A ver cómo os cuento esto (parte II).

2018 ha sido un año para recordar, incluso para enmarcar, por muchos motivos. Lola está genial. Me encanta vivir en Madrid. Metricson y Metagest van como un tiro. No puedo pedir nada más

Es curioso, porque  2017 fue un año mucho menos trágico que 2018, pero ahora lo recuerdo como un pequeño pozo oscuro, que duró hasta bien entrado 2018. Aquí tenéis un resumen del año en que cumplí 40 primaveras y me convertí en un señor mayor, con una hija preciosa.

No nos engañemos, 2018 empezó de la peor forma posible. En apenas dos meses perdí a un grandísimo amigo y Lola, en fin, ya os lo conté todo en este post de hace un par de meses.

Sin embargo, poco a poco las cosas fueron mejorando. Empecé a encontrar mi sitio en Madrid. Aprendí a distinguir entre amigos y gente que pasaba por mi vida sin más. He conocido -y me he reencontrado- con personas por la que vale la pena vivir una vida larga, sólo por compartirla con ellas. Mi equipo tomó con fuerza el timón cuando yo me vi obligado a soltarlo y se ha convertido en parte de mi familia.

Hubo gente que me tomó el pelo y me ayudó a desarrollar ciertos mecanismos de defensa para evitar que esto me vuelva a pasar, aunque estoy de acuerdo con mi amigo Juan Domínguez en eso de que no se aprende de los errores, porque es tan improbable que las cosas vuelvan a suceder de la misma forma, que no hay forma de sacar algo positivo de ellos.

En general, ha sido un año tan laaaaargo y tan lleno de emociones, de momentos imborrables y de personas maravillosas que sería imposible resumirlo en el poco tiempo que me va a permitir Lola escribir este post. Ahora mismo va corriendo como una loca por toda la casa buscando -textualmente- cualquier cosa para enseñármela y que le explique cómo se llama y para qué sirve. Qué bien. Qué jodida suerte tengo.

Por lo tanto, voy a recurrir al manido listado de cinco cosas (al principio eran diez) que han hecho que 2018 sea un año especial. Espero que me perdonéis.

1.- Lola. Lo-lo-lo-lo-loooo-laaa

Soy un cansino, pero hace 10 meses me dieron la peor noticia de mi vida, así que ver a Lola revoloteando a mi alrededor, riendo sin parar y creciendo sana y feliz es lo mejor que podía esperar de 2018. Si creyese que existe algo parecido a un Dios, le daría las gracias, pero no es el caso, así que prefiero dedicarle ese agradecimiento a todas las personas que se esforzaron al máximo durante meses para mantener a mi hija entre nosotros. Gracias, de verdad y, por favor, seguid creyendo en lo imposible, porque es la única forma de derrotar a nuestros miedos más profundos.

2.- Son mis amigos

Viviendo en Madrid, mi familiar más cercano está a unos 400 kilómetros de distancia. Dicen que cuando estás fuera, tus amigos se convierten en tu familia y no puedo estar más de acuerdo. Durante los meses más duros de 2018 conté con un grupo de gente excepcional que estuvo a mi lado e igual se pasaron fines de semana encerrados en mi cocina, ayudándome a pensar lo mínimo posible, que me sacaron de juerga y cerramos juntos el Toni2 o Suéltate el Pelo unas cuantas veces. Gracias, en especial, a Pablo, Arina, Julio, Raquel, Chapu, Elena, Carlos, Calíope, Pedro, Txarly, María, Alberto, Pascual, Bea, Miguel Ángel, Flavia, Carmen, Carla, María, Dani y Lucas. Seguro que me dejo a alguien, pero sabéis que tengo un huequecito de mi corazón para todos vosotros.

3.- La família es fer-se

Que tus amigos se conviertan en tu familia no significa que tu familia desaparezca, por suerte para todos. Las circunstancias han querido que haya podido disfrutar de ellos más de lo que esperaba y que mi hermano haya pasado casi semanas enteras en mi casa. No siempre uno tiene la suerte de que su hermano sea su mejor amigo, pero yo sí. Envidiadme. Gracias, Jorge, por haberte utilizado el AVE como si fuese la línea 4 del metro y por haber estado siempre ahí. Gracias Mamá, Majo, Marta, Mauro, Marina, Clara, Jorge, Carolina y Javier por enviarnos tanto amor y tanta fuerza. Os quiero un huevazo. Y, por supuesto, gracias a Gemma por tu coraje, tu fortaleza y por ser la mejor madre que Lola podría haber soñado.

4.- Metricson y Metagest

2018 ha sido el mejor año de la historia para Metricson y Metagest, no sólo en facturación y resultados sino, sobre todo, por la maravillosa gente que forma parte de esta pequeña familia. Como ya he contado antes, hubo un momento en que tuve que apartarme del timón durante un par de meses y el resultado fue la etapa de mayor crecimiento que hemos vivido, tanto que tuve que pensarme seriamente si era mejor volver o desaparecer para siempre. No ha sido un año fácil y todo el mérito de las cosas buenas -que son muchas- que nos han pasado es vuestro. Vamos a por 2019 con todo.

Mención especial merece mi socia Emma Bover, Khaleesi de Metagest y faraona financiera de muchas de las startups más interesantes que tienes en mente. Gracias por aguantarme durante estos cinco años largos y por echar el resto durante 2018, en tantas cosas pequeñas y grandes, incluso a veces invisibles, que sería imposible citarlas una por una. Gracias de corazón, socia (y patizant).

5.- Viajes

Como no estaba el horno para bollos, durante los primeros 9 meses del año apenas me he movido de Madrid, salvo para despedir a Jaime en Barcelona y darme un baño de familia en Valencia durante el verano. Para compensar, he pasado los últimos dos meses del año entre Helsinki, Londres, Lisboa, Barcelona y Valencia, aprendiendo, disfrutando y, cómo no, currando a destajo.

6.- Música

Aunque he estado en menos conciertos de los que me hubiese gustado, he visto en directo a Izal, Kakkmaddafakka, Luis Prado, Elvis Costello, Love of Lesbian, Imagine Dragons y Tequila, entre otros. Me perdí -otra vez- a Sidecars, disfruté de Turandot en el Reina Sofía, fui a ver a Jo Harrop en el Royal Albert Hall, dentro del festival de Jazz de Londres y, por supuesto, he hecho polvo el Toni2. Un sitio que mencionas dos veces en un post de fin de año sólo puede ser maravilloso.

7.- Tenis

Aunque soy un auténtico tronco para los deportes, volver a jugar a tenis ha sido una de mis mejores decisiones del año. Ahora entreno dos días por semana y dentro de muy poco empezaré a competir otra vez, con mis limitaciones y mis movidas, pero con un montón de ilusión. Gracias a Rafa, mi entrenador y a Javier y Silvia, mis compañeros de clases, por leer cuándo tengo ganas de aprender y cuándo sólo necesito reventar la bola contra la red, la valla o, algunas veces, contra ellos mismos. Perdonad por esto último (glub).

En general, 2018 ha sido un buen año, con más luces que sombras, aunque éstas por momentos hayan sido agujeros negros. Tengo la sensación de ser una persona muy distinta a la que era en 2017 (y en 2016, y en 2015, y así ad libitum) y tengo ganas de que arranque 2019 para poner en marcha nuevos proyectos, hacer muchas más cosas y seguir dándole caña al acelerador.

¿Objetivos para el próximo año? No soy nada de propósitos, pero sí que tengo claro que va a ser un año viajero, en el que quiero empezar a automatizar muchas cosas y dejar otras tantas atrás para seguir creciendo y, al mismo tiempo, disfrutar de las pequeñas cosas que he conseguido a lo largo de la última década.

Vamos a por ello. Gracias a todos los que habéis estado allí y a los que no, porque todos me habéis ayudado a tomar decisiones y a elegir el camino que me ha traído hasta aquí.

Salud y feliz 2019 a todos.

PD: me recuerdan desde Langley que mencione a Tarzán y Seis y tienen toda la razón. Les he visto demasiadas veces correr despavoridos delante de Lola, que intentaba darles comida en lata sin abrirla, como para omitirles en mi resumen anual. Siguen siendo los mejores compañeros de piso que he tenido, a pesar de que Seis es una especie de ficus con bigotes y Tarzán, con sus quince añazos largos, pase la mayor del tiempo durmiendo en el punto más alto de la casa para evitar a Lola.

Bye bye 2018
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