El responsable

¿Alguna vez te has planteado que, aunque las utilicemos como sinónimos, tus obligaciones y tus responsabilidades son cosas distintas? ¿Y por qué tus obligaciones están inextricablemente correlacionadas con tus derechos?

Si este tema te interesa, sigue leyendo. Si no, también, porque no te cuesta nada y ya que has llegado hasta aquí, igual aprendemos algo juntos.

Este post empieza con un poco de teoría para darle contexto, pero enseguida me meto en el barro. Aquí hemos venido a jugar.

Al lío.

El contexto

En el derecho clásico de daños (torts) existe una doctrina denominada “last clear chance” que viene a decir que no puedes atropellar a un peatón que se está saltando todas las normas, si puedes evitarlo.

En definitiva, si tienes la oportunidad de evitar un perjuicio, aunque sea la otra parte quien está haciendo mal las cosas, debes hacerlo.

Suena razonable ¿verdad?.

Una evolución reciente de esta doctrina (Amstead vs Royal Sun Alliance Insurance [2024] UKSC 6) afirma que en estos casos sólo puedes reclamar los daños que sería razonable esperar de la conducta infractora (remoteness of damages), porque una cosa es que alguien sea imbécil o irresponsable y otra es cargarle con nuestras mierdas.

Porque, amigo, tus movidas son tuyas y es tu responsabilidad solucionarlas. O no.

En derecho español (art. 1902 CC), existe una cláusula de cierre, que regula de forma genérica situaciones en las que, de una forma u otra, alguien resulta perjudicado.

El que por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar el daño causado.

Este artículo, heredero del principio alterum non laedere viene a decir que quien la rompe, la paga y constituye uno de los tres grandes pilares de la justicia romana, junto a vivir de forma honrada y dar a cada uno lo suyo (honeste vivere – suum cuique tribuere).

Por último -y aquí cerramos el contexto- algunas excepciones nos otorgan carta blanca, en determinadas situaciones, para incumplir nuestras obligaciones contractuales y legales (exceptio non adimpleti contratus y non rite adimpleti contractus).

Obligaciones y responsabilidad (en singular)

El derecho regula nuestras relaciones con los demás: nuestros derechos, nuestras obligaciones y las responsabilidades que dimanan de su cumplimiento o incumplimiento.

En abstracto, el funcionamiento de la justicia en un estado de derecho debería ser mecánico y casi pitagórico: si tienes una obligación y no la cumples, alguien puede exigirte responsabilidades. Si otra persona infringe alguno de tus derechos, pues un poco de lo mismo, pero en sentido contrario.

Los juzgados nos ayudan a interpretar la complejidad de este proceso cuando los elementos impiden su tautología. Y así, hasta el infinito.

Con este análisis sencillo ya vemos que obligaciones y responsabilidades son factores distintos de la misma ecuación. Desde un punto de vista estrictamente legal, la responsabilidad nace cuando se incumplen obligaciones o se infringen derechos. Con esta perspectiva, nunca seríamos responsables si hiciésemos las cosas bien.

Pero, claro, las cosas nunca son tan sencillas.

Volvamos al mundo real. Si tú cruzas la calle por un tramo oscuro, sin paso de peatones y un camionero te embiste porque no estaba atento, podrás pedirle una indemnización, porque él es legalmente responsable en base a los principios que hemos analizado.

Sin embargo, si pierdes las dos piernas y un ojo en el accidente, ya te pueden pagar toda la pasta del mundo, porque tu vida va a ser peor desde el mismo instante en que tus huesos reciban el primer impacto.

Por tanto, ¿quién es el responsable de mantenerte a salvo y de cuidar tu salud física y mental? ¿Los conductores de camiones? ¿Los médicos de urgencias? ¿Los policías que harán el test de alcoholemia? ¿El juez que dictará la sentencia? ¿El del seguro?

No, querido. El único responsable de tu vida eres tú.

Los traumitas

Seguro que conoces a alguien que se queja constantemente de su mala suerte, de su situación, de todo en general. Hay gente que busca de forma incansable responsables para problemas que no existen y que es capaz de encontrar un problema para cada solución.

¿Te suena?

Todos vivimos con traumitas porque nuestro padre o nuestro jefe o nuestro cónyuge o un amigo o un señor aleatorio que pasaba por la calle nos ha hecho o dicho algo que no nos gustaba.

Y entonces nos rebelamos y lloramos y acabamos plastificando con exabruptos y justificaciones inútiles a la gente que tenemos cerca, porque no es justo. Porque yo tenía derecho y él tenía una obligación y no ha hecho lo que debía. Porque yo me merezco más y conseguiré mi venganza, en esta vida o en la otra.

Pero claro, no somos Máximo Décimo Meridio ni Edmond Dantés. No vivimos en una película ni en un libro que puede pararse, reiniciarse o compartirse. Nuestra vida es importante para nosotros, porque cuando se acabe, ni siquiera llegaremos a leer los créditos. Chimpún.

Cuando los Reyes, Mazón y Sánchez fueron por primera vez a visitar la zona cero de la Dana de 2024 en Valencia, fueron abucheados y estuvieron cerca de que les hicieran un Pelletes, en terminología alcoyana. Sánchez incluso se fue con un palazo en la espalda y el coche hecho migas. Mazón aguantó algo más pero los Reyes se quedaron hablando con los vecinos porque, a diferencia de los políticos, los gestores y demás carroñeros, su obligación coincidía con su responsabilidad, que era representar y acompañar, y eso lo bordan.

No podemos evitar que la gente nos dañe. Pero casi siempre podemos levantarnos y seguir adelante.

Hace poco, mi coach y, pese a ello buena amiga, Maribel Jiménez (os la recomiendo más de lo que puedo explicar con palabras) me recordaba que para ayudar a otros, primero tenemos que ayudarnos a nosotros mismos. Lo de ponerte la mascarilla en el avión antes de colocársela a tu hijo y todo eso.

Quizá ésta sea la base de la verdadera felicidad: empezar cuidando de nosotros antes que del resto, porque no es posible construir una familia, una empresa o cualquier otro proyecto de largo recorrido partiendo del rencor, la angustia o la desesperanza.

Hace años se popularizó un chiste que decía que el mundo es de los que follan, porque el resto de gente se pasa el día pensando estrategias para hacerlo y quien cuenta con todo ese tiempo extra, puede dominar el planeta.

No hablemos ahora de follar, habrá tiempo para eso.

Piensa en todo lo que podrías hacer si aceptases tu situación y simplemente siguieses adelante con lo que tienes. Si, en lugar de quejarte y lamentarte, asumieses tu propia responsabilidad y disfrutases el camino o, como hubiese dicho la Reina Madre

Never complain, never explain.

Imagínate a ti mismo como una apisonadora.

La vida te va lanzando mierdecillas que tú vas aplastando, de forma metódica e implacable, sin dejar nunca de avanzar. No pueden hacerte daño, no pueden pararte, no pueden hacerte cambiar de planes. Tú sólo sonríes y disfrutas del camino, con seguridad y todo el tiempo del mundo.

Si puedes ser una apisonadora, ¿por qué eres una veleta?

Y si puedes decidir el rumbo de tu vida ¿por qué la dejas en manos de otros?

Derechos y responsabilidades

Sola y borracha quiero llegar a casa” es uno de los lemas más irresponsables que he escuchado.

Jamás le recomendaría a mi hija o a cualquiera otra persona, de cualquier sexo y edad, que volviese a casa sola y borracha. Hay violadores, pero también hay ladrones. Y conductores borrachos. Y bordillos de aceras. Y asfalto en mal estado. Y puentes. Y jabalíes. Y muchos otros peligros que sólo puedes evitar con responsabilidad y conciencia.

Entiendo la reivindicación, pero dejar en manos de los demás nuestra propia responsabilidad es un error infantil y peligroso. Si puedo elegir entre sororidad y buscar responsables, prefiero amistad y compañerismo a que me indemnicen.

Porque, claro, tener derechos no te va a servir de nada mientras te apuñalan en un callejón o falleces de cáncer tras pasar décadas fumando dos paquetes diarios de Nobel.

Poco después de nacer Lola, un buen amigo me preguntó cuál sería el principal deseo que pediría para ella y fue la independencia, es decir, que se responsabilice de su vida con energía y seguridad y nunca dependa de su profesor, su novio, su grupo de amigos o, por supuesto, de mí.

Siempre que tengas que elegir entre cumplir tus obligaciones, tus deberes o tus responsabilidades, elige la última opción. Ser responsables con nosotros mismos es lo que nos permitirá construir una vida en la que podremos ayudar al resto. Mientras tanto, como diría Dylan, seremos polvo en el viento que acaba debajo de una apisonadora.

Sé la apisonadora y disfruta el camino. Las alternativas siempre serán peores.

PD: si te ha gustado este post, puedes apuntarte a mi lista y te avisaré cuando publique el próximo: http://eepurl.com/h-O2lf. 100% spam-free garantizado.

Deja un comentario

Subir ↑

Descubre más desde El blog de Luis Gosálbez

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo