Antes de empezar a escribir este post, he estado revisando las fotografías que hice con mi cámara ayer por la tarde/noche y, al crear la carpeta «Boda de Santi y María», me ha invadido una sensación agridulce. Después de muchos meses de espera, ya ha pasado la primera boda macanuda del 2006, y el recuerdo de la TODO lo que pasó ayer es muy positivo, agradable, incluso familiar. Pero también queda la sensación de que el tiempo pasa muy rápido y que no espera a nadie. Y eso, aunque no tiene nada que ver con la boda en sí, ya me gusta un poquito menos…

El hecho es que, tras una despedida memorable, un montón de cenas, comidas y mil cosas que se quedan dentro de la caja, ha pasado el 16 de septiembre y Santi y María se han casado como Dios manda (nunca mejor dicho). Lamento no tener ninguna foto de la pareja para ilustrar el post, pero seguro que vendrán más adelante.
La boda se celebró en la iglesia de los Salesianos de Alcoy. Como mandan los cánones, los amigos de Santi (los macanudos y unos pocos más) estuvimos por la tarde vistiéndole en su casa en compañía de su familia. Me guardo las fotos más íntimas, pero hay alguna, como la que ilustra este párrafo, que da cumplida cuenta de cómo se desarrollaron los preparativos.

Antes de partir hacia la iglesia, estuvimos a punto de perder a uno de los nuestros -Jordi- con la traca que tiramos cuando bajó el novio, pero todo se saldó con un susto de narices y una mano de goma, como la de Moiso cuando se olvidó de tirar un petardo porque pensaba que ya había explotado… Podéis ver el vídeo de la traca, con Jordi saltando al principio y frotándose la mano al final, siguiendo este enlace.

La ceremonia discurrió ágilmente, para lo que suelen ser estos sacramentos. El cura fue directo al grano, como procede, y la música estuvo a la altura de las circunstancias. Más tarde, durante la cena, todos reconocimos en privado haber estado a punto de soltar una lagrimita, aunque muchos seguro que, pasadas unas horas, lo negarán.

Un detalle que todo el mundo comentó fue una coña del cura, que dijo que pensaba que el novio se había multiplicado; ciertamente quince personas vestidas con el mismo chaqué son suficientes para desorientar a cualquiera.

Realmente, me gustó que, como ya hiciéramos en la boda de Mauro, todos los testigos fuésemos vestidos igual -aunque alguno se bajara del tren en contra del deseo del novio, que nos regaló las corbatas-; desde luego, el recuerdo es ciertamente bonito, y la imagen de la celebración también. No creo que la forma de vestir sea una cuestión de ideología, sino de oportunidad, y en estas circunstancias me parece una idea bonita y apropiada. Vamos, a tener en cuenta de cara a un futuro muuuuy lejano… 😉

La cena -convite, banquete, cada uno que le llame como quiera- se celebró en la llum, el restaurante del hotel AC de Alcoy y, en mi opinión, rayó a un nivel muy alto. De acuerdo, no soy objetivo ni pretendo serlo, pero reunir a más de 300 personas en un restaurante y darles de cenar a todos no debe ser cosa fácil, digo yo… Lo mejor, en todo caso, la compañía, los amigos reencontrados y las anécdotas de la cena. Compartí mesa con Borja, Marta, Emilio, Edurne, Jordi, Lorena y, por supuesto, con Gemmurrín.

Tras la cena, los novios bailaron al son de «I’ve got you under my skin«, en versión dueto (Frank Sinatra y Bono, de U2), en lo que me pareció una variación muy interesante del clásico Vals, y de ahí a las copas sólo quedaba un pasito. La noche acabó en la llum con una clásica actuación (estaba en la carni…) con los macanudos al micrófono -la foto ilustra este momento- y finalmente nos fuimos al pub lemnos, donde Santi y María nos habían preparado una sorpresita: la segunda barra libre de la noche.

La verdad es que fue una boda absolutamente memorable, repleta de recuerdos, anécdotas, reencuentros y sensaciones agradables, que nos ha dejado a todos un buen sabor de boca. Mientras escribo este post he recibido varios mensajes y llamadas de distintos macanudos «comentando la jugada» y evocando momentos que, como siempre, nos quedarán grabados en un rinconcito de la memoria.

Dentro de tres semanas, de oca a oca y tiro porque se casa Moisés, y en cerca de dos meses, le toca a Juan. En febrero se casa Yorch y me temo que no será la única boda de 2007, porque hay algunos que callan mejor que hablan.

En cualquier caso, mi más cálida y afectuosa felicitación a los novios -que no leerán esto hasta que vuelvan de los Estados juntitos- y mi agradecimiento por el esfuerzo que han desarrollado para que todo fuese genial.

El resto seguimos para bingo.

La boda de Santi
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Un pensamiento en “La boda de Santi

  • 19 septiembre, 2006 a las 14:57
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    No negaremos el echo de que, a los que entendemos el significado de la palabra «amistad» de una manera especial, cuando un amigo se casa sentimos una aflicción que acanza su punto máximo -pese a que muchos lo negamos- cuando tiene lugar la ceremonia, ese momento en el que no podemos evitar que se nos salga alguna lagrimilla. Tenemos la sensación de que perdemos a un amigo, y sentimos celos sanos de esa persona con la que ha decidido compartir el resto de la vida. A partir de ese momento, la realidad es que no perdemos a nadie, pero todo cambia… Sabemos con antelación que estos será así,y haciendo un esfuerzo de abnegación lo aceptamos, decidiendo pasar junto a la persona que se casa, el máximo tiempo posible. Leyendo el texto de Luis, no he podido pensar en el día en que yo me encuentre en la misma situación, y vive Dios que no sé si es lo que marca la tradición- y eso que me he posicionado siempre como un amante de las tradiciones- pero cuando llegue ese día espero estar rodeado hasta el último minuto de la gente que más aprecio, pues pienso que ese es el mayor obsequio que se le puede hacer a un amigo que se casa. Este tipo de rituales son el exponente máximo de las RRAVA, reuniones de Altor Valor Añadido, de las que al final, cuando empieza la barra libre ya nadie se acuerda… Enhorabuena Santi!

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