Canción del domingo: el saco de los sueños (Coque Malla)

Primer domingo del octavo mes del quinto año de la tercera década del siglo XXI. 4 de agosto de 2024. Un saltito más y aterrizamos en vacaciones. Vamos allá.

Los que dejamos de ser jóvenes hace décadas, ahora llamamos joven a cualquiera. Si se muere un familiar cerca de los 80, lo lamentamos diciendo que todavía era joven, pero no, amigos, no todo el mundo es joven.

Recuerdo que mi tía Irene -en realidad era tía de mi madre, pero es que era tan joven- solía explicar que se sintió muy ofendida el día que escuchó en la radio que una anciana de 60 años había tenido un accidente. Fíjate tú, una anciana de 60 años, pues yo tengo 70 y no soy ninguna anciana.

Vivió una buena vida hasta los 90 pero sí, con 70 años era una anciana, Y la señora que tuvo un accidente con 60, también.

O no, qué más da.

Podemos argumentar que la idea de juventud se extiende al mismo ritmo que la esperanza de vida o que los progresos en calidad de vida para la gente mayor hacen que los 50 sean los antiguos 40 y toda esa mierda woke y el edadismo y, en fin, ya me entendéis.

En los dos libros escritos -hasta ahora- por Juanjo Millán y Juan Luis Arsuaga, “la vida contada por un sapiens a un Neanderthal” y “la muerte contada por un sapiens a un Neanderthal”, explican que los seres vivos dejamos de ser útiles para la naturaleza a partir del momento en que perdemos nuestra capacidad reproductiva. Si ya no podemos generar más copias de nuestra especie, pasamos a la reserva, al grupo de los sobrantes y por eso la evolución apenas se ha molestado en proporcionarnos protección para vivir más allá del fin de nuestra capacidad reproductiva.

El Alzheimer, el cáncer, la demencia, las enfermedades degenerativas, los infartos, muchas de las principales causas de mortalidad de personas de más de 40 años son consecuencia de una obsolescencia no programada, tan pragmática como cruel y por ese motivo hay tanta gente dedicada a luchar contra el envejecimiento y alargar la vida humana más allá del límite de nuestra genética.

Casi nunca es un buen día para morir. Solemos tener planes distintos para nuestro último día, sueños que se quedan a medias, proyectos que no acaban de materializarse por unas horas, unos días o unas semanas. La muerte es una mierda, pero es nuestra mierda y por eso hemos de aprender a quererla y abrazarla.

Hace tiempo, Cuca, mi psicóloga, me explicó que la crisis de los 40 -o la de los 50 o cualquier otra- no existe. Lo que pasa es que llega un momento en que empezamos a ser más conscientes de nuestra fragilidad y decidimos que queremos que nuestra vida se parezca un poco más a nuestras expectativas, nuestros deseos y nuestros sueños.

Confucio lo enunció de otra forma: tenemos dos vidas y la segunda empieza cuando nos damos cuenta de que sólo tenemos una.

Yo sí creo que la felicidad aparece cuando nuestra realidad se acerca a nuestras expectativas, pero también pienso que sin sueños no se puede, o no merece la pena vivir.

La felicidad exige un poco de incomodidad, de fricción, de dudas, de esfuerzo. En su canción “movimiento”, Jorge Drexler decía “lo mismo con las canciones, los pájaros, los alfabetos; si quieres que algo se muera, déjalo quieto”.

Sobreponernos a la adversidad, recorrer el camino que nos hemos marcado con los ojos abiertos y los sentidos alerta, aunque nos lleve a lugares inesperados en los que nos esperan nuevos retos e ilusiones aún más locas y excitantes. Ésa es la verdadera felicidad.

Quizá porque dedico mucho tiempo a pensar en todo esto, esta canción me puso los pelos como escarpias cuando se la escuché a Coque Malla el pasado miércoles en Valencia.

Nunca más sentados en los bancos de los parques

viendo nuestra vida parecerse a las demás.

Y viajar por el universo

Nunca más atados a cadenas invisibles

viendo nuestro cuerpo acostumbrándose al dolor

Y rugir como rugen los leones cuando rugen por su vida

pura, salvaje y en libertad

Haremos nuestro viaje abandonado en la memoria

Nunca más olvidaremos

Júrame que nunca olvidaremos

A sus casi 55 palos, Coque está en un -otro- momento de plenitud o, como se dice ahora, en su prime. Madre mía, cómo lo pasamos en el concierto, qué forma de cantar, de tocar, de bailar, de transmitir tantas cosas, tanta puñetera energía.

Esa noche apenas pude dormir porque me vino a la cabeza todo esto que te estoy contando ahora, y otras cosas que me reservo para próximos posts, en el improbable caso de que a estas alturas no te hayas cansado de leer banalidades, cuñadismos y lugares comunes.

Si quieres quedarte con una sola idea de este post, que sea con ésta: la felicidad es una ecuación que combina nuestras expectativas y nuestra realidad, pero no podemos ser felices de verdad sin esperanzas, sin proyectos y sin sueños.

Que paséis un feliz fin de domingo y que vuestro camino sea largo y próspero.

PD: como siempre, aquí tienes mi lista con todas las canciones del domingo en orden cronológicamente inverso.

PD II: si te ha gustado este post., puedes apuntarte a mi lista y te avisaré cuando publique el próximo: http://eepurl.com/h-O2lf. 100% spam-free garantizado 🙂

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