La intensidad

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Suele decirse que la incertidumbre es el escenario natural en el que se actúa un emprendedor, una condición esencial pero no suficiente. Yo diría que la media naranja de la incertidumbre, para acabar de configurar el escenario ideal, es la intensidad.

Un emprendedor sobre todo emprende. No es una perogrullada: el inicio, incluso la preparación del inicio de un negocio o un nuevo proyecto, constituye un ejercicio frenético de ordenación del caos y supone tomar decisiones, calcular y asumir riesgos, afrontar escenarios desconocidos, dirigir, gestionar, cobrar (mucho más importante que vender) y miles de pequeñas acciones que exigen atención, disciplina, dedicación, paciencia, energía y muchas otras habilidades.

Los inicios son siempre una locura. Por eso, un emprendedor suele estar envuelto en un entorno eléctrico, intenso y, cuando la fase de lanzamiento ha concluido, suele buscar nuevos retos, nuevas situaciones capaces de devolver la intensidad al día a día. Sin intensidad es difícil que exista tensión y atención, dos condiciones esenciales para el buen fin de cualquier negocio.

Precisamente, durante la última sesión de Iniciador Valencia, Eneko Knorr explicaba las penurias por las que pasó durante los inicios de Hostalia y comentaba que ahora se reía, pero que en su momento todo aquello no le hacía ninguna gracia. Esto es exactamente a lo que me refiero.

Cuando uno piensa en su proyecto, suele recordar los momentos más duros y más intensos: las luchas con los bancos para conseguir financiación, cuando estábamos hacinados en un despacho de 30 metros, lo que nos costó conseguir la primera venta, los retrasos, el primer despido, la primera gran operación. Es en esos momentos cuando sientes que tus midiclorianos emprendedores hierven y gritan, cuando sacas energías de cualquier sitio para seguir luchando y vas forjando el callo necesario para sacar adelante tu proyecto.

Los momentos intensos, buenos y malos, son los que hacen al emprendedor y, como pasa con los grandes papeles del cine, los malos suelen ser los mejores, los que retenemos con mayor precisión en nuestra memoria.

Por eso, si estás pasando por un momento duro y complicado en tu proyecto, te deseo mucho ánimo; todos hemos pasado, estamos pasando o pasaremos pronto de nuevo por ahí. Tienes el consuelo de saber que esta experiencia te va a enriquecer como profesional y que dentro de un tiempo, cuando recuerdes estos días, no podrás evitar sonreír y sentir un cierto deje de nostalgia.

Somos así de gilipollas. O no 🙂

7 comentarios sobre “La intensidad

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  1. Después de tener tu primer hijo la naturaleza, que es muy sabia, se encarga de que te olvides de todo lo malo por lo que pasaste (noches sin dormir, sustos y preocupaciones por su salud, etc.) Si no fuera así la mayoría de padres no repetiríamos y la humanidad se extinguiría en unas cuantas generaciones.

    En el caso de emprender parece que la cosa funciona al revés 😀

    Por cierto, ¿es tuyo el dibujo? Creo que ya he visto un par y siempre me pregunto lo mismo… 🙂

  2. «Los momentos intensos, buenos y malos, son los que hacen al emprendedor y, como pasa con los grandes papeles del cine, los malos suelen ser los mejores, los que retenemos con mayor precisión en nuestra memoria.»

    No estoy del todo de acuerdo con esta afirmación, ya que una buena venta te hace olvidar todas las penurias que has pasado para conseguirla o los malos momentos pasados durante esa semana.

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