Si hay algo que me molesta por encima de casi cualquier otra cosa son las cadenas de correo electrónico. Es la típica trampa recursiva en la que caen todos los nóveles en esto de internet -y no tan nóveles, pero aburridos-, que creen (i) que el mensaje es cierto o (ii) que hace un gran favor a quién lo recibe porque le va a hacer gracia, distraer un rato de su monótono trabajo, emocionar o todas las anteriores.

En realidad el problema de estas hoaxes no reside en creerse que ese niño boliviano realmente ha sido secuestrado, o que han puesto cámaras en los baños del pub de moda, o que las máquinas de cocacola tienen agujas infectadas con sida, o que hay gatos que sobreviven en botellas, o que el Sr. Nokia va a venir en persona a entregarte un fantástico móvil de última generación por haber spammeado a tus amigos. Cada uno es libre de desarrollar su capacidad estultícica hasta el grado que considere apropiado… siempre que esa habilidad no perjudique a los demás.

A mí me molesta que me envíen cadenas de tías en bolas, de supuestos -y falsos como un billete de siete euros- mantras tibetanos o de cualquier otro tema que no sea un mensaje directo, personal y con información relevante. Y no es por dármelas de importante, sino que recibo más de trescientos correos al día a través de un porrón de cuentas distintas y lo último que me apetece es tener que borrar más e-mails que no llevan a ningún sitio. Si quiero ver tías en bolas o cualquier otra chorrada, sé cómo buscarla como cualquier hijo de vecino. ¿Acaso a alguien se le ocurriría imprimir doscientas fotos, ensobrarlas y enviarlas por correo a sus amigos? ¿O a través de fax? Entonces, ¿la solución es cobrar por enviar correos electrónicos? No lo creo.

Pero lo que me molesta de verdad es que en esas cadenas se incluya mi correo electrónico en abierto, como un dato más que circula y circulará durante semanas, de cuenta de correo en cuenta de correo, convirtiéndose en pasto de los spammers y de los responsables de ventas desesperados. Vale, en este blog tengo mi cuenta de correo en abierto, pero nunca me ha generado un solo spam. Jamás.

Parece que, poco a poco, este fenómeno se extiende a facebook.  No puedo soportar tener que ignorar diariamente diez o quince solicitudes para unirme a grupos, a cual más peregrino, que no me interesan en absoluto, y que suelen llegarme por dos, tres o hasta veinte contactos distintos. He tenido que bloquear a presuntos amigos que se dedicaban a sugerirme aplicaciones y grupos todos los días, y estoy considerando seriamente hacerlo con amigos «reales» que todavía no han entendido cómo funciona esto.

Confío en que llegue un día en que el grado de maduración del usuario medio de estas herramientas llegue a un punto crítico a partir del cual casi todos seamos capaces de discriminar la información relevante de la no relevante y a utilizar de forma eficiente sus posibilidades porque, cada vez más, esta capacidad se va a convertir en un factor de éxito para nuevas soluciones masivas.

Por supuesto, hay otras implicaciones, como las sanciones que ya ha impuesto la Agencia de Protección de Datos por enviar e-mails con las cuentas de los destinatarios «en abierto», pero eso es harina de otro costal.

Si lees este post, por favor, piensa en él antes de invitarme a un nuevo grupo en facebook o de enviarme otro e-mail absurdo. Juntos podemos hacer de interneeee un sitio mejor. 🙂

La madurez de los usuarios de internet y las cadenas de correo
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