
Primer domingo del séptimo mes del séptimo año de la tercera década del siglo XXI. 5 de julio de 2026 o 35 de junio, si os gusta más. Ya no hay sayos que valgan, estamos en pleno verano, y madre mía lo que nos queda por delante, amigos.
Este fin de semana he estado reflexionando muy fuerte sobre lo que significa ser libre. Y no me refiero a hacer lo que te da la gana todo el rato. O sí. Pero no.
Nadie hace siempre o sólo lo que quiere, no por falta de ganas o de recursos, sino por los condicionantes que acabamos naturalizando como parte inextricable de nuestra experiencia personal.
Por ejemplo, nos gusta comer o vestirnos y para eso hay que currar e ingresar pasta de vez en cuando, aunque preferirías estar haciendo cualquier otra cosa. Y, no sé, tenemos hijos, o padres, o empleados, o jefes que seguro que tienen algo que decir sobre nuestra agenda.
Pero -y esto es lo importante- nunca olvides que tu agenda es tuya. Cuando la compras, pones tu nombre en la primera página y te lanzas a escribir en ella.
No se la sueles enseñar a nadie, ni dejas que otras personas arranquen páginas o se pongan a escribir alegremente, porque, recordémoslo una vez más,
ES
TU
PUTA
AGENDA
Nadie quiere que otros manejen su agenda, pero tú estás dejando que los demás decidan qué vas a hacer mañana por la noche o el próximo fin de semana, la comida de los domingos, tus regalos de cumpleaños o la ropa que te pones para ir a trabajar.
Ja.
No te dejes. No merece la pena. Al llegar al final, todo el mundo se arrepiente mucho más de las cosas que no ha hecho que de las decisiones que ha tomado.
La primera parte la entendemos todos: para ser libre, has de poder tomar tus propias decisiones.
Qué fácil y qué difícil, eh.
Venga, vamos a asumir que sabes lo que quieres, tienes clara la dirección en la que quieres avanzar y, por tanto, eres capaz de tomar decisiones informadas y razonables. Es mucho suponer pero tampoco tenemos todo el día, y tenemos unas cuantas cosas sobre las que hablar tú yo.
Lo que olvidamos muchas veces, por lo que sea, es que tomar decisiones implica hacerte responsable de las consecuencias de tus actos. Y en esta segunda guerra hay mucho objetor de conciencia.
Porque ser libre es mucho más que un acto egoísta de voluntad. Es el ejercicio de una potestad que nos dieron al nacer y a la que renunciamos durante toda nuestra vida por circunstancias que, a veces, entendemos, y otras heredamos.
Estamos tan poco acostumbrados a ser libres que, cuando llega el momento de la verdad, no sabemos qué demonios hacer con esa libertad. Y en ese momento, tras analizar las nuevas posibilidades que se abren ante nosotros, acabamos encerrándonos de nuevo en nuestra jaula, esta vez por decisión propia, porque -ay, amigos- fuera hace mucho frío.
Cuando le comuniqué a mi primer jefe que quería irme del despacho para montar una startup, se me quedó mirando con cara de incredulidad y me dijo exactamente esas palabras: “ahí fuera hace frío”. También me recomendó que me lo pensara bien, porque no es lo mismo ser el piloto kamikaze de un monoplaza que disfrutar confortablemente de un vuelo tripulado.
Este año se cumplirán 23 primaveras de mi primer vuelo suicida y desde entonces no he dejado de elegir surcar los aires yo solo, siempre que he tenido la oportunidad de hacerlo.
Porque ser libre no significa necesariamente estar solo o renunciar a vivir en equilibrio con los demás. Todo lo contrario.
Esto no va de dejar cadáveres en las cunetas, ser un narcisista insoportable o pisotear a los demás por tu propia conveniencia.
Si quieres decidir tu propio plan de vuelo, has de aprender a mirar alrededor y respetar a quienes disfrutan estando esposados al asiento, porque -qué suerte- esta vez les ha tocado una ventanilla a través de la cual pueden ver amanecer mientras la vida se les escapa de las yemas de los dedos.
El respeto es el primer escalón de la libertad. Los siguientes, los eliges tú.
Parece fácil ¿verdad? Pues no lo es, ni un poco. Por eso, la libertad no se tiene, se gana con esfuerzo y, llegado el momento, se disfruta aún más sabiendo lo que ha costado alcanzarla.
Conozco a muy pocas personas verdaderamente libres y la mayoría de ellas tienen trabajos estresantes o circunstancias personales complicadas.
Por eso, si vas a recorrer hoy este camino conmigo -ojalá sea así- olvídate de casi todo lo que crees saber sobre la libertad.
Da igual que seas funcionaria, empresario, agente de seguros, autónomo, ama de casa o un tarugo de dimensiones siderales. La libertad no te la da la pasta, ni una situación personal que un tercero pueda interpretar como más o menos sencilla de gestionar.
Nelson Mandela pasó 27 años en la cárcel y hoy, todo el mundo lo recuerda como una referencia de lo que significa ser libre.
Epicteto, uno de los padres del pensamiento estoico, vivió muchos años como esclavo y aún así fue capaz de hablar mejor que nadie sobre la libertad y la importancia de responsabilizarnos de nuestros propios actos, ya que los fenómenos externos están fuera de nuestra línea de acción.
Si un preso y un esclavo son dos de los mejores ejemplos de personas libres de la historia, ¿qué demonios estás haciendo tú con tu vida? O, mejor dicho, ¿por qué te sientes tan cautivo de tus circunstancias, cuando podrías estar tomando decisiones?
Esperar al momento en que todo sea perfecto es la mejor receta para tener una vida mediocre, en la que casi cualquier persona de tu entorno está capacitada para intervenir en tu destino.
Así que deja ahora mismo de regalar trocitos de tu vida a personas que no los van a valorar, porque están demasiado ocupados echándole la culpa a los demás de sus miserias.
Por todo esto -y por unas cuantas cosas más- la canción del domingo 5 de julio de 2026 es Libertad, de Nil Moliner.
Soy como el aire que va a toda velocidad
Sólo estoy yo y mi caminar
Soy como el cielo que revienta de repente
Una explosión, una bomba nuclear
Soy como el aire que revienta contra el mar
Y va gritando contra el viento
Rompiendo todos los esquemas de mi piel
Una expresión de euforia y libertad.
El viernes -hace dos días, por si eres de los que utiliza la calculadora o le pregunta a ChatGPT cuánto son 5 menos dos- estuve escuchando a Nil Moliner en el festival La Marineta de Denia, y todavía tengo los pelos como escarpias.
Por cierto, enhorabuena Jorge y Fátima y a todo Peculiar. Qué maravilla de festival y qué orgullosos tenéis que sentiros de lo que estáis consiguiendo, frente a todo y frente a todos. Esto también es ser libre y demostrarlo. Seguid así y recordad que contáis con mi hacha.
Volviendo a Nil, qué bien y qué fácil lo hace todo. Qué envidia y qué suerte estar ahí para disfrutarlo.
Es imposible que este tipo te caiga mal. Su último trabajo es una locura, ha dado un triple salto mortal con tirabuzón y ha caído de pie y sonriendo, como los Vengadores, pero con gorra.
Y encima, todo lo que hace sobre el escenario es -o parece- de verdad. Es cierto que se tira un poco el pisto con las intros de algunas canciones porque hay que tener a la parroquia contenta, pero todo lo que transmite con su voz, con sus bailes y sus saltos y la energía incontenible con la que lo hace todo es auténtico, una explosion de júbilo que te contagia aunque no te lo esperes, o de forma especial si no te lo esperabas.
Gràcies, Nil, ets encara més gran fora de l’escenari. Tant de bo tornar a escoltar-te i veure’t ben aviat!
Además de Nil Moliner, en el festival actuaron varios DJs, Mafalda Cardenal, Quinto, Nebulossa y, por supuesto, Fangoria.
Ay, Fangoria.
Ya comenté hace un par de años por aquí el concierto al que asistí en Sitges al final de la pandemia y la juerga que se montó a pesar de los esfuerzos de la organización por mantener las formas: Momentismo absoluto.
Olvido es una reina. Lo hace todo bien. Y Nacho sigue demostrando por qué sigue siendo el pope de las bases electrónicas en nuestro país y mucho más lejos de él.
Y son tan libres como se puede ser.
Con estos ejemplos en la cabeza, y como bien nos preguntaba en su primera novela mi adoradísima Laura Ferrero, vete pensando bien qué quieres hacer con el resto de tu vida. Si hasta ahora no te habías planteado la posibilidad de ser libre, quizá ha llegado el momento que estabas -o no- esperando.
Hagamos que el camino valga la pena.
¡Que tengas un fantástico final de domingo!
PD: como siempre, puedes escuchar mi lista de reproducción en Spotify, con todas las canciones del domingo hasta la fecha, a través del siguiente enlace:
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