La última comida de Navidad que pasé en casa de mi padre, el 25 de diciembre de 2016, abrimos una botella de Marqués de Riscal de 1910. Ésta, en particular.

Yo tenía 39 años, mi padre 64 y el vino 106, es decir que entre los tres sumábamos más de 200 años, que es lo mismo que decir que entre Messi y yo hemos conseguido 9 balones de oro.
Poco después, las cosas empezaron a torcerse y no volví a pisar su casa hasta el día de su entierro, hace apenas 5 meses.
Esta mañana, he recogido a Lola y hemos aprovechado el rato que tenía hasta la salida de mi tren hacia Madrid para tirar unos petardos y comer churros, que es lo que se hace en Valencia los 19 de marzo.
Al despedirme de ella, Lola me ha regalado una señal de libro en la que ha escrito y pintado SUPER DAD (“mis amigas han puesto sólo DAD, pero tú eres súper, papá”).
Tiene el talento de una vendedora de coches usados de Dallas, pero muero de amor con ella.
En un rato, comeré con mi socio -y, pese a ello, buen amigo- Pascual, que también ha hablado hoy en la newsletter de Descorchify sobre vinos y padres ausentes, con un poco más de sentimiento del habitual en sus escritos, que son la bomba.
Él ya tiene experiencia en esto, pero para mí, es el primer día del padre en el que sólo lo soy como sujeto activo y esto me ha hecho reflexionar un rato sobre cosas bastante aleatorias, como el hecho de que alguien haya pensado que era buena idea elegir como santo representativo de la paternidad a un carpintero al que su mujer engañó con un palomo.
Mi padre no se fue demasiado pronto ni demasiado tarde, se fue cuando ya no tenía nada más que hacer por aquí y, quizá, esto sea lo único que he heredado de él, la inquebrantable voluntad de hacer en cada momento lo que creemos que es conveniente, a pesar de nuestro muy discutible éxito, viendo las cosas en perspectiva.
De una forma u otra, se equivocó muchas veces, quizá demasiadas. Yo también tomo decisiones poco acertadas todo el rato, pero aún mantengo la esperanza de que algunos de mis aciertos compensen todas las veces que he provocado el caos a mi alrededor.
Lola, cuando leas esto dentro de unos años no te olvides de que en algún momento pensaste que era súper para ti. No lo soy, ni lo seré jamás, pero para mí tú siempre vas a ser súper, de verdad, aunque no te pinte señales de libro. O igual me pongo hoy mismo a hacerlo.
Al resto, seáis padres, hijos, Josés o Pepes, os deseo que paséis un día fantástico. Comed churros, tirad petardos y sed felices, tenéis un montón de días al año para hacer todo lo demás.
PD: si te ha gustado este post, puedes apuntarte a mi lista y te avisaré cuando publique el próximo: http://eepurl.com/h-O2lf. 100% spam-free garantizado.
Deja un comentario