¿Cómo has dicho que te llamas?

Ayer por la noche vi en Canal 9 una película que me dejó hecho polvo: Arlington Road. No soy amigo de los spoilers, así que no entraré en detalles sobre la trama. (nota para mí mismo: escribir algún día sobre spoilers).

El caso es que en la película aparecía un tipo que se cambiaba de nombre y eso me dio qué pensar.

Conozco a poca gente que haya optado por cambiarse de apellido (entre ellos mis queridos amigos de la familia Torres, ahora Pascual), y a nadie que se haya cambiado el nombre.

Ahora que lo pienso, hace años una señora vino a nuestro despacho a pedirnos que le arreglásemos los papeles para que su padrastro pudiera adoptarla. La señora tendría entre treinta y cuarenta años, así que la situación era un poco extraña. El caso es que decía que le estaba muy agradecida y quería adoptar su apellido. Nunca conocimos el patrimonio del padrastro, pero desde luego el tema sonaba rarito.

Otro ejemplo cercano es el de mi madre, que en plena ebullición de los años sesenta (no de los sesenta años, para eso aún le falta) decidió que al llegar a los 18 se cambiaría el nombre por el de Judith. Afortunadamente desistió antes de la mayoría de edad.

Al hilo de este asunto, he podido leer en algunas fuentes (BBC news, infobae), que el gobierno malasio, más concretamente el Departamento Nacional del Registro (algo así como nuestro Registro civil), ha hecho público un listado con los nombres que no pueden inscribirse en dicho registro; es decir, que si un malayo quiere poner un nombre a su hijo o cambiarse su propio nombre, antes debe consultar dicho listado, so riesgo de que su petición sea denegada.

En circunstancias normales, este registro resultaría absurdo, pero es que, por lo visto, algunos grupos habían adoptado la costumbre de poner nombres desfavorables a los hijos para ahuyentar los malos espíritus. Algunos de los nombres incluidos en la lista son Ah Chwar (Víbora), Khiow Khoo (Jorobado), Chow Tow (Cabeza Apestosa), Sor Chai (Loco de Atar), Karrupusamy (Dios Negro), Woti (Coito) y otros varios como perro apestoso, Hitler ó 007. Lo más cojonudo del tema es que este listado es orientativo, por lo que recurriendo y recurriendo podría llegarse a conseguir la inscripción del nombre.

En nuestro ordenamiento jurídico existe una previsión similar, mucho menos casuística, claro: el artículo 192 del Reglamento del Registro Civil declara que

Se considera que perjudican objetivamente a la persona los nombres propios que, por sí o en combinación con los apellidos, resultan contrarios al decoro.

Por lo visto, el funcionario del registro no debía tener un buen día cuando permitió la inscripción de algunos de los nombres que publicaba hace años la revista Muy interesante, entre los que se encontraba José de la Polla, Ana Mier de Cilla, Miren Amiano, Ramona Ponte Alegre y María Concepción Culo Bonito. Otras leyendas urbanas hablan de nombres más «trabajados» como Camino Verde del Río, Elena Nito del Bosque o Borja Mon de York.

Otros cambios de nombre curiosos que he podido leer últimamente son el de un tipo que se cambió el nombre por el de email (no he podido encontrar la referencia en Internet, se agraderán aportaciones) o el de una ciudad de Texas, que ha cambiado su nombre a cambio de obtener televisión por cable gratuita durante un período de diez años.

Por mi parte, aunque tenga que repetir cien veces mi apellido o incluso deletrarlo cada vez que llamo por teléfono (Gerona, Oviedo, Salamanca, Alicante, Lérida, Barcelona, España, Zaragoza), no tengo intención de cambiarlo. Virgencita, que me quede como estoy.

2 comentarios sobre “¿Cómo has dicho que te llamas?

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  1. Oye Luis, ¿crees que podré cambiar mi nombre por el de H. Delbruck? ¿Aceptarán una inicial como nombre propio? ¿Tendré que pagarle derechos de autor a Mel Brooks?Por cierto, hablas de los pobres desgraciados cuyo nombre y apellidos ha inscrito el funcionario del registro pese a resultar «contrarios al decoro», pero ¿qué pasa con aquéllos que poseen un nombre y un apellido «decoroso» y a quienes la gente llama por un nombre que no es el suyo? Te daré mi opinión personal: con 5 años lo de «Coky» te hace gracia; con 15 piensas que, dada tu «avanzada» edad, la gente comenzará a llamarte pronto por tu precioso nombre; con 25 sueñas con que alguien te llame «Don Jorge» pero todo lo que has conseguido es que abrevien lo de «Coky» a «Cok». ¿Qué pasará a los 35?En fin, creo que voy a quedarme como estoy. Yo también me incluyo entre los que tienen que repetir cien veces su apellido (en mi caso el segundo) y, una vez sobrepasada la centena, lo deletrean: Barcelona, Estonia, Lituania, Lérida, Valencia, Écija y Raticulín. Vaya un arte…Un abrazo, and welcome back to work!

  2. Por lo que veo, a los 35, con un poco de suerte, y después de haber vivido en los States, seguramente te llamarán C.J., vamos, casi como DJ Alfons.¡Lo cojonudo del tema es que Hans Delbrück existió en realidad! Aunque de santo debió tener bien poco…Por lo que he leído, el verdadero H. Delbrück era un estudioso de la guerra y publicó entre 1900 y 1936 una obra en siete tomos llamada Geschichte der Kriegkunst im Rahmen der Politischen Geschichte [Historia del arte de la guerra en el marco de la Historia Política, 1900-1936].La verdad, me gusta más el científico y santo de Frankestein Jr.Ahí queda eso…

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