Canción del domingo: Why worry (Dire Straits)

Último domingo del primer mes del séptimo año de la tercera década del siglo XXI. 25 de enero de 2026. Si lo de año de nieves, año de bienes es cierto, éste es el nuestro, amigos.

Dicen que la vida de un emprendedor es una montaña rusa permanente, repleta de subidas y bajadas, loops y, muy de vez en cuando, un ratito de calma o de gloria, como cantaba Kiko Veneno.

Mis últimos doscientos meses están siendo uno de los períodos más retadores de mi vida, desde cualquier ángulo desde el que lo analices. Y eso no tiene por qué ser malo.

Hay gente a la que le gusta vivir en paz, que se siente cómoda con sus rutinas y sabiendo exactamente qué va a pasar durante los siguientes días, meses y años, sin sobresaltos. A veces también pienso que podría vivir así.

Pero, entonces, pasa algo que hace que el suelo desaparezca debajo de mis pies. Miro alrededor y todo ha cambiado, menos yo mismo.

Supongo que lo normal en estas circunstancias es entrar en pánico. Sin embargo, lo que me viene a la cabeza es esta imagen:

Cuando las cosas vienen mal dadas, es cuando demuestras la pasta de la que estás hecho.

Puedes negar la realidad. Puedes irte a una esquina y echarte a llorar. Puedes echarle la culpa a otros o al mundo, o pensar que tú te mereces algo mejor o que ya has soportado suficiente. Puedes hacer lo que quieras o lo que necesites, porque cada uno reaccionamos como podemos, no necesariamente como queremos.

Y también puedes coger tu mochila, respirar hondo y ponerte en marcha. No siempre es fácil y vas a necesitar un plan antes de echar a andar, porque muchas veces no tienes referencias de dónde estás ni adonde quieres ir.

¿Sabes qué es lo que no funciona nunca?

Preocuparse.

A ver, entiéndeme.

La preocupación forma parte de nuestros mecanismos automáticos de defensa, igual que el estrés o apartar la mano de una superficie caliente.

El instinto que hace que te preocupes está grabado en nuestros genes. Es tan normal, tan humano y tan lógico como inútil.

Lo cual no impide que el peor consejo que puedes darle a alguien a quien se le ha caído encima un piano de cola desde un quinto piso sea “no te preocupes”.

Qué estupidez.

Si fuera tan fácil.

Decirle que no se preocupe a alguien que está muy preocupado es como decirle a alguien que tiene un herpes que no lo tenga.

Qué buena idea. Claro, pues no me preocupo y ya está. No lo había pensado, eh, muchas gracias.

En un libro que leí hace muchos años, un psiquiatra le recomendaba a un paciente muy ocupado que concentrase toda su preocupación durante 5-10 minutos al día. En esos momentos, tendría que estar preocupado al máximo, 10 sobre 10. A cambio, el resto del día no podía preocuparse por nada.

Esa imagen me sacó una carcajada, seguramente porque yo mismo estaba muy preocupado en ese momento, y me ayudó a visibilizar lo absurdo que es pasar horas y horas encerrado en un bucle, sin hacer nada al respecto.

Entre preocuparte y hacer cosas, elige siempre hacer cosas.

Veintitrés años después de lanzar mi primera startup, he aprendido algunas cosas sobre resiliencia; una de ellas es que todo pasa, queridos.

Todo.

También los momentos buenos y por eso hay que aprovecharlos.

Así que la canción del domingo 25 de enero de 2026 es Why worry, de Dire Straits.

There should be laughter after pain
There should be sunshine after rain
These things have always been the same
So why worry now

Why worry es una nana muy melódica pero, reconozcámoslo, un poco simplona. Ni la música ni la letra pasarán a la historia, pero en conjunto, funcionan.

He elegido esta canción porque ayer la escuché en directo, interpretada por Brothers in Band, una de las mejores bandas tributo de Dire Straits que existe en la actualidad. Si te gusta el grupo de Mark Knopfler, no te los pierdas.

Los escuché por primera vez el año pasado y me pasé las dos horas del concierto con la piel de gallina, porque hasta ese momento no me había dado cuenta de lo importante que ha sido la música de Dire Straits en mi vida.

Me vi a mismo en la casa de mis padres en Alcoy, con 16 años, escuchando una y otra y otra vez una cinta con Making Movies y el CD del directo On the Air; reviví la frustración, la ilusión y la adrenalina propias de esa época y la sensación de que nadie más conocía o entendía esas canciones ni lo que yo estaba viviendo entonces.

Hasta ese momento, Dire Straits formaba parte de mi fuero interno. No había hablado con nadie sobre ellos, sobre las veces que había cantado y tocado sus canciones.

Durante treinta años Dire Straits (junto con otros tantos grupos que han pasado por esta sección, que es la suya, joven, y lo que te rondaré, morena) habían sido mi fórmula secreta, mi magdalena de Proust, mi habitación del pánico frente al reto de crecer.

Y, de repente, te encuentras en un teatro, con más años que un bosque, rodeado de carcamales como tú, escuchando a un italiano calvo y no demasiado alto que, si cierras los ojos, no serías capaz de distinguir del propio Knopfler, a quien le horrorizaba tanto Why Worry que, durante su grabación llegó a referirse a ella como “Why Bother”.

Si hoy, tan cerca de mis cincuenta años, apareciese un genio y me ofreciese la posibilidad de conseguir tres deseos, uno de ellos sería que Lola siempre tenga la capacidad de ver el otro lado de la valla cuando la preocupación la embargue.

Qué difícil es mantener la mirada limpia y la cabeza alta cuando estás en mitad de la tormenta.

Pero, como dice la canción, después de la lluvia vendrá el sol y habrá risas después del dolor, porque todas las cosas pasan siempre de la misma forma.

Así que no te preocupes por preocuparte.

Esto también pasará.

Que tengas un domingo fantástico, casi tanto como el que te mereces.

PD: como siempre, más adelante tienes mi lista con todas las canciones del domingo, en orden cronológicamente inverso.

PD II: si te ha gustado este post., puedes apuntarte a mi lista y te avisaré cuando publique el próximo: http://eepurl.com/h-O2lf. 100% spam-free garantizado 

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