Workaholic

Esperaba con ganas el estreno de la nueva temporada de House en Cuatro, y lo he disfrutado pese a que me ha tocado verla con el portátil en las piernas, mientras traducía unos textos que preparé para la publicidad de e-contratos.

No me he enterado demasiado de la trama, y no voy a desvelar información sobre lo poco que he captado, pero en un momento del episodio, me he quedado de piedra al escuchar una frase de la doctora Cuddy, refiriéndose a la paciente: «¡¡Su novio no es un trabajólico!!»

¿Mande?

Recuerdo hace muchos años, en la época en la que los yuppies exaltaban los excesos relacionados con el trabajo, cómo se popularizó la expresión «workaholic», y las críticas que supuso, por la asimilación a otras obsesiones o adicciones. Desconocía absolutamente que alguien hubiese tenido la genial idea de traducir textualmente esta expresión, y que su uso se hubiese generalizado hasta el punto de llegar a introducir la expresión en un capítulo de mi serie favorita.

Workaholic es una expresión desafortunada; trabajólico es un atentado contra la lengua. Curiosamente, hoy he visto publicado este vídeo en microsiervos, en el que se defiende el uso correcto de nuestra lengua en todos los medios de comunicación, incluidos los SMS. Quizá no estaría de más que empezásemos por dejar de inventar palabras nuevas para definir conceptos antiguos.

Un adicto al trabajo es un adicto al trabajo, y un trabajólico es una persona de la que habla un pedante sin cultura.

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