Cuarto domingo del cuarto mes de la segunda década del siglo XXI. Día del Descanso, según el calendario festero -y festivo- alcoyano. Oficialmente han terminado las fiestas de moros y cristianos de 2010 y hoy arranca el ejercicio festero que culminará con las fiestas de 2011.

Para cualquier visitante que acuda a Alcoy entre los días 21 y 24 de abril, las Fiestas de Moros y Cristianos son un espectáculo épico, un derroche de energía, de color, de suntuosidad, de sensaciones únicas e irrepetibles. Para decenas de miles de los alcoyanos las fiestas son la merecida recompensa a un año -en ocasiones, lustros de expectativa y ahorro- de trabajo, de espera, de preparación.

Pese a que las de 2010 han sido mi trigesimosegundas fiestas de moros y cristianos, no me canso de ellas. La espera no siempre es fácil, sobre todo cuando vives lejos de Alcoy, porque los preparativos son casi tan divertidos y memorables como las propias Fiestas, pero con el tiempo aprendes que siempre acaban llegando y sorprendiéndote por unos u otros motivos.

Este año mis Fiestas de Moros y Cristianos han sido un poco más serenas, aunque igual de intensas; aunque Alcoy se transforme durante unos días en una villa medieval, el resto del planeta sigue con el pie en el acelerador y algunos asuntos no admiten demora, por lo que he tenido que estar más pendiente de mi Blackberry de lo que me hubiese gustado. Aún así han resultado unos días increíbles, inolvidables, llenos de anécdotas y de grandes momentos.

Precisamente, uno de los mejores momentos relacionados con las Fiestas de Moros y Cristianos que recuerdo fue mi primera escuadra con mi actual Filà, la Filà Vascos. La escuadra es uno de los actos más esperados por cualquier fester de Alcoy, un honor para el que hay que esperar años, en ocasiones incluso décadas, y que por tanto sólo se disfruta un escaso puñado de veces en la vida.

Mi primera escuadra en los Vascos coincidió con el cincuentenario de la composición de Aleluya por parte del maestro Amando Blanquer, considerada la primera marcha cristiana de la historia; para conmemorar esta aniversario, la filà Vascos sacamos a la calle una adaptación interpretada por más de cien personas -casi la mitad percusionistas-, que acompañó a nuestra escuadra durante toda la Entrada; recuerdo aquel momento como un auténtico privilegio, un momento único y, por este motivo, la canción del domingo es, precisamente, Aleluya, del maestro Blanquer, dedicada a mis grandes amigos de la filà Vascos.

Aleluya fue un ejercicio valiente de innovación para un estilo musical tan hermético y riguroso como es la música de Fiestas de Moros y Cristianos de Alcoy; cuando la filà Vascos pidió a Amando Blanquer una composición nueva y distinta para acompañar a su escuadra especial de 1958, éste se atrevió a modificar la estructura tradicional del pasodoble, aportando elementos épicos y más propios de otros géneros, como el litúrgico. Al fin y al cabo, un acto conmemorado durante más de setecientos años no deja de ser una liturgia, por muy exuberante que pueda llegar a resultar.

Aleluya no es una marcha sencilla de interpretar ni de bajar con la escuadra; los cambios de ritmo y silencios intermedios pueden hacerte perder el paso o, incluso, atenuar la emoción del momento. Sin embargo, la parte central, la ya tradicional subida -o pujà en el lenguaje de los cabos de escuadra- de Aleluya es un momento de éxtasis glorioso, una inyección de adrenalina difícil de explicar cuando uno baja hombro con hombro por San Nicolauet, envuelto en una nube de confetti y sintiendo en los riñones cada una de las notas.

Esta sensación, casi iniciática, es única e inenarrable; con un poco de suerte y de preparación, puedes llegar a sentirla apenas un par de veces en toda una vida. Ahora, dos años después, aún cierro los ojos, subo el volumen y casi podría sentir los adoquines bajo mis pies y el atronador sonido de los aplausos de miles de personas acompañándonos durante una hora, los mil trescientos metros más cortos e intensos que recuerdo.

Las fiestas de 2010 ya han quedado atrás, pero muchos de sus momentos han quedado almacenados junto con la escuadra de 2008, el olor a lana cruda de la dalmática de Vasco o a cuero repujado de las bolsa que solía usar en la filà judios, incluso junto a ese cosquilleo que se repite todos los veintiuno de abril por la tarde, en el momento de escuchar los primeros compases del himno de fiestas.

Hoy empezamos a preparar las Fiestas de moros y cristianos de 2011. Feliç any fester a tots!

Canción del domingo: Aleluya
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