Petronas

La primera parada de mi tercer gran viaje por Asia –el segundo con Gemma y por la zona Asean– ha sido Kuala Lumpur, la capital de Malasia, un país bastante reciente –el año que viene se cumplirán 60 de su independencia del Reino Unido- con más de 25 millones de habitantes y oficialmente musulmán.

Cuando le expliqué mis planes a mis amigos hace un par de meses me dijeron que me iba a aburrir como una ostra. ¿Cuatro días en Kuala Lumpur? ¡Pero si no hay nada que hacer allí salvo ver las Torres Petronas y un par de parques y templos!

Nada más lejos de la realidad. Ahora estoy en una avión camino de Yogyakarta en la isla de Java (Indonesia) y sólo pienso en todas las cosas que me han quedado por hacer.

Es cierto que Kuala Lumpur no destaca por sus atracciones turísticas. De hecho, ni siquiera llegamos a subir a las Torres Petronas y optamos por su hermana mayor, la Torre (Menara) KL, que tiene unas vistas increíbles y un par de miradores con suelo de cristal que te quitan la respiración.

Kuala Lumpur es una ciudad para disfrutar caminando y comiendo. En cierto sentido, y salvando las enormes diferencias que hay entre ambas, KL me genera sensaciones parecidas a Bruselas, una ciudad que a casi nadie le gusta pero a que mí me fascina por la mezcla de culturas, religiones y formas de vida que amalgama.

Si atendemos a la estadística, sólo el 50% de la población de Malasia es local. El resto son inmigrantes de otros países asiáticos, entre los que destacan los chinos (casi un cuarto de la población) y los indios. De hecho, la proliferación de la población china estuvo a punto de provocar un cambio de gobierno en las elecciones de 2013.

Aunque me hubiese encantado conocer más cosas de Malasia, como las Perenthians o el parque Taman Negara, el tiempo es oro y nos hemos limitado a visitar KL, por ser uno de los principales hubs para viajeros del sudeste asiático junto con Bangkok y Singapur.

Lo primero que me sorprendió de KL es lo enorme que parece todo: la ciudad abarca un área gigantesca rodeada de selva y contiene grandiosas zonas verdes llenas de palmeras, lagos e, incluso, un campo de golf. El skyline desde el aire es asombroso por la cantidad de rascacielos, torres y edificios descomunales de oficinas y viviendas que se distribuyen por todos los distritos de la ciudad e incluso por la periferia, el gran KL, que aloja a casi 8 millones de personas.

Decidimos instalarnos en el distrito de Bukit Bintang, porque nos permitía acceder a pie a casi todas las zonas interesantes de la ciudad. También decidimos no contratar ningún paquete turístico y utilizar todo lo posible el transporte público, que es asequible, puntual y está bastante bien organizado.

Lo primero que visitamos –cómo no- fue el parque KLCC, donde están edificadas las Torres Petronas, que fueron las construcciones más altas del mundo a finales entre 1998 y 2004. No sé si fue el jet lag o las ganas que tenía de llegar a KL, pero las torres y todo lo que les rodea –el paso peatonal aéreo, el monorail, los jardines KLCC y tantas otras cosas- me dieron la sensación de haber viajado en el tiempo, más que en el espacio.

KLCC y sus alrededores –en realidad casi todo Bukit Bintang- ofrecen una sensación de irrealidad que he experimentado en pocos sitios, como Hong Kong, Dubai o el Pudong de Shanghai.

Si todavía eres de los que crees que los musulmanes –así a lo bruto, es decir, generalizando- viven en la Edad Media, reserva el primer avión que salga hacia KL vía Dubai (en Emirates tienes unos A-380 cojonudos a buen precio) y pasa un par de días por ambas ciudades. Luego me lo cuentas. Y sí, vas a ver burkas y hiyabs hasta cansarte, pero poca gente te mirará mal si te tomas unas cervezas en cualquier garito de la calle Changkat Bukit Bintag.

Otras cosas que no puedes perderte en Kuala Lumpur y unos cuantos trucos para visitar la ciudad:

KL tower– La Torre Kuala Lumpur (Menara KL): una de las más altas del mundo, ofrece mejores vistas que las propias Petronas. Truco: puedes elegir subir arriba del todo o quedarte en el mirador inferior. Nosotros estuvimos en ambos y te aseguro que vale la pena pagar esos 50 Ringgits de más por subir al mirador superior. Otro truco: hay dos miradores panorámicos con suelo de cristal. El primer está enfrente de las Petronas, así que la gente se pasa horas haciéndose fotos allí. Vale la pena pasar rápido y dedicar más tiempo a las fotos en el segundo mirador, donde no hay nadie que te meta prisa. Total, vas a acabar hasta el moño de ver las Torres Petronas. Lo que no ha dejado de asombrarme son las mujeres que se hacen selfies con el burka. Y lo voy a dejar aquí.

batucaves_outBatu caves: tienes que ir, aunque sólo sea para ver cómo los monos luchan con sacerdotes hindús semidesnudos para arrebatarles las frutas que los turistas ofrecen a los dioses de la cueva. Un par de trucos: no lleves comida en la mano ni en la cartera, los monos son más listos que tú –te lo aseguro- y te harán la vida imposible. Otra cosa: no se te ocurra contratar un viaje organizado: el Kommuter te deja allí en 25 minutos desde el centro (cuesta 5RM ida y vuelta) y la entrada es gratuita. Hay un restaurante indio vegetariano cojonudo y barato justo enfrente de la entrada.

Chinatown: si quieres comprar falsificaciones de casi cualquier cosa que se te ocurra, es tu sitio. Eso no me va mucho, así que me limité a pasear por Petaling Street y tomar algo por allí. Todo el mundo dice que es como estar en China. A mí me parece que es más como estar en la Chinatown de San Francisco, que me pareció más auténtica. Mi conclusión es que hay tantos chinos en KL que ya han dejado de necesitar un barrio para sentirse como en casa.

Little india: tampoco hace falta ir allí para sentirte como en India. Todo KL está lleno de restaurantes indios, así que puedes viajar por India simplemente saltando de una callejuela a otra.

 

jalan alorJalan Alor es una locura, pero tienes que acercarte en algún momento. Hablamos de una calle de unos 60 metros de longitud que está hasta arriba de restaurantes y puestos de comida indios, pakistaníes, tailandeses, turcos e, incluso, fíjate tú, malayos. Las terrazas han invadido la calzada y sólo hay espacio para un coche, que tiene que pasar esquivando como puede, sin dejar de tocar el claxon, a las miles de personas que están cenando por allí todos los días. Nuestra primera noche estaban asfaltando la calzada a las 22:00 mientras pasaban los coches y la gente cenaba a menos de un metro del asfalto humeante. Eso sí, los helados son cojonudos; aquí tienes un vídeo del que nos prepararon anoche. Truco: en la calle paralela puedes encontrar varios sitios de mejor calidad, más tranquilos y un precio muy similar. Nosotros cenamos en Mongolia BBQ (que tenía de Mongol lo mismo que yo de Malayo) y nos encantó.

redcurryduckComida en general: es muy fácil comer bien y barato, casi tanto como dejarse una pasta y comer mal. Echa un vistazo a tu zona, mira bien los menús y fíjate en los locales durante el día; por la noche cualquier sitio te parecerá sospechoso y si no es así, no entres porque te van a clavar por comer algo que podrías pedir en Albacete. Si te gusta la comida india y thai, prepárate a disfrutar. Y si te gustan los Durian –la fruta malaya por excelencia-, largo de aquí, no quiero volver a verte por mi blog. En serio, ¿a alguien le gusta eso?

Plaza Merdeka: es una plaza bonita, muy grande, rodeada de edificios coloniales y grandes rascacielos y contiene una extensión enorme de césped, en la que los antiguos colonos ingleses jugaban al cricket. Símbolo de la independencia malaya, han plantado allí una de las mayores banderas del mundo allí. De hecho, la ciudad está inundada de banderas malayas. Esta mañana, mientras desayunábamos, un señor ha pasado junto a nuestra mesa y ha besado una de las banderolas que colgaban de la farola que teníamos al lado. Qué queréis que os diga, a mí me mola que la gente quiera a su país.

Lake gardens: un pequeño universo en el centro de KL. Ocupando toda una colina podéis encontrar el mayor aviario transitable del mundo, un jardín de orquídeas e hibiscos, lagos, cascadas, espacios para niños y un montón de cosas más, todo ello junto al Museo de arte islámico –para no perdérselo-, la gigantesca mezquita nacional y la parada de Kommuter Kuala Lumpur, que está dentro de un antiguo edificio colonial precioso.

Transporte público: el tren es barato, las carreteras son cojonudas y los taxis, bueno, hay que ir con ojo con ellos. A nosotros nos costó 105RM (unos 23 euros) ir del aeropuerto (KLIA) al hotel con los taxis oficiales y 90 RM volver a KLIA2 (el aeropuerto low cost) con un taxi rojo (de los que ponen el taxímetro). En teoría no puedes negociar precios con los taxis rojos, pero en la práctica el conserje de nuestro hotel nos ayudó a conseguir una buena tarifa cerrada, a pesar de que el tipo puso en marcha el taxímetro y el precio era superior. También puedes optar por Uber o Grabcar, pero suelen ser más caros que los taxis. En concreto nos pedían entre 130 y 150 RMs por el mismo trayecto al aeropuerto. Si sois más de una persona y no estáis muy cerca de Sentral, vale la pena ir en taxi.

Cambio: como siempre, NO cambies en el aeropuerto. Puedes pagar el tren o el taxi con euros o dólares y cambiar en el centro. El cambio suele estar bastante bien y no hay grandísimas diferencias entre agencias, pero puedes conseguir buenos precios –y pocos formalismos- en casi cualquier sitio.

Camina: aunque esta mañana ha aparecido la noticia de que un tipo le pegó 16 tiros a otro anoche –no sé, debía ser una especie de terminator-, KL es una ciudad bastante segura. En ningún momento hemos sentido sensación de peligro ni nos han intentado robar o agredir de otra forma. Eso sí, si te la pueden pegar con los precios, lo harán, en muchos sitios no los publican o tienen tarifas para guiris y para malayos. Vamos, como en cualquier lugar turístico. Ah y mucho cuidado al cruzar la calle; recuerda que, como buena colonia británica, ¡aquí conducen por la izquierda!

Ya estoy deseando volver.

Próxima parada: Yogyakarta.

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#aseantour2016 – Kuala Lumpur: gula, excesos y monetes
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