
Tener un trastorno, de cualquier tipo, está de moda. Hemos pasado de condenar y penalizar a las personas con dificultades y trastornos severos de la conducta a querer ser como ellos.
Incluso llegamos a inventar nuevas patologías o nos autodiagnosticamos, muchas veces para justificar nuestra falta de talento, de resiliencia o de capacidad de esfuerzo.
Seguro que has escuchado a alguien decir cosas como “esto me da TOC” o “seguro que tengo un TDAH no diagnosticado”.
Que seas un vago, un torpe o un inútil funcional no significa que sufras una enfermedad o una patología clínica. A veces, simplemente, no das para más y el día que Dios repartió la inteligencia y el talento, tú te quedaste en la cama durmiendo.
Tomemos un ejemplo: el citadísimo Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad o TDAH. En el año 2005, se estimaba que su prevalencia en la población infantil se encontraba entre el 5% y el 7%. En 2025 estas cifras se han duplicado.
Hay muchos factores relacionados con el incremento de la prevalencia y no todos se explican por razones sociales o ambientales. La mejora de los medios de diagnóstico y la concienciación de todos los agentes del sistema educativo tienen un papel decisivo.
Se estima que alrededor del 65% de los casos de TDAH -diagnosticado o no- en la infancia se mantienen vigentes con la edad adulta. De hecho, alrededor del 5% de los mayores de edad continúan teniendo síntomas, porque nadie les ha explicado en qué consiste todo esto.
Es un montón de gente, pero no suficiente para explicar que ahora todo el mundo se quiera subir al carro del TDAH para justificar sus movidas, porque sufrir una patología como ésta no es ninguna tontería y romantizarla no ayuda a los que realmente la padecen.
El TDAH es trastorno del neurodesarrollo que se caracteriza por un patrón persistente de inatención, hiperactividad e impulsividad, que interfiere significativamente con el funcionamiento o el desarrollo de los afectados.
Además, tiene un fuerte componente genético, por lo que si tienes antecedentes de gente difícil en tu familia, con resistencia a la autoridad, impulsividad e incapacidad para cumplir sus objetivos, háztelo mirar.
No es algo que podamos tomarnos como una broma.
El número de casos diagnosticados con TDAH en mi entorno ha explotado durante los últimos 2 años. Para ellos no es una justificación, realmente llevan décadas sufriendo esta patología.
Entender cómo funcionan sus cerebros y los mecanismos que desencadenan determinadas reacciones y conductas les está ayudando a aceptarse, incluso a perdonarse por no ser como los demás.
Al ver que esta explosión de prevalencia de TDAH se concentraba de forma más intensa entre mis amigos emprendedores, empecé a sospechar que existía algún tipo de correlación entre ambos factores.
Lo que desconocía es que este fenómeno ha sido objeto de estudio desde hace años.
Uno de los estudios más citados (ADHD-like behavior and entrepreneurial intentions), fue publicado en enero de 2015 y entre sus conclusiones, explica que la intención emprendedora es más elevada entre las personas con síntomas de TDAH porque los efectos del trastorno y las limitaciones que provoca en las personas que lo sufren, les llevan a preferir un entorno profesional independiente, con una aversión al riesgo muy baja.
A lanzarse a la piscina sin ver si hay agua dentro.
A dejarlo todo en cuanto alguien se acerca tocando las palmas.
A empezarlo todo y no terminar nada.
Ya sabes a lo que me refiero.
¿Te sientes reflejado? Es muy probable que hayas desarrollado algunos de los síntomas característicos del TDAH sin sufrirlo. Y, además, hay varios subtipos, con efectos muy diversos en tu rendimiento.
La correlación entre TDAH y emprendimiento ha sido contrastada y ratificada en numerosos estudios.
En algunos de ellos, se ha detectado que un TDAH subclínico (existen síntomas, pero no un diagnóstico claro) puede ayudar a enfrentarse a los retos característicos del emprendimiento.
En otros, sin embargo, se constata que el pronóstico de los proyectos liderados por personas con TDAH es peor que el de otros perfiles. Es decir, que los afectados por este trastorno tienen más probabilidades de elegir emprender, pero sus condiciones mentales hacen que fracasen con más frecuencia (how childhood ADHD-like symptoms predict selection into entrepreneurship and implications on entrepreneurial performance)
Si te paras a pensarlo tiene sentido: no es que exista una prevalencia de personas con TDAH entre los emprendedores, sino que, si tienes este trastorno, es probable que encajes mejor aquí que en cualquier otro sitio.
Está distribución es resultado casi inevitable de la entropía: las personas con características similares, tienden a agruparse en grupos afines. Y el colectivo emprendedor -por llamarlo de alguna forma- reúne todos los incentivos necesarios para atraer a los adultos con dificultades de atención y una capacidad de ejecución superior a la media, aunque no siempre sean capaces de dirigirla en la dirección adecuada.
Al juntar los puntos, empezamos a entender mejor la foto.
En un post que publiqué hace un par de semanas (jugar a emprender), explicaba que el 25% de las nuevas empresas desaparece durante el primer año y el 60% de las empresas no supera los 5 años de vida. La esperanza de vida para las pymes españolas se sitúa en los 11 años de media. En el caso de las startups, sólo 1 de cada 7 se consolida durante los primeros 3 años de vida, el 80% se queda sin caja antes de generar ingresos y el 90% no llega al punto de equilibrio antes de cerrar.
No es cierto que la mayoría de emprendedores sean trastornados, pero sí que muchas personas que sufren trastornos tienden a encontrar refugio en el emprendimiento y esa impulsividad, el caos como lugar de trabajo, junto con otros factores que analizamos en aquel post, generan la tormenta perfecta.
Por eso es tan importante crear equipos balanceados, con distintos perfiles y capacidades complementarias.
La ejecución desatada y el hiperfoco pueden resultar útiles en determinados momentos y posiciones, pero matan compañías enteras si no están compensadas con perfiles más analíticos y estables, que sean capaces de aportar perspectiva, continuidad y algo de estrategia.
Al final, la respuesta a casi todas las preguntas siempre es el equipo.
De momento.
Que tengas un gran día.
Deja un comentario