¿Por qué aceptamos las firmas por fax?

A través de este post de Enrique Dans he llegado a un artículo de Wired firmado por Bruce Schneier (no es la primera vez que le cito en este blog) que, traducido rápidamente al castellano, se titularía

¿por qué aceptamos las firmas por fax?

Se trata de una pregunta peligrosa, porque la respuesta puede llevarnos muy, muy lejos. De hecho, a Javi, Jordi y a mí nos llevó hace más de cuatro años a crear e-contratos. Y ahí seguimos, dando cada vez más guerra a más gente en más sitios!! 🙂

Éste es uno de mis temas preferidos, porque se trata de un tema que, con el avance de las TICs, cada vez resulta más evidente. ¿Cómo podemos fiarnos de un fax? Si no eres abogado, quizá nunca te has planteado la cara de idiotas que se nos queda cuando llegamos a un procedimiento y decimos «la prueba aportada como Documento número 4 demuestra que existe un contrato firmado y aceptado por la parte contraria el día X».

Cualquier inútil con un procesador de textos puede «componer» un fax. Se trata de líneas de texto con una estructura perfectamente conocida, que puede falsificarse o simplemente modificarse en unos pocos segundos, y que los peritos calígrafos no pueden utilizar como base para certificar la autoría de una firma.

El desconocimiento de los riesgos de utilizar el fax para contratar lleva a situaciones absurdas, como la de las empresas que pagan miles de euros a un abogado para redacte y negocie un contrato que, posteriormente, firma a través de fax, echando así por la borda toda la inversión de anterior tiempo y dinero. Si tienes pensado hacer algo así, hazme caso, gástate mucho menos dinero en un billete de avión y trata de mejorar tu estrategia de negociación en el avión para firmar un buen contrato «cara a cara» en el lugar de destino. Al menos no habrás tirado el dinero. O, mucho mejor, gástate la décima parte de ese dinero en firmarlo en unos pocos segundos a través de internet con e-contratos. 🙂

Ahora, para casos absurdos, el que expone el propio Scheneier en su artículo, acerca de un preso que fue liberado gracias a un fax recibido por un funcionario de prisiones, que había sido enviado
desde un Mc Donalds (el nombre del restaurante aparecía en la carátula), con un formato de carta distinto al que utilizaba la policía de ese estado y en el que, incluso, el nombre del remitente estaba mal escrito.

Y ahora, ¿aún crees que es buena idea aceptar ese pedido, esa propuesta o ese NDA del que depende el futuro de tu proyecto por fax? Yo que tú no lo haría, forastero.

Como solemos decir en e-contratos, si no nos buscas antes para firmar el contrato, no nos busques después cuando te la peguen.
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