El vino de la derrota

Ayer por la noche disfruté como un enano -nunca he entendido esta expresión- viendo la película «sideways» (Alexander Payne, 2004, EEUU), que en nuestro país se tradujo como «entre copas«.

Recuerdo que cuando vi el trailer el año pasado me convencí de que tenía que ir a verla; sin embargo, cuando empezó a recibir premios y alabanzas me dio pereza y me la perdí en el cine; una lástima, aunque también eso hizo que ayer la cogiera con ganas y la pudiese paladear aún más.

El argumento de la película no puede ser más simple: dos amigos se van de viaje durante una semana a modo de despedida de soltero (vaya, parece que últimamente todo gira en torno a ese tema) y después de una serie de peripecias -nada espectaculares- entre los viñedos de California, vuelven a su casa.

No voy a introducir spoilers, ni voy a destripar sin piedad la película; sin embargo, sí que me gustaría explicar los motivos por los que me gustó.

En primer lugar, el argumento es bastante sobrio: no pasa nada -o casi nada- que no podamos esperar, y la acción es puramente lineal. Sin embargo, la sensibilidad con que están tratados los personajes y las relaciones que crean y mantienen entre ellos suple con creces la falta de una auténtica trama. La película obtuvo un globo de oro y un óscar por su guión adaptado y, desde luego, no es debido al interés que pueda suscitar el argumento, sino a cómo consigue ahondar en la personalidad de cada uno de los personajes a través de su día a día. Las interrelaciones que los protagonistas van tejiendo en la película son una maravilla, y resultan absolutamente creíbles.

Porque, en segundo lugar, lo mejor de todo es la verosimilitud de cuanto sucede ante nuestros ojos: dos amigos fracasados en mayor o menor medida en sus vidas profesionales ven la oportunidad de mejorar su vida personal, apoyándose en el otro, pero sin contar necesariamente con él. Estoy seguro que todos hemos vivido experiencias muy cercanas a las que se describen en la película, y la forma cómo está narrado todo hace que nos acabemos identificando con varios personajes a la vez, no sólo con el que resulta más afín a nuestras circunstancias. En este sentido, el papel de Miles (Paul Giamati, desconocido en esta película) es, sencillamente, delicioso, por su complejidad y, al mismo tiempo, su cercanía y ternura, que llega a desconcertar, en especial durante los últimos tres minutos de la película.

Para acabar, me gustó esta película porque habla de algo que todos sabemos: la vida está compuesta de experiencias, buenas, malas e inclasificables, pero todas ellas interesantes y necesarias, porque van orientando nuestro camino en distintas direcciones, hasta que nos decidimos por uno en particular. «Entre copas» es la historia de dos tipos que se fueron de viaje para encontrarse y se perdieron por el camino, para reencontrarse al volver a casa. ¿O tal vez no?. Que la fuerza de e-mule os acompañe. Muuuuuy recomendable.

Un comentario sobre “El vino de la derrota

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  1. La película transcurre entre copas, así como la titularon en Español.Como las copas son de vino, ocurre una excelente reflexión acerca del caldo (como dicen los enólogos),que vabien bien con la anarquía y que va mal con el rigor disciplinario.
    anainés.

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