Durante estos últimos meses he leído varios posts, cada vez más, que intentan describir qué es Twitter y para qué sirve. Esta misma mañana he leído este artículo en el mundo en el que se define twitter como «la aplicación más extendida de comentarios en tiempo real». Chúpate esa.

Seguramente, cada uno ha acabado encontrando un uso particular para twitter. Muchos dicen que es la revolución del nanoblogging, otros dicen que eso del nano o el microblogging es una estupidez y la mayoría no opinan y se limitan a utilizarlo.

En mi modesta opinión, twitter es una forma más de relación con el entorno; en concreto, una forma de contacto bastante rápida y muy cercana a la vida real, ya que te permite tener acceso a muchísima información en pequeñas cápsulas que puedes descartar fácilmente, y al mismo tiempo te permite actualizar tu información y la de la gente con la que te relacionas. Información y contacto, las dos grandes ruedas motrices de internet en estos tiempos.

Sin embargo, como suele pasar, de repente han llegado los puristas de twitter a decirnos cómo debemos usar twitter. Por supuesto, no me refiero a un plano técnico, sino a qué debemos postear, sobre quién y cómo. Y eso, querido amigo, me toca bastante las narices.

Afortunadamente, cada uno puede usar twitter como mejor le venga en gana. Yo no pienso mucho antes de twittear ni tengo demasiado claro cuál es mi objetivo cuando twitteo. Tal vez por eso en estos momentos sólo tengo 208 followers que aguantan pacientemente mis desvaríos, rabietas y comentarios inoportunos.

No aspiro a tener una cohorte de seguidores, sino que me conformo con que mis followers encuentren, de vez en cuanto, entre toneladas de paja, un comentario o una frase que les divierta, les resulte interesante o útil o, simplemente, que permita a la gente de mi entorno saber dónde demonios estoy en cada momento, algo que en ocasiones yo mismo no tengo demasiado claro.

Por eso, os incito a no hacer ni puñetero caso a los que pretenden decirnos qué podemos hacer y decir en twitter. Tú úsalo como te dé la gana, si quieres convertirte en un name-dropper y tostar a tus followers con arrobas precediendo a miles de nombres de personas que ni siquiera conoces, hazlo, nadie te lo impide. Si lo que te gusta es contar públicamente tus íntimos secretos como si fueses Britney Spears, adelante. Si te decides a sincronizar todos tus canales, de forma que un twitt aparezca repetido en facebook, friendfeed, youare, flickr y hasta en las noticias de las 9, no te cortes, aunque es muy probable que acabes matando de aburrimiento a tus amigos.

Sin embargo, mucha gente lo hace y mantiene a auténticas hordas (con h) de seguidores, que no se cansan de recibir actualizaciones absolutamente intranscendentes de vidas ajenas; es la grandeza de twitter, y de internet en general, que te permite actuar con libertad, siempre que estés dispuesto a asumir las consecuencias, en forma de críticas, abucheos e insultos varios. Cuanto más seguidores, más ruido.

Y, si te fijas, hay mucha gente crítica que sigue al pie del cañon, tragando polvo y escupiendo sandeces en lugar de hacer lo que parece más lógico: cerrar el grifo y dedicarse a lo suyo. Pero no todos tienen cosas interesantes a las que dedicarse.

Será porque aún no han descubierto twitter 😉

¿Que no puedo hacer qué en twitter?
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