Segundo domingo del decimosegundo mes del vigésimo año del siglo XXI. 8 de diciembre de 2019, día de la Inmaculada. Mañana es festivo en Madrid porque, en fin, aquí somos así.

Hace más de un año que escribí mi última canción del domingo y casi 12 meses desde mi último post. Oficialmente ya estás leyendo el blog menos actualizado del planeta y aquí estamos, amigo, observando una casa casi en ruinas, que nunca ha sido un palacio pero al que, pese a todo, sigo llamando hogar.

El motivo que me ha llevado a recuperar este blog, que es el suyo, señora, no es amable, pero sí lo bastante importante como para haber pasado las últimas dos horas actualizando cosas y recuperando contraseñas: el pasado lunes, 2 de diciembre de 2019, a las 10:30, murió Tarzán.

Es imposible resumir en un post mis vivencias con Tarzán durante los últimos 16 años. He pasado la mayor parte de mi vida adulta a su lado, compartiendo casas, triunfos y desventuras con mi compañero de piso peludo y ahora le echo de menos sin poder ni querer evitarlo.

Tarzán entró en mi vida un 3 de diciembre de 2003, el día que dejé mi trabajo en E&Y para crear mi primera startup, e-contratos. Era una bola naranja con los ojos redondos, que se pasaba el día trepando por las cortinas de casa de mis padres y por eso decidí llamarle Tarzán.

Desde entonces hemos compartido 9 casas distintas en varias ciudades y ha visto cómo nuestro binomio felino-humano se convertía en trío, cuarteto y hasta quinteto cuando aterrizó Lola hace dos años para acabar de cambiarlo todo.

Quizá lo más doloroso de este proceso de despedida esté siendo compartirlo con una niña que asumió con naturalidad desde el principio que Tarzán era un miembro más de la familia y, por eso, jugaba, dormía, comía y contaba con él para todo, sin excepción. Cuando tuvimos que contarle a Lola que Tarzán se había ido a descansar y no volvería, vimos como unos engranajes de su cabeza se movieron por primera vez y desde entonces se pasa el día lanzando besos al cielo y diciendo que estemos tranquilos, porque Tarzán puede vernos desde allí arriba.

Me encantaría creer en la reencarnación o en la vida después de la muerte, también para él. Si hay un cielo de los gatos, seguro que Tarzán está allí atusándose y compartiendo su calor y olor a gato limpio con cualquiera que se le acerque. Y, por supuesto, cazando ratones.

He tenido mucha suerte pudiendo disfrutar de Tarzán durante tanto tiempo. Siempre ha estado allí cuando lo he necesitado y, a cambio, nunca dudé en comprar pienso cuando tenía que elegir entre su comida o la mía, en algunos de esos momentos que nadie explica y que se esconden detrás del nacimiento de una empresa. Nunca olvidaré cómo me recibía y dormía conmigo cuando volvía agotado después de mis turnos de 36 horas en el hospital hace un par de años, fuera de día o de noche. Gracias por eso, Peri.

Por eso me gusta la forma en la que mi hija ha interpretado su partida. Tarzán está descansando en un lugar al que nosotros no podemos acceder, donde van a parar las cosas perdidas, que un día desaparecieron y en el que tienen una nueva oportunidad, lejos y cerca de nosotros.

Por este motivo, la canción del domingo es «The place where lost things go«, que forma parte de la Banda Sonora de la segunda parte de Mary Poppins, en su versión para the song society, de Jamie Cullum.

So when you need her touch
And loving gaze
Gone but not forgotten
Is the perfect phrase
Smiling from a star
That she makes glow
Trust she’s always there
Watching as you grow
Find her in the place
Where the lost things go

Sin entrar en spoilers -básicamente porque no he visto la película- Mary Poppins le dedica esta nana a dos niños que han perdido a su madre para consolarles y les pide que no se preocupen porque ella está todavía presente en el lugar donde viven las cosas perdidas, viéndoles crecer y cuidando de ellos. Quizá la recordéis porque estuvo nominada al Óscar a la mejor canción original, aunque tuvo la mala suerte de coincidir con Shallow. Lo demás ya es historia.

He elegido la versión de Jamie Cullum por dos motivos: porque desde que le vi en directo por primera vez este verano en Madrid creo que es el artista con más talento de esta generación y porque me encanta el concepto de «the song society».

Para los que no lo conozcáis, bajo este formato Jamie Cullum y sus colegas desmontan y reconstruyen una canción que les gusta en alrededor de una hora con lo que tienen a mano, sin preparación previa. Luego la graban en directo y la publican sin volver a editarla o, al menos, eso dicen; el lema es love and live with the mistakes. Un auténtico prodigio de adaptación e interpretación que ofrece maravillas como ésta.

Si tenéis curiosidad -por favor, TENEDLA-, podéis encontrar los vídeos de muchas de las grabaciones en su lista de youtube y el resultado final, cómo no, está disponible en Spotify:

Seguramente el concepto de «el sitio al que van las cosas perdidas» os evocará otras canciones, como «aquellas pequeñas cosas» de Serrat o, incluso, la mítica Lonesome Town que, interpretada por Ricky Nelson, sonaba en la banda sonora de Pulp Fiction. En otro tono, quizá os recuerde a la Villa de los rockeros muertos a la que se escapaba Robert Smith en la hora Chanante (vamos Robert sal a bailar, que tú lo haces fenomenal), pero eso es harina de otro costal.

Tarzán, has aparecido tantas veces en este blog que me parece imposible estar dedicando una canción del domingo a tu memoria, pero así es, amigo. Estés donde estés, descansa. Te echo mucho de menos.

A ti, querido lector, sólo te deseo que algún día tengas la suerte de dejar entrar a un Tarzán en tu vida.

Que tengas un feliz domingo.

Canción del domingo: the place where lost things go (Jamie Cullum)
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Un pensamiento en “Canción del domingo: the place where lost things go (Jamie Cullum)

  • 30 diciembre, 2019 a las 0:01
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    Apreciado Luis, qué gran canción…

    Te quiero tanto, amigo, como tú has querido a Tarzán, compañero! Eso es mogollón… Un abrazo

    Feliz Año Nuevo

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