Turismo tecnológico

Hace poco encontré una caja sin abrir de mi último traslado, en la que había más de doscientas acreditaciones de eventos (badges) a los que había asistido durante los últimos 20 años.

Llamadme Diogénes. Si lo llega a ver K, le pega fuego.

Me encantó recordar algunos eventos que, en su día, fueron una gran referencia, como la Red Innova o el Evento Blog España (EBE) y otros congresos, ferias y reuniones varias a las que he asistido por todo el mundo.

Encontré mis cinco badges de Slush (Helsinki) y un montón de acreditaciones de 4YFN y South Summit, además de pases de eventos en San Francisco, Las Vegas, París, Lisboa, Hannover, Bruselas, Shanghai, Dublín, Londres, Frankfurt y muchos otros sitios que me ha encantado conocer.

Recordé cuando estuvieron a punto de ametrallarnos en Jerusalén cuando, llegando al evento anual de OurCrowd, el navegador nos metió en una calle en sentido contrario. Allí no están para estupideces.

Todas las cosas buenas que me traje de Liverpool en 2007.

La vez que, en una charla organizada por la Comisión Europea en Milán, respondí en italiano a una pregunta de la directora de la oficina de patentes y marcas, sin tener ni idea de italiano, claro. Por lo que sea, no volvieron a invitarme.

La portada del periódico de Chengdu en la que aparecí con mi traductora explicando que en España también había empresas tecnológicas, en Chinasoft 2008. Al día siguiente, Sabrina me dijo que les había sorprendido mi pelazo y que llevase bufanda.

Un tipo de un pueblo de Valencia al que me encontré en el aeropuerto de Shanghai intentando rellenar el formulario de aduanas y que, no sólo no hablaba Chino, ni inglés, sino que apenas hablaba español. Lo último que supe de él, hace un par de años, es que tenía un equipo de más de 20 personas en China y había expandido su negocio por 6 países del sudeste asiático.

Si él pudo hacerlo, querido, tú ya estás tardando.

Os contaría también lo de Puerto Rico, pero después tendría que mataros, así que vamos a dejarlo aquí.

Me viene todo esto a la cabeza porque dentro de unos días salgo hacia Doha con K para asistir a Web Summit Qatar y, mientras preparaba la agenda con la gente del ICEX, me acordé de cuántas veces he repetido esta liturgia. Maleta, acreditación, pasaporte, app, agenda, reuniones, Ubers…

La diferencia entre asistir a un evento y hacer turismo tecnológico es muy pequeña y consiste en preparar bien las cosas muchas semanas antes de meterte en el avión.

Te cuento algunas claves que a mí me han ido bastante bien a lo largo de estos años.

Lo primero es definir tu objetivo: ¿Vas a buscar clientes? ¿Quieres prospectar el mercado para ver si es interesante para ti? ¿Necesitas partners o un canal de distribución? ¿Hay alguien en particular con quien quieres hablar?

Si piensas que vas a cerrar una venta en un evento, probablemente te equivocas. Casi todo el mundo va a vender y los que quieren comprar suelen estar mirando (como en las tiendas de ropa), al menos durante el evento. Además, tu competencia estará también allí, luchando por la atención de tus potenciales clientes.

Yo nunca he ido a un evento a vender, sino a construir relaciones con gente con la que puedo hacer negocios más adelante.

El segundo error es pensar que vas a reunirte con alguien si no has concertado la cita varios días o semanas antes. Desde hace muchos años, las apps de los eventos te permiten organizar tu agenda y proponer reuniones a las personas o representantes de empresas que te interesan, así que más te vale familiarizarte con ella.

Algo que casi todo el mundo hace mal es pensar que el evento acaba cuando vuelves a casa y deshaces las maletas. En ese momento es realmente cuando empieza la magia, porque tienes que hacer seguimiento de todos los contactos que has hecho y empezar a nutrir esa relación para que se convierta en la red que necesitas para tu negocio. Sin prisas. Algunos de los mejores proyectos en los que he participado han surgido hasta 5-6 años después de conocer al cliente, el partner o la persona que me ha propuesto la oportunidad.

Otro tema importante son los eventos fuera del evento. Casi todos los negocios interesantes nacen en desayunos, comidas y cenas fuera del escenario principal. La última vez que fui a Web Summit en Lisboa ni siquiera llevaba acreditación, porque el evento era inabarcable y las cosas interesantes sólo pasaban fuera del recinto.

Hay eventos a los que vas por la temática, otros por la gente a la que quieres conocer y otros (los menos), a los que vas a aprender y descubrir charlas o contenidos inspiradores. Y más te vale que decidas pronto cuál va a ser tu prioridad, porque es posible que acabes sin hacer bien ninguna de las tres cosas.

Un buen mix de las tres es Slush, mi evento favorito, al que llevo un buen puñado de años asistiendo con K.

Y ése es mi último consejo: decide con quién asistes. Es muy duro pasar varios días solo en un evento lejos de casa. Y casi más duro hacerlo con la persona equivocada.

A mí me encanta viajar con K, hemos estado juntos en medio planeta, primero como compañeros de trabajo, luego como socios y ahora como todo. Nos organizamos y distribuimos el trabajo bastante bien y juntos cubrimos todos los flancos.

También he viajado dentro de misiones comerciales de varias embajadas, del ICEX, IVACE o Acció. Aunque hacen un muy buen trabajo para ayudarte a desembarcar en estos países, sólo cubren la primera milla, así que el resto del camino tienes que caminarlo tú solito.

Tras la pandemia, ha vuelto a explotar la industria de los eventos y vuelve a haberlos por todo el mundo, así que necesitas una estrategia y un calendario para decidir a cuáles asistes y por qué.

En mi caso, desde hace unos cuantos años, sólo voy a eventos en los que tengo algo interesante que hacer, porque imparto una charla o me han invitado a un side event al que me apetece mucho asistir. Hace un par de años que no piso South Summit ni el MWC/4YFN y este año me pasé por el VDS para saludar a un par de amigos que venían de EEUU.

Hay momentos y momentos, claro.

Me encanta viajar y asistir a un buen evento es una forma única de conocer a gente interesante y abrir tu cabeza, cuando llevas mucho tiempo encerrado en la cueva y necesitas nuevas ideas.

Viaja, aprende y experimenta pero, sobre todo, no seas un turista tecnológico. Tu negocio no se lo puede permitir.

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