Las próximas semanas, tal y como viene siendo habitual durante estos últimos años, todos los medios de comunicación dedicarán tinta y saliva para explicarnos qué es eso del síndrome postvacacional y cuáles son los mejores remedios para atajarlo.
El síndrome postvacacional se caracteriza por una serie de patologías físicas y psicológicas que pueden sumirnos en un estado cercano a la depresión, temporalmente, claro. Y es que nadie se resigna a pasar el resto del año trabajando como un animal después de haber estado unos días de relax en la playa, en la montaña o en la casa de uno mismo, pero sin tener que pasar el día apagando fuegos (por cierto, amigos gallegos, os habéis cubierto de gloria en las urnas. Mi más sentido pésame por vuestros preciosos bosques).

El hecho es que uno llega a su mesa, llena de faxes y de papeles que no estaban allí cuando se fue. Abre el correo y encuentra que apenas hay e-mails. «Qué bien, puedo estar tranquilo». De repente se acerca el administrador del sistema y te dice que han tenido un pequeño problema y tus correos han desaparecido del servidor, pero que no había más de 100 ó 150. Cojonudo. ¿Ahora qué hago? ¿Envío un e-mail a todos mis contactos diciéndoles que si me han escrito algo me lo vuelvan a enviar? ¿O mejor espero a que me vuelvan a escribir? Total, si es algo importante o urgente, ya se molestarán… ¿Y si pierdo algún cliente por esto?

Empezamos mal.

El primer escalofrío recorre tu cuerpo y piensas «hay que ser optimista» «vamos empezar con asuntos nuevos, a buscar nuevos clientes, a mover el tema». Eso mola. Cuando uno es un culo inquieto, la perspectiva de empezar nuevos proyectos siempre ilusiona. Pero entonces es cuando te das cuenta de que los muertos están empezando a salir del armario y que aquel tema tan coñazo que creías olvidado renace de sus cenizas para joderte la vuelta de las vacaciones.

Se me han acabado las vacaciones. No sé quién coño me ha escrito durante las últimas semanas. Mis clientes deben estar que trinan. Tengo el despacho lleno de muertos vivientes. Los ewoks son pequeños ositos parlantes que viven como aborígenes en los árboles…

¡¡Aaaarghh!!!

Justo en ese momento, cuando todo parece perdido, cuando tu salud mental se encuentra en sus horas más bajas, cuando miras de reojo a las tijeras y las imaginas desgarrando tus venas, te das cuenta de que tienes la solución: ha llegado el momento de ponerse a procrastinar.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, procrastinar es diferir, aplazar. Sin embargo, la procrastinación es todo un arte. Como siempre, wikipedia -nuestra mejor amiga- ha adaptado el sentido general dela expresión a la realidad más rabiosa, y su definición es más entendible:

La procrastinación es la acción de postergar actividades o situaciones consideradas hostiles, a favor de otras más divertidas.

Vamos, que en vez de ponernos a hacer ese informe horroroso sobre el estado en que se encuentra un asunto que iniciamos hace dos años y que todavía se encuentra pendiente de señalar el juicio en primera instancia, cogemos y nos ponemos a escribir en nuestro blog (es sólo un ejemplo, ejem).

Según la propia wikipedia, la procrastinación puede estar ligada a algún tipo de trastorno mental. De acuerdo, es posible. Pero peor es sufrir en silencio el síndrome postvacacional, como si fueran las hemorroides, ¿no?.

Contra el síndrome postvacacional: ¡Procrastina!
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