100 meses de independencia

Desde que nació mi hija Lola, mi primer -y casi único- deseo para ella es que siempre pueda ser independiente.

Que no dependa de su pareja, ni se vea forzada a trabajar con un jefe imbécil, que no se deje influir más allá de lo razonable por sus amigas, ni por mí ni por nadie.

En el segundo cuarto del siglo XXI, la independencia, entendida como la capacidad de ser autosuficiente y de generar tus propios recursos de la nada, es uno de los valores que debemos defender a toda costa.

No tenemos ni idea de cómo va a ser el mundo dentro de unos años, pero nadie duda de que va a producirse un terremoto en la mayoría de ámbitos sociales y profesionales

En este contexto, es imprescindible aprender a detectar oportunidades, ser flexible y no esperar a que otras personas te solucionen los problemas.

Liderar tu propia vida y ser capaz de adaptarte a las circunstancias todas las veces que sea necesario.

Ser independiente no implica una condena al ostracismo o a la soledad, sino ser capaz de detectar cuándo una relación o una situación no es buena para ti o te aparta de tu propósito.

Ésa es la base de todo: ser capaz de definir tus objetivos y trazar el camino que te va a permitir cumplirlos.

Pronto Lola cumplirá sus primeros cien meses de vida y por eso llevo unos días reflexionando sobre cómo puedo acompañarle en esta misión.

De momento, he hecho algunas cosas que requerían de un poco de planificación.

Por ejemplo, al nacer le abrí una cuenta en un fondo indexado en la que voy aportando cantidades muy modestas todos los meses, pase lo que pase.

Empezar con un pequeño colchón para poder elegir qué quieres estudiar o dar la entrada para un piso te permite tomar mejores decisiones. Y mi coste mensual es ridículo. Es la magia del interés compuesto, que requiere más constancia que esfuerzo económico.

También contraté un seguro de vida y de decesos. Cuando no esté, no quiero ser una carga para ella.

Hace dos años creamos una marca y una web a partir de una frase que repetía todos los días y ya hemos hecho unas cuantas ventas, cuyos ingresos van directamente a su fondo. Justo ahora la estamos cambiando, cuando la actualicemos te la compartiré por aquí.

Desde hace unos meses, cada vez que la meto en la cama, antes de leerle un cuento hablamos un buen rato sobre cómo le ha ido an ella el día y a mí mis empresas.

Le genera muchísima curiosidad el funcionamiento de los distintos tipos de negocio. Esta semana, por ejemplo, nos hemos centrado en Descorchify: de dónde sale el vino, quién lo envía, cómo lo pagan los clientes, por qué sólo vendemos vino, esas cosas.

Poco a poco, ves cómo las piezas van encajando en su cabeza.

Clac, clac, clac.

Qué es un proveedor. Por qué algunas empresas venden a otras empresas y algunas empresas venden directamente a las personas. Los medios de pago, Las comisiones. La diferencia entre ingreso, margen y beneficio (esto le ha costado un poco más). Por qué hay que invertir al principio para arrancar un negocio y por qué hay que ahorrar y no gastar todo el dinero en estupideces.

No espero que nadie le explique esto en clase. Es increíble cómo nos entrenan para depender de terceros desde muy pequeños.

Ojalá Lola no pase por el aro. Ojalá, cuando tenga que tomar decisiones, apueste siempre por ella. Ojalá aprenda pronto que el equilibrio está dentro de nosotros, no en los demás.

Pese a su cortísima edad, ya ha aprendido a sobrevivir, a adaptarse y cuidar de otros y de sí misma.

Cuando las cosas van mal, sólo quedas tú para solucionarlas. Y si no estás bien contigo mismo, es imposible que ayudes a la gente que te importa.

Esta vez, no te deseo suerte, Lola, sino determinación.

Vamos a hacer que el viaje valga la pena.

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