Primer domingo del tercer mes de la segunda década del siglo XXI, Domingo de Gloria, para más INRI (nunca mejor dicho).

Esta semana twitteaba que no sabía si alegrarme porque podía trabajar mucho mejor gracias a que todo el mundo estaba de vacaciones o cabrearme por no estar yo también descansando en lugar de encerrado en el despacho. La respuesta a este dilema es sencilla: si estoy trabajando es porque lo he decidido y porque tengo que hacerlo, así que no hay ningún motivo para quejarse.

Reconozco que yo no soy mucho de Semana Santa. En la Comunidad Valenciana, como en Catalunya, la Semana Santa se celebra con devoción pero sin aspavientos. En Alcoy, por ejemplo, hay un par de procesiones, entre la que destacaría la de els xiulitets: el domingo de Gloria, justo al amanecer se recrea el encuentro en la Virgen María y Cristo resucitado mientras que los alcoyanos recrean el trino de miles de pájaros con una especie de silbato-abotijado relleno de agua (el xiulitet) que cumple sorprendentemente bien con su función. Y digo recrean porque, la verdad, no son horas. Hace muchos años que no me levanto a soplar mi xiulitet, pero tengo grandes recuerdos de ese momento. De hecho, probé mi primer café un domingo que me levanté, con catorce años, a ver los xiulitets con mis amigos. Casi me cago en el acto, pero aguanté el tirón y, desde entonces, cada vez que tomo un café me acuerdo de ese día. Cosas de la memoria.

En Alcoy el Domingo de Resurrección es, sobre todo, el domingo de Gloria, ya que nos trae el pregón de las Fiestas de Moros y Cristianos: La Glòria. Se trata de un acto sencillo pero muy esperado, en el que un fester de cada una de las filaes se viste con el traje de su filà y forma junto al resto de festers de su bando (moro o cristiano) por el centro de la ciudad. Es la primera vez que los diseños oficiales y las marchas salen a la calle en el año en curso y la gente se agolpa en todos los tramos del recorrido para disfrutarlos. Acabada la gloria, nos recogemos en nuestras filaes y por la tarde se da el pistoletazo de salida a las filaetes -o entraetes-, que se repiten día tras día hasta el 21 de abril, cuando todo el pescado está vendido y arrancan definitivamente las Fiestas de Moros y Cristianos. Sólo de pensarlo tengo los pelos como escarpias.

Por eso digo que la Resurrección del Señor, con toda su importancia para la fe cristiana y para la cultura de nuestro bonito país, suele agotar sus minutos de Gloria en estas fechas en Alcoy ante la inminencia de nuestras Fiestas. Por ese motivo la canción del domingo es Resurrection, de Brian May.

There’s no sense in my counting, the price of those years
There’s too many heartaches, and too many tears
Gotta ride the night into the morning sun

Aunque no creo que haga falta decirlo, Brian May es el guitarrista de Queen, mi grupo favorito de todos los tiempos, y uno de las figuras más influyentes y reconocibles -además de reconocidas- del rock actual, gracias a su pelazo, a su guitarra (red special, que construyó con su padre en los 60), y a un sonido muy característico que ha influido en buena parte de los guitarristas de rock y metal de los 80 y los 90.

Pese a que pudiese parecer que resurrection es una declaración de principios tras la separación del grupo, después de la muerte de Freddie Mercury, en realidad Brian May la grabó varios años antes, aunque la publicó en su primer LP en solitario, Back to the light, que salió en 1992, el año siguiente a la muerte de Mercury. Éste es uno de los discos que más escuché en 1993, cuando lo descubrí -y compré- en Londres, y muestra a un Brian May algo distinto, más en la línea del heavy metal ochentero y de principios de los noventa.

Nada más obvio que una canción llamada Resurrection para celebrar el Domingo de Resurrección, aunque sea de la mano de un guitarrista melenudo, pero así es la canción del domingo: una recolección de momentos incrustados en grandes y pequeñas canciones de todos los tiempos.

Que tengas un gran domingo de Gloria.

Canción del domingo: Resurrection (Brian May)
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