencia y, sobre todo, una metodología específica para garantizar que el servicio aporta valor al cliente.
La crisis ha acentuado el número de consultores de una forma brutal; por ese motivo hay que ir con mucho cuidado a la hora de aceptar el servicio de alguien que se llama a sí mismo consultor, experto, gurú o súper ninja en cualquier disciplina. Centenares, miles de ejecutivos y cargos intermedios que, en su día, ostentaba puestos simplemente increíbles en grandes organizaciones, tras pisar el duro asfalto, se han dado cuenta de que no saben respirar fuera de esas organizaciones, e intentan sobrevivir actuando como consultores para terceros. El problema reside en que muchos de estos profesionales han desarrollado el grueso de su carrera dentro de una organización tan específica, tan enfocada o, simplemente, tan compartimentada, que su experiencia no tiene valor para otras empresas, incluso del mismo sector, o al menos es un valor muy inferior al que pretenden otorgarle.
Ser consultor es otra cosa; significa conocer la cadena de valor completa, y su relación con los distintos elementos que forman parte de un negocio. Ser consultor también implica mojarse de vez en cuando y, en ocasiones, participar en los riesgos de tus clientes. Pero sobre todo, para ser consultor es necesario haber desarrollado una metodología a prueba de bombas que te permita trasladar la mayor cantidad posible de valor al negocio del cliente, y eso es algo que está al alcance de muy pocos. No se trata de preparar cuatro slides y una tabla de excel, ni es una cuestión de curriculum, sino de formación, experiencia y vocación.
Si has perdido tu trabajo, o simplemente te has cansado de él, y estás planteándote convertirte en consultor, piénsatelo dos veces. Miles de personas, posiblemente con más experiencia, formación y capacidad que tú, lo han pensado mucho antes, lo han intentado y se han dado cuenta de que no funciona. No es tan fácil y, desde luego, no es inmediato. Y cada vez hay menos empresas dispuestas a pagar por un servicio así.
Antes de perder varios meses de tu preciosa vida haciendo algo que no entiendes ni, realmente, quieres hacer, piensa qué ha fallado en tu etapa anterior. Tal vez eras la persona perfecta en el puesto perfecto, pero la empresa no podía permitírselo. Quizá hayas metido la pata hasta el fondo, y en ese caso tal vez no seas el mejor ejemplo a seguir ni el más indicado para dar consejos, si no quieres que te saquen los colores.
Mi opinión es que hace falta vocación específica para ser un consultor. Si eres un empleado, busca otro trabajo. Si eres un emprendedor, inténtalo otra vez. SÓLO si tu vocación es la de ganarte la vida analizando información a partir de tu experiencia y trasladándola a terceros para que mejoren sus procesos, sus productos o sus negocios, sólo en ese caso tiene sentido que intentes ser consultor, siempre que realmente tengas algo que aportar que te haga diferente y valioso frentea los demás.
Hay muchos consultores ahí fuera que no lo serán dentro de un par de meses, cuando se den cuenta de que han optado por un camino para el que no están preparados o, simplemente, que no les apetece recorrer. Si hasta ahora nunca te habías planteado ser consultor, mi consejo es que ahora no es el momento; lo sé, parece una opción fácil y rápida pero ¿es realmente lo que quieres hacer con tu vida? Si no es así, no va a funcionar.
Sé valiente y lucha por lo que te quieres, por lo que sabes hacer de verdad, y no pierdas el tiempo con experimentos. La crisis siempre nos hace llegar al momento de la verdad.
Primer domingo del sexto mes de la segunda década del siglo XXI. 6 de junio de 2010. El calor ha llegado para quedarse de verdad. 41 grados en Valencia el lunes y bajando -porque si llega a ir in crescendo, esto no lo aguanta ni Lawrence de Arabia-.
Por no perder las costumbres, esta última semana ha estado plagada de malas noticias económicas. Resulta que ahora que Hungría se ha desmaquillado, de repente se ha encontrado justo al borde del abismo. Es una auténtica lástima porque el país es un claro ejemplo del grandísimo esfuerzo que hay que hacer para ponerse al nivel del resto de Europa tras la guerra fría y la losa que el comunismo supuso para ellos. Hace poco tuve la suerte de pasar unos días en Budapest, y me pareció una ciudad majestuosa, señorial, que ha sabido resurgir de sus cenizas y que luce con orgullo sus cicatrices. Es difícil reconstruir al mismo tiempo la democracia y la infraestructura económica de un país, en especial en una situación de crisis global.
Otro de los temas más destacados de la semana fue el asalto por parte del ejército de Israel a un par de buques, en aguas internacionales, que pretendían saltarse el bloqueo impuesto a Gaza, sin aceptar la inspección de la carga por parte del personal de la ONU acreditado en la región. Creo que lo peor de todo este asunto es la pérdida de vidas humanas y de toda objetividad por parte de los agentes implicados. Siempre me he mostrado reticente a opinar sobre la situación en Israel y Palestina, porque nunca me he tomado la molestia de informarme adecuadamente, así que no lo voy a hacer en este caso.
En cuanto a mi semana, de nuevo ha sido larga e intensa, con dos días apasionantes en Barcelona, en los que, entre otras cosas, he podido disfrutar del décimo aniversario de mi graduación en ESADE. Cuando recibí el correo de laasociación de antiguos alumnos, invitándome al evento, recuerdo que, por una parte pensé que era imposible que ya hubiesen pasado diez años; sin embargo, al pensarlo bien, el hecho de haber estudiado una carrera y un máster en Barcelona me parece algo tan lejano como una vida pasada o una dimensión paralela.
Hace unos meses, en febrero de 2010, escribí lo siguiente, al enterarme de la organización de una cena de promoción de mi colegio de Alcoy:
“Cuando has perdido el contacto con alguien durante quince años, lo más probable es que se deba a que te importaba un carajo. Y si hace quince años te importaba un carajo, imagínate lo que realmente te importa ahora”
Pues bien, pese a que mantengo esa opinión, reconozco que la cena -y, sobre todo, las copas que nos tomamos luego como si se fuese a acabar el mundo- fue uno de los momentos más divertidos que recuerdo de los últimos meses; al final, resultó una auténtica gozada reencontrarme con gente a la que aprecio y recordar con ellos grandes momentos de la carrera, de nuestros viajes, de nuestros trabajos actuales y pasados y, en general, de todo lo que ha pasado durante este tiempo. En efecto, todos estamos un poco más gordos, calvos y ocupados, pero fue una sorpresa reconocer en esta cohorte de ejecutivos de Garrigues, Cuatrecasas, Landwell, Gómez Acebo y demás, casados, con hijos y una -o varias- hipotecas, a un puñado de antiguos compañeros de juergas.
A ellos, y al resto de gente que no pudo asistir a la cena por unos u otros motivos, va dedicada la primera canción de Oasisque aterriza en esta sección: Wonderwall.
And all the roads that lead to you were winding
And all the lights that light the way are blinding
There are many things that I would like to say to you
I don’t know how
Wonderwall forma parte de la banda sonora de mis primeros años en Barcelona. El disco (What’s the Story) Morning Glory? salió publicado en octubre de 1995, apenas un mes después de mi aterrizaje en la ciudad y eso hizo que actuase como elemento catalizador de muchos de los momentos que recuerdo con mayor intensidad de aquellos tiempos: las primeras clases, los primeros conocidos, las primeras juergas, los primeros exámenes y tantas otras cosas que ahora parecen tan lejanas como si hubiese sido otro quien las viviese.
No he escuchado a Oasis desde entonces. Para mí ese disco fue tan especial que no me ha interesado nada de lo que han hecho a continuación. Sin embargo, cada vez que escucho la guitarra de la introducción de Wonderwall no puedo evitar acordarme de las bravas del Tomás, del dónut (ESADE 2) o del primer paso al que fui.
Os dejo con los hermanos Gallagher y os deseo un gran domingo wonderwallero.
Bienvenido a mi blog personal. Mi nombre es Luis Gosálbez, soy abogado, emprendedor y habitante de Internet. La mayor parte de los contenidos que encontrarás por aquí tratan sobre negocios en Internet, viajes, música y las cosas que me pasan día tras día, que no son pocas ni muchas, sino las que son.
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