Barcelona

La semana pasada se convirtió en una auténtica orgía de viajes, trabajo y reuniones, así que esta semana me la he tomado de calma. En realidad, seguiré trabajando mis quince horas diarias, pero al menos lo haré desde mi casa de Valencia; mal empiezo, porque hoy he trabajado todo el día en Alcoy, pero los planes se hacen para incumplirlos, ¿no?
Sin duda, lo mejor de la pasada semana fue los días que pasé en Barcelona. Es una gozada volver a los sitios a los que solía acudir junto con mis amigos cuando vivía en la ciudad Condal, en especial cuando es posible hacerlo con ellos a mi lado.

El jueves me acerqué con Luisga y Marta al OK Sarrià, una pequeña hamburguesería que nos encantaba ya cuando vivíamos en el Colegio Mayor y que ha sabido mantener el sabor a pesar del paso los años, o quizá, a su merced. Unas claras de cerveza negra, unas patatas con chile y hamburguesas de 500 gr. Sobran los comentarios.

El viernes pude compartir un café con Joan Riera, de ESADE y, más tarde, con mi buen amigo Kiko Guirao y Emma Alís, de Ernst&Young. Tras un paseo por el despacho, en el que saludé a algunos de mis antiguos compañeros, aún arañé unos minutos a la mañana en el Starbucks de Caja Madrid Diagonal con Iñaki Caro antes de comer con Martí Manent, de Derecho.com.

Hablar con Martí resultó una experiencia muy gratificante, que nos permitió compartir opiniones y vivencias sobre el mundo en el que ambos nos movemos: ése que orbita alrededor del derecho y de Internet. Definitivamente, una comida muy interesante en un lugar nuevo para mí: Le relais de Venis, en Pau Clarís.

Como la comida había resultado ligera (ejem), mis amigos me organizaron una cena en el Hostal de la Mamasita, un sitio que me encanta en la Avenida de Sarrià, ya con Gemmurrín a la que recogimos en Sants. Noche de reencuentros y de nuevas caras que, cómo no, siguió en le Bistrot Cyrano, guitarra en mano, hasta que nuestra querida Tere nos lanzó a la calle sobre las 03,00 y acabamos la noche en el Patio Andaluz. Hay cosas que no cambian.

El sábado teníamos grandes planes en Montserrat, pero acabamos descansando en casa hasta tarde y cenamos una calçotada en la Masía Can Portell. Fue uno de los momentos más guiris que he tenido en los últimos años (calçotada noctura!!), pero valió la pena. La noche acabó en Snookers, tras un breve paso por Danzatoria, en el Tibidabo, con unas míticas copas de limón (en la foto).

El domingo, convencidos de que ya estaba bien de comer y beber, conseguimos vencer cualquier tipo de objeción moral y física y nos metimos entre pecho y espalda unos menús 8 en el bar Iborra, también llamado «el colesterol», por la mezcla de patatas bravas, bacon, lomo, hamburguesa y huevo frito. Las bravas, en la imagen, lo mejor como siempre (la cocina está compartida con el Tomás «famous for brave potatoes» :).

Para bajar la comida, qué mejor que un paseito por el Borne, donde pudimos disfrutar de una visita a la iglesia de Santa María del Mar, la famosa Catedral del Mar de Ildefonso Falcones, compañero de Barcelona. Precisamente, estoy leyendo el libro estos días, por lo que la iglesia me impresionó aún más, empezando por los bastaixos de la puerta principal (imagen inferior) y acabando por la imagen de la virgen, iluminada y con un barco a los pies. No quiero spoilers, así que me esperaré a acabarlo para comentarlo como merece. De momento, reconozco que me está gustando mucho más de lo que esperaba, pese a las buenas críticas que había escuchado.

Tras un último asalto al Starbucks de Via Laietana, recorrimos los alrededores de la catedral y las Ramblas, en un último arranque de nostalgia barcelonesa. Cómo me gusta esta ciudad. Por suerte, es al estar allí cuando más la echo de menos, así que el resto del tiempo me conformo con recordarla y revivirla como era hace cinco, ocho, diez años.

Gracias a todos por hacerme sentir como si nunca me hubiese ido de Barcelona y, en especial, a Marta y Luisga, por vuestra hospitalidad y afecto. Os espero pronto por Valencia.

2 comentarios sobre “Barcelona

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  1. Sabes que el placer es también nuestro. Fue una satisfacción muy grande acogeros en la ciudad Condal en la que tantos años viviste antes de volver a Alcoy. La verdad es que si hubiésemos querido hacer un Tour gastronómico, no nos hubiese salido tan bien. Muchas gracias por haber venido, sé que no nos vemos todo lo que nos gustaría, pero como vosotros bien sabéis, somos especialistas en hacer de: «Pequeñas cosas, grandes cosas», y de «Pequeños momentos, grandes momentos». Nos vemos pronto en Valencia. Un abrazote

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