Tercer domingo del quinto mes del decimoctavo año de la segunda década del siglo XXI. 21 de mayo de 2017. Dentro de cincuenta días podréis quitaros el sayo así que tómatelo con calma y no hagas como yo, que llevo un resfriado monstruoso desde hace casi una semana.

El futuro nos acojona. En el mejor de los casos, simplemente nos preocupa o nos inquieta.

Sin embargo, os voy a contar un secreto, que he aprendido a base de golpearme la cabeza contra un muro -en realidad, contra varios muros-, una y otra vez, durante mucho tiempo: casi nada de lo que os va a pasar durante los próximos diez, veinte, treinta años depende de vosotros.

En las, ya clásicas, palabras de Mike Tyson:

El azar. ¡Ay, el azar!

Sin tener que recurrir al multiverso o a la teoría de cuerdas, podemos decir que la casualidad -que no la causalidad– y la pura suerte tienen un efecto mucho más determinante de lo que pensamos  en casi cualquiera de nuestros planteamientos vitales: los negocios, el amor, la amistad, la familia, el éxito o, incluso, el número de piernas, brazos o testículos que tenemos.

Ya que el futuro es incierto y, al mismo tiempo, es donde -mejor dicho, cuando- vamos a pasar el resto de nuestra existencia, parece razonable inquietarse ante él, aunque no sirva para nada.

¿Qué podemos hacer frente al paso del tiempo y la incertidumbre que nos provoca? No tengo una respuesta para esa pregunta, pero puedo explicarte lo que yo hago: estar atento, tomar decisiones y volver a estar atento a lo que pasa después.

Recapitulando un poco, me he dado cuenta de que las cosas siempre me han ido mejor cuando he tomado decisiones que cuando he dejado que las cosas pasasen o alguien decidiese por mí. Esto no quiere decir que sea mejor tomando decisiones que otras personas -la práctica dice lo contrario- sino que, cuando se trata de mi propia vida, me cuesta menos asumir las consecuencias de mis propios actos que las de los demás. Llámame tiquismiquis.

En septiembre del año pasado escribí un post (el arte de rendirse) en el que defendía que no siempre hay que tomar decisiones. Sigo pensándolo. Ahora, complementando esta opinión, pienso que hay momentos en los que el coste de oportunidad de dejar tu vida en manos del azar o de terceros es demasiado alto.

¿Cómo cuadra, entonces, el hecho de que nuestro futuro esté determinado por el azar con la capacidad que tenemos para adoptar decisiones en determinados momentos?

En mi opinión, es posible incidir en la casualidad desde la causalidad, a través de la atención o la conciencia. Estando alerta puedes detectar patrones, momentos o circunstancias en las que tu decisión o intervención sí que tiene un efecto directo sobre tu vida o tu entorno. Seguro que has vivido esa sensación alguna vez, cuando sientes que todo te conduce en la misma dirección, que tu decisión no es más que una confirmación de las señales que te han llevado hasta ese lugar o ese momento. Podéis llamarle instinto, conformismo o esperanza. El resultado será el mismo.

Yo me he encontrado en esa situación varias veces y, aunque el resultado no siempre ha sido el esperado, no me arrepiento de haber seguido las señales. He hecho muchas cosas, he vivido muchas experiencias y he disfrutado de momentos, personas y lugares únicos gracias a ello.

Ahora, al borde de mis cuarenta años, estoy volviendo a tomar muchas decisiones importantes en un plazo muy corto de tiempo, sin saber adónde me van a llevar.

No hay nada en el mundo que me guste más y, por eso, la canción del domingo 21 de mayo de 2017 es Palos de ciego, de Izal.

Cambios de vida, de ritmo y maneras,
recuerdos de días que ya no nos quedan,
testigos de incendios llamando a tu puerta.
¿Y que vas hacer?
Correr lo más rápido que puedas.

Quedan tan lejos aquellas escenas 
de patios, de vida, de juegos de guerra,
de no saber, de no pensar, de no importar, de ver estrellas. 
¿Y que vas hacer?
Gritar lo más alto que puedas,

Mientras, el mar seguirá sus tareas
lanzándonos vientos del norte, lamiendo mareas.
La lluvia pasó y ha dejado su olor en la tierra
¿y qué vas a hacer?
Volver a ser el que era

Escuché por primera vez a Izal –la mujer de verde, cómo no- hace un par de años con mis amigos Jordi, Santi, Paco y Cheche. Desde entonces, me he llegado a obsesionar con algunas de sus canciones.

Palos de ciego es un buen recordatorio sobre lo fácil que es dejarse llevar por la melancolía, la inercia y la aparente seguridad de la rutina a la hora de tomar una decisión que implica un cambio.

¿Por qué creéis que Demócrito le comió el turrón a Heráclito o Parménides? Por su capacidad de conciliar el ser inmutable con el movimiento permanente, lo que significa hacer compatibles los rasgos que definen nuestra propia identidad, que son necesariamente estables, con un entorno cambiante y una realidad compleja, que nos obliga a adaptarnos para sobrevivir, o ser uno mismo a pesar de las circunstancias que nos rodean.

Concluyendo: la gente no cambia, pero la realidad sí, y no sirve de nada seguir siendo un mandril cuando tu culo rojo no le interesa a nadie.

Sin más, os animo a que toméis la rienda de vuestras vidas y no dejéis que sean otros, ni siquiera vuestra propia nostalgia o inercia, quien os acabe conduciendo a situaciones de las que tendréis que salir corriendo.

¡Que paséis un gran domingo!

Canción del domingo: palos de ciego (Izal)
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