Ladrones

Hoy es un día para hablar de los Goya, del Barça, el Sevilla, el Madrid y el Valencia, del frío, la gran nevada o, incluso, de los diversos traslados que, en mayor o menor medida, me he metido entre pecho y espalda este fin de semana.

Sin embargo, prefiero empezar la semana hablando de un delito: ayer entraron a robar en casa de mis tíos en el centro de Alcoy mientras comíamos en la casa de enfrente. Con dos cojones.

Por lo visto se trataba de profesionales: la puerta no mostraba la menor señal de haber sido forzada y no se molestaron en llevarse ordenadores portátiles, monedas o relojes de menos de cien euros: sólo billetes y joyas «de verdad». Ah, el perro de mis tíos, un bichón maltés, seguía dando saltos como un títere pese a haber sido el único testigo del delito. Si de repente los perros hablasen… nos cagaríamos todos del susto.

Lo más cojonudo de todo es que, cuando acudimos a la policía, nos dijeron que no tocásemos demasiado y que al día siguiente (es decir, hoy), vendrían a tomar las huellas. «Es que la policía científica no trabaja hoy, hay algunos que tienen un horario de puta madre, si quieren pueden presentar una reclamación» nos soltaron, de carrerilla, al entrar en la comisaría. Me dio la impresión que no era, ni mucho menos, la primera vez que el policía que redactó el atestado expedía esta frase de forma textual.

De esta forma, además, nos ha dejado claras varias cosas: que la policía nacional «normal» no podía hacer nada por nosotros, que existe un conflicto evidente entre la policía nacional y la policía científica -si es que existe alguna diferencia más allá de la estrictamente funcional- y que no le importaba que presentásemos una reclamación porque, con toda probabilidad, iba a acabar en el cajón del olvido.

Finalmente conseguimos que una patrulla se acercase al escenario del delito y tranquilizase -o al menos lo intentase- a mis familiares; algunas de las frases tranquilizadoras fueron «eso son rumanos, eslovenos… gente del este, son profesionales» o «seguro que entraron con una llave, pero de todas formas pueden volver a entrar cuando quieran».

Estupendo.

Visto todo con mayor perspectiva, este contexto me plantea varias dudas, cuyas respuestas no estoy seguro de querer conocer:

  • Horatio y sus amigos son unos esquiroles porque no trabajan en horario «laborable».
  • Si estan fácil abrir puertas y cajas fuertes con una radiografía, una tarjeta o un clip, ¿por qué tenemos cerraduras? Aún más, ¿cómo es posible que existan los cerrajeros? y «de dónde demonios han aprendido todo eso? ¿No sería más práctico enseñar eso en las escuelas?
  • ¿Para qué sirve un perro de veinte centímetros de alto?
En realidad son preguntas estúpidas, pero hay varias cosas en este asunto que me dan muy mala espina, y la mayor de ellas no es el hecho de que no sé quién ha robado en casa de mis tíos, sino, precisamente, que quién ha robado sabe quiénes somos nosotros y nos ha tenido controlados durante, al menos, los últimos tres días.

Bueno, al menos tengo alguna pista de quiénes son los ladrones: una panda de cobardes hijos de puta que optan por aprovecharse de los que nos partimos los cuernos trabajando para vivir mejor y más fácilmente que nosotros. ¿Conoces a alguien que responda a esta descripción? Valen apuestas.

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Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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