La pareja perfecta

En el dominical de «El mundo» de la semana pasada aparecía un estudio muy interesante según el cual, los españoles, cuando nos fijamos en otra persona que nos resulta atractiva, nos centramos en partes del cuerpo poco relacionadas con la aptitud o capacidad sexual y/o reproductora. Esto no siempre ha sido así.
La genética, o mejor dicho, la selección natural, ha provocado que históricamente los hombres, al igual que la mayoría de animales, nos fijemos con mayor atención en las mujeres que resultan -al menos físicamente- más dispuestas a procrear, y no me refiero al patrón de «mujer fácil», sino al de mujer con caderas anchas y pechos generosos, representada desde los primeros tiempos del hombre en las venus de la fertilidad.

Sinceramente, creo que cuando respondemos a las preguntas sobre atracción hacia el sexo opuesto solemos mentir por pudor o vergüenza. De acuerdo, los ojos, las manos, los pies… son partes de cuerpo en las que también nos fijamos y que pueden determinar nuestra preferencia. Sin embargo, el ser humano, como animal que es, tiene una querencia hacia otros atributos más -digámoslo así- prosaicos.

Esta teoría ha sido contrastada por varios estudios que concluyen que nuestras elecciones están determinadas inconscientemente por criterios genéticos; ¿o quizá no se trata de una cuestión totalmente inconsciente?

Algunos de estos estudios han determinado que, por ejemplo, el olfato es uno de los sentidos más importantes a la hora de elegir a nuestra pareja. En un estudio reciente, cogieron a varios estudiantes y les hicieron oler la ropa usada de varias personas del sexo opuesto (¡Dioses!). A continuación les hacían clasificar esas prendas por orden de preferencia y en la casi totalidad de casos los primeros puestos se correspondían con personas cuya compatibilidad genética resultaba más proxima. ¿Curioso, no?

Otro estudio similar, aunque algo menos «científico», demostraba que las personas considerabas objetivamente más atractivas olían mejor para las personas encuestadas. Incluso he leído que muchas mujeres buscan en sus parejas un olor que les recuerde al de su padre.

Este cúmulo de estudios demuestran que, aunque nos creamos unos grandes galanes o unos patanes en las artes amatorias o relacionadas con el cortejo, no todo depende de nuestras aptitudes o cualidades personales, sino que en gran medida, estamos genéticamente predeterminados en uno u otro sentido.

No es una conclusión demasiado romántica, pero ¿quién dijo que el romanticismo está pasado de moda? Para eso siempre quedará la tuna…

3 comentarios sobre “La pareja perfecta

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  1. Interesante… Pero te has olvidado te un tema importante, ¿Potencia la amistad este tipo de atracción? Simplemente recordar unas palabras de Jules Renard, escritor y dramaturgo francés: «Entre un hombre y una mujer, la amistad es sólo una pasarela que conduce al amor».

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