Futbol es futbol

Pese a que no soy el más futbolero de España, ayer tuve un momento de inspiración y me fui con Gemmurrín a Mestalla, a ver el partido entre el Valencia CF y el Shaktar. Buen partido, victoria del Valencia por 2-0… Vamos, una noche completa. Desde que el Barça me dejó de interesar por el victimismo y sufrimiento que existe en Barcelona con su equipo -viví durante casi tres años a doscientos metros del Camp Nou-, el Valencia ha reemplazado a mi equipo de siempre en mis gustos. Eso sí, un buen partido del Barça me sigue poniendo la piel de gallina.

A lo que iba. Como un alien que era dentro de Mestalla, por mi falta de furor futbolístico, me dediqué a observar el comportamiento de la gente que me rodeaba y algunas de las rutinas que se me antojaron más comunes. Éstas fueron algunas de las que más me sorprendieron:

– El grado de organización de los yomus (vamos, los ultras del Valencia): Estaban activos, pero parecían razonablemente respetuosos. Lo que más me impresionó es la coordinación que mostraban. Tenían a un tipo -eran varios, que se iban turnando- encargado de que el ánimo no decayese y continuamente gritaba consignas que, primero gritaban ellos hasta desgañitarse y a continuación les seguía el resto del público.

– Consignas: En realidad, la mayoría de gritos de guerra son los mismos en casi todos los campos, con alguna honrosa excepción. La mayoría de himnos los había escuchado antes en canaletas con el Barça de protagonista o en el Collao animando al Deportivo Alcoyano (no es coña, las huestes blanquiazules son un ejemplo de hinchada respetuosa y entusiasta. Un 10 para ellos). La única consigna que me pareció algo fuera de tono -sin entrar en si estoy o no de acuerdo sobre el fondo- fue la de «puta Antena 3», que se repitió varias veces y que a la gente parecía encantarle, imagino que por el continuo desprecio de la cadena hacia los partidos del Valencia.

– Pack bocata y cocacola: La bolsa de mercadona con el bocata kilométrico y la cocacola -te quitan el tapón en la puerta- es un clásico. Había miles de personas con su bolsita y su entrada en la mano. Imagino que es algo normal, pero a mí me llamó la atención, como me la llamó en su día encontrarme a un tío en la monumental de Pamplona con un caldero lleno de magras con tomate.

– La banda de música: La última vez que estuve en Mestalla, antes del inicio del partido y en la media parte había una banda de música en el campo que daba vueltas al estadio. Parece que la Champions es menos compatible con una tradición castiza como ésa…

– El bar de Manolo el del Bombo: Estuve hace unas semanas comiendo allí. La verdad es que se trata de una auténtico museo del fútbol, qué tío, Manolo…

– Los comentarios de la gente: Sencillamente increíble. Van desde los eruditos estilo Valdano que discuten sobre estrategia hasta el señor de 80 años que no entiendo qué coño hace allí (me recuerda al del anuncio de captación de socios del At. Madrid de hace unos años), que se dedica a insultar a unos y otros con frases como «fracasados», en un tono que, si la escucha el aludido, seguro que cuelga las botas y se corta las venas.

«Futbol es futbol» (Boskov (c)).

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