Último domingo del segundo mes de la segunda década del siglo XXI. Mañana empieza marzo, el mes grande en la ciudad de Valencia. Desde mañana hasta el día 19, Valencia se convierte en una maraña imposible de puestos de churros y buñuelos, carpas y fallas, una especie de parque de atracciones gigantesco y maravilloso. Durante estas tres semanas Valencia modifica su fisonomía para convertirse en una aldea gigantesca volcada en sus fiestas mayores. Esto es lo más increíble de esta ciudad, su capacidad de ser muy grande y muy pequeña, casi al mismo tiempo.

La semana que hoy termina nos ha dejado noticias de todos los sabores, amargas y dulces, aguadas, insípidas, ácidas, agrias o, incluso, irreconocibles. Para mí, la noticia más amable ha sido el lanzamiento del nuevo proyecto musical de Joan Manuel Serrat, un homenaje a Miguel Hernández, precisamente en el año del centenario de su nacimiento (de Miguel Hernández, no de Serrat 🙂

Serrat es uno de los pocos genios así reconocidos de forma natural y generalizada. A diferencia de muchos de sus compañeros de generación, ha sabido superar las hechuras de la canción protesta y de la política para volar mucho más alto y dejarnos algunas de las composiciones más memorables de la historia de nuestra música. Ha cantado en catalán cuando se suponía que tenía que hacerlo en castellano y en castellano cuando le pidieron que lo hiciera en catalán; ha puesto música a poemas inmortales que, de otra forma, hubiesen caído en el olvido y ha puesto letra a los momentos más importantes de los últimos cuarenta años.

Para celebrar este nuevo lanzamiento, porque es una de las canciones favoritas de Gemmurrín y, sobre todo, en recuerdo del gran maestro oriolano, la canción del domingo 28 de febrero de 2010 es Nanas de la Cebolla.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

La calidad y sincronización de la grabación no es la mejor pero, a cambio, os ofrezco el lujo de ver a ese Serrat apenas treintañero, interpretando los versos de Miguel Hernández desde dentro, con veneración, sintiéndolos de una forma que casi parece estar creándolos de nuevo.

Miguel Hernández escribió Nanas de la Cebolla para Josefina, su mujer, desde la cárcel, tras recibir una carta en la que ésta le contaba que ella y su hijo sólo podían comer pan y cebollas. Estas «coplillas«, como él las denominó en la carta que acompañaba el poema, en realidad son un canto agridulce, entre irónico y sombrío ante una situación difícil que, desde su celda, no podía solucionar, sino tan sólo tratar de consolar.

Alberto Cortez, quién compuso la música de la versión que interpreta Serrat, mantuvo el carácter intimista y agridulce del poema al crear una melodía tranquila y repetitiva, en la que los instrumentos van cobrando protagonismo a poco, creando una atmósfera de paz que invita a relajarse y a dejarse de llevar. Como una nana, posiblemente la más conocida y extendida de todas las que se han compuesto en nuestra lengua.

Serrat, Cortez y Hernández. No puedo dejaros en mejor compañía. ¡Que tengáis un fantástico domingo!

Canción del domingo: Nanas de la cebolla (J.M. Serrat)

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