El día después del día después

Pasó el Certamen Nacional de Tunas de Ingenieros Técnicos Industriales de Alcoy y creo que el buen sabor de boca es general. Como tuno en semi-actividad, debo decir que me pareció que el nivel general fue bastante bueno, pero sobre todo me encantó la acogida que los distintos actos «oficiales» tuvieron en la ciudad.

La mañana del sábado, durante el pasacalles, un buen número de personas se me acercó a preguntarme por qué no se organizaba algo así más a menudo; incluso hubo varias señoras de cierta edad que me agradecieron -¡a mí, que no tenía nada que ver con la organización!- con lágrimas en los ojos que trajésemos a la tuna a la ciudad.

La actuación en el escenario -vamos, el Certamen propiamente dicho- atrajo a cerca de quinientas personas que abarrotaron la Llotja de Sant Jordi.

Algunas conclusiones al respecto:

  • La tuna gusta más en Alcoy de lo que pensaba.
  • La tuna gusta más en Alcoy de lo que pensaba, pero sobre todo entre personas de más sesenta años.
  • La tuna gusta más en Alcoy de lo que pensaba, pero sobre todo entre personas de más de sesenta años, por lo que no extraña que se encuentre prácticamente desaparecida en la ciudad.

La actual crisis que padecen buena parte de las tunas en toda España tiene varias explicaciones, pero creo que una muy importante fue el boom que sufrieron muchas de ellas a finales de los noventa, que provocó que el carpe diem sustituyera el trabajo del día a día. En el Certamen pudimos apreciar que la edad media de los tunos en activo -al menos en el circuito de peritos industriales- supera con mucho la del estudiante universitario.

Creo firmemente en aquellos votos que hicimos hace años, según los cuáles seríamos tunos «hasta morir». Pero también creo que la Tuna debe regenerarse, adaptarse a los nuevos tiempos sin perder sus raíces y, sobre todo, responder a la fuerza generadora que le dio la vida: facilitar y alegrar la vida de los estudiantes universitarios.

Una tuna en la que más de la mitad de sus componentes «activos» tiene más de treinta años tiene poco de tuna y mucho de grupo de amigos, lo que no es malo ni bueno, es simplemente una cuestión ontológica. En el caso de mi tuna, posiblemente seamos poco más que un grupo de amigos que nos reunimos de vez en cuando para recordar nuestros años de Tuna, pero para mí ya es suficiente.

Prefiero que mi tuna se convierta en un grupo de amigos que en una panda. Y es que no todos lo que forman parte de una tuna merecen el trato de «tuno», ni todos los tunos mueren con sus tunas. De hecho, la causa de la muerte -o criogenización- de muchas tunas suelen ser los tunos que no merecen la beca que llevan, y de eso en Larraona sabemos un rato.

Por el momento, y aunque sea triste reconocerlo, con mis cuatro o cinco viajes anuales me conformo. Pero al menos eso, que las batallitas se olvidan si no se refrescan de vez en cuando.

Yo es que me tomo muy en serio lo de ser tuno hasta morir…

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