No puedo hablar, pero nada de nada. Y no es que alguien esté coartando mi derecho de expresión, ni que esté aplicando la autocensura que tan en boga está ahora.Simplemente estoy afónico, pero muy afónico. Tanto que no puedo hablar por teléfono ni reunirme con clientes, aunque sí trabajar con relativa normalidad. Maldición. Todo lo... Leer más →