El puentecito

Hace un par de semanas, al acabar el AL INVEST meeting que celebramos en Zamudio, aproveché unas horas muertas para pasear por los alrededores del museo Guggenheim de Bilbao.

Al llegar al puente blanco (Zubi-Zuri), que cruza el Nervión por el Paseo del Volantín, me encontré con un grupo de operarios municipales que saltaban sin cesar encima del puente. «No se caerá, ¿verdad?» les preguntamos, curiosos, al ver que miraban con atención las losetas de cristal del suelo. «Pues no lo sé, pero si se cae espero estar aquí para verlo, debe ser la reostia»contestó uno de los operarios, sin dejar de mirar al suelo, cada vez más preocupado. Nos fuimos de allí corriendo mientras cada vez más señores con chalecos fosforescentes se acercaban a observar el puente blanco, al modo de una reducida convención de luciérnagas.

Los problemas de las losas de cristal del puente me recuerdan a los que hemos sufrido en Alcoy desde hace años con la Llotja de Sant Jordi, una monumental obra de Calatrava que ha tenido numerosos problemas de rotura de cristales, principalmente en los días de fiestas de Moros y Cristianos, en que miles de personas pisan incesantemente y descargan toneladas de pólvora sobre ellos.

Lo curioso del tema no es ya que un suelo de cristal se rompa, algo que, en cierta medida, parece lógico.

Más aún me ha llamado la atención una noticia que he leido en varios medios de comunicación respecto del puente en cuestión: Calatrava ha interpuesto una demanda por infracción de derechos de propiedad intelectual contra el Ayuntamiento de Bilbao con motivo de la instalación de una pasarela que, presuntamente, rompe la integridad de su obra.

Es decir, que el Ayuntamiento, sin el permiso de Calatrava, ha instalado un elemento sobre el puente, eliminando parte de la barandilla original, lo que supone una modificación de la estructura y el diseño originales, no consentida por el autor del proyecto.

Al alcalde de la ciudad, el Sr. Azkuna, parece que el tema no le ha hecho ni pizca de gracia y ha declarado que

«Ya está bien de la dictadura del señor Calatrava y su puentecito»

Comprendo el cabreo del Sr. Azkuna. El Sr. Calatrava le ha hecho un feo dirigiéndole una carta al Lehendakari para que le riña en lugar de dirigirse directamente a él y ha presentado una demanda pidiéndole un mínimo de tres millones de euros de compensación o que retiren la nueva pasarela y le paguen 250.000 euros por daños morales.

Insiso, comprendo el cabreo del Sr. Azkuna; pero eso de llamar dictador a un arquitecto por intentar defender sus intereses y de calificar de puentecito una obra que bien le habrá costado al consistorio un puñado abultado de millones de euros, está feo, hombre.

El hecho es que ésta no sería la primera vez que un artista es indemnizado porque una de sus obras -una escultura, un edificio o un puente- ha sido modificada o, simplemente, eliminada de la vía pública. De hecho, la Ley protege estas ejecuciones como obras derivadas de las obras originales (los planos, bocetos, etc.), cuyo encuadramiento dentro del ámbito objetivo de protección de la Ley de Propiedad Intelectual, con sus aciertos y enormes errores, pocas personas pondrían en duda.

Al parecer el consistorio alega que el puente es una birria constructiva. Y, en efecto, lo es: el suelo se cae, la gente se resbala y su accesibilidad es poco menos que nula. Incluso el arquitecto japonés encargado de la construcción de la pasarela de la discordia, Arata Isozaki, ha manifestado, discretamente, sin querer entrar en la discusión, que sin su pasarela, el puente no lleva a ninguna parte.

De acuerdo. Es posible que el puente sea más o menos práctico, útil, bonito u original, o que haya sido mejor o peor construido. De lo que no cabe duda es de que en su concepción y construccion se ha invertido una buena dosis de esfuerzo creativo y que su diseño y configuracion actual están sometidos a derechos de propiedad intelectual. Para que nos entendamos; un señor de Getxo no puede acercarse por allí y decir «este puente lo he hecho yo»; ni el Ayuntamiento de Valladolid pude coger los planos y ejecutar el mismo puente para cruzar el Pisuerga.

En mi humilde opinión, la discusión se centra en un ámbito distinto a la utilidad del puente, y es (1) si el hecho de construir una pasarela realmente afecta a la integridad de la obra y (2) si esta afección debe ser consentida por el autor, teniendo en cuenta la ubicación de la obra, el plan urbanístico de la ciudad y muchas otras circunstancias que pueden afectar a una construcción en el núcleo urbano de una ciudad de las dimensiones de Bilbao.

Como suele decirse, nuestra libertad acaba donde empieza la de los demás; yo estoy de acuerdo con el Sr. Calatrava en su formulación acerca del sometimiento del puente a derechos de propiedad intelectual. Lo que no tengo tan claro es que estos derechos lleguen hasta el punto de impedir cualquier modificación en su estructura, cuando obedezca al fin que la construcción pretende: ser un elemento -más o menos bonito, original ,etc.- del contexto urbano de una ciudad.

En cualquier caso, será un caso muy interesante de seguir y de analizar cuando tengamos una sentencia firme; porque no dudo que el asunto llegará al Supremo -como mínimo-, salvo que el Ayuntamiento o el Sr. Calatrave abdiquen de sus posiciones.

Tal y como está el pastel, parece que un hipotético acuerdo se encuentra muy muy lejano.

Y es que, Sr. Calatrava, hay pocas cosas peores que «puentear» a un alcalde.

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