Primer domingo del primer mes de febrero de la segunda década del siglo XXI. En Valencia ayer alcanzamos los 20 grados, un dato que va a entusiasmar a mi buen amigo Sebastiano. En apenas un par de semanas la ciudad se convertirá en una imposible sucesión de calles cortadas y barrios colapsados gracias a las Fallas, unas fiestas que aún no he acabado de entender pero que me encantan.

A raíz de la canción del domingo de la semana anterior, Welcome to the jungle, de Guns ‘n’ Roses, he pasado toda esta semana recuperando los grandes temas de la banda, que ha vuelto a ocupar un pequeño espacio en los 8Gb de mi Ipod. Guns ‘n’ Roses me recuerda a los primeros 90, a mis años de instituto en Alcoy y, curiosamente, me he enterado de que el día 20 de febrero se celebra una comida de reencuentro de antiguos compañeros de la época, cómo no, organizada a través de facebook.

Una cosa son los recuerdos y otra muy distinta nuestra realidad actual; puedo entender que haya gente a la que le apetezca reencontrarse con antiguos compañeros a los que hace quince o veinte años que no ve.

Sin embargo, a mí este tipo de reuniones no me va y tengo una máxima al respecto que aplico desde hace varios años: cuando has perdido el contacto con alguien durante quince años, lo más probable es que se deba a que te importaba un carajo. Y si hace quince años te importaba un carajo, imagínate lo que realmente te importa ahora.

Provocar un reencuentro quince o veinte años después constituye, por sí mismo, un ejercicio de hipocresía elemental. Supone actualizar tu imagen de un grupo de personas con las que en algún momento tuviste algo en común, añadiendo gafas, arrugas y kilos, suprimiendo pelo y tersura y constatando el cruel efecto de la gravedad sobre lugares comunes.

Por principios no acudo a cenas, comidas o actos varios de reencuentro. Prefiero dedicar ese tiempo a disfrutar de los amigos que el tiempo, la distancia y las circunstancias me han permitido mantener, pese a que se encuentran dispersos por todo el planeta. Sin embargo, no quiero perder la ocasión de dedicar la canción de este domingo, Sweet Child o’ Mine, de nuevo de Guns ‘n Roses, a mis antiguos compañeros de instituto de la Salle de Alcoy. Qué cojones, por los buenos tiempos. Ya buscaré otra canción para los malos, que también los hubo 🙂

She’s got a smile that it seems to me
Reminds me of childhood memories
Where everything
Was as fresh as the bright blue sky

Siempre me ha resultado llamativo que un grupo de super machos metaleros como Guns ‘n’ Roses tuviese entre sus grandes éxitos una canción que dice «if I’d stare too long I’d probably break down and cry«, pero imagino que volver la vista al pasado provoca un efecto booleano: nos puede convertir en piedra o en mantequilla.

En realidad, me hubiese gustado que la canción de este domingo hubiese sido «regresos inesperados» de Señor Mostaza, ya que representa bastante mejor mis sensaciones con respecto a este tipo de situaciones, pero ya estaba cogida (fue la canción del domingo 2 de noviembre de 2008), así que os dejo con Sweet Child o’ Mine, sin duda una de las canciones más representativas del siglo pasado, no sin antes desearos que paséis un gran domingo.

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Canción del domingo: Sweet child o’ mine (Guns ‘n’ Roses)
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