Canción del domingo: Pesadilla en el parque de atracciones (Los Planetas)

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Tercer domingo del noveno mes de la segunda década del siglo XXI. 19 de septiembre de 2010. Uno ya no sabe si hace frío, calor, si va a llover o si es mejor meterse en una caja y esperar a que alguien tome una decisión. Eso sí, por favor, que no decida ZP, porque su gobierno es mucho más gallego -en el sentido de indeciso- que el propio Rajoy: nunca sabes hacia dónde va y, cuando toman decisiones, sabes que es posible que se arrepienta y vuelvan a cambiar en el último momento.

Desde hace varias semanas -y lo que te rondaré morena- parece que a todo el mundo le ha dado por hablar de la huelga. Sin embargo, por primera vez, que yo recuerde, son muchas más las voces que se manifiestan en contra que a favor. A nadie le parece un momento oportuno, si es que hay un buen momento para una huelga: las empresas necesitan empujar, los trabajadores necesitan sus empleos y los ciudadanos, básicamente, estamos hartos de que todos aprovechen cualquier circunstancia para darse patadas en nuestro culo. El derecho a la huelga debería ser algo mucho mejor regulado y, desde luego, mucho más restrictivo porque acaba perjudicando a los que menos tenemos que ver en esos conflictos: las pymes, los consumidores y los ciudadanos de a pie.

Con esta huelga, los sindicatos han conseguido llevar al debate público una discusión que estaba en el aire pero que nadie se atrevía a plantear: ¿de verdad son necesarios los sindicatos cuando existe un estado de derecho que defiende a los empleados frente a las empresas, una legislación y un sistema judicial claramente pro operario y muchos otros ámbitos que acogerían mucho mejor y con mucha más eficiencia el dinero que cada año nos cuesta a los españoles mantener a estos sujetos?

La libertad sindical, como la libertad de culto, de reunión o de expresión, está reflejada en la constitución, lo que no quiere decir que tengamos que aguantar que nos pase por encima sin quejarnos. Si los sindicatos deben existir, que los mantengan sólo aquellos a los que benefician. Lo que no tiene sentido es que las empresas y los ciudadanos acabemos pagando a miles de liberados y delegados sindicales, una panda que se dedica a escupir propaganda subversiva contra los empresarios, las empresas y el sistema que les da de comer y mantienen a los millones de personas a las que dicen defender.

El discurso guerrero, de lucha, de reivindicación, dejó de tener sentido hace ya muchas décadas. Hoy este discurso suena rancio, sucio, falso. En el siglo XXI el escenario en España es muy distinto al de hace cincuenta o cien años. En un país con un 90% de empleo sostenido por las pymes, los empresarios ya no son el patrón opresor que se lucra haciendo sangrar al obrero, sino padres de familia que hacen verdaderos esfuerzos para sacar adelante sus negocios, en los que han invertido todos sus recursos, de los que dependen sus hipotecas, sus hijos, todo lo que tienen. Y si la empresa se va a al carajo, no tienen fondos de garantía salarial, ni paro, ni subvenciones, ni subsidios, ni pollas en vinagre.

Los sindicatos, en su forma actual, son la mayor amenaza para la salida de la crisis, y eso lo ha visto incluso un tipo que parece no ver casi nada, como ZP, que ha preferido enfrentarse a ellos que dejarse llevar y acabar de hundir nuestra economía. Son un lastre, una pesadilla, un instrumento ajado y desaprovechado que debe evolucionar o morir. Por eso, la canción del domingo, dedicada a nuestros amigos los sindicatos, es Pesadilla en el Parque de Atracciones, de Los Planetas.

Quiero que sepas que ya me esperaba que esto ocurriera y que no pasa nada,
sólo me da la razón, y que he estado aprendiendo de cada momento que he estado contigo.
Y pienso aplicar contra mis enemigos tus tácticas sucias de acoso y derribo,
que también he sacado algo bueno de todo este enredo.

Y quiero que sepas  que espero que acabes  colgando de un pino
cuando veas lo imbécil que has sido, cuando veas que lo has hecho fatal.

Y que quiero que sepas que ha sido un infierno estando contigo,
el infierno es lo más parecido, te pareces un poco a Satán.

Reconozco que no soy un gran fan de los Planetas; de hecho, cuando mi buen amigo Santi escuchaba esas canciones planas, llenas de palabras casi indistinguibles, solíamos reírnos porque nos parecía que siempre era la misma canción repetida una y otra vez. Sin embargo, con el tiempo he acabado cogiéndoles el tranquillo y ahora suelo llevar un puñado de sus canciones en el ipod.

Pesadilla en el parque de atracciones es una de sus canciones más memorables, que combina sus característicos ritmos monótonos y una letra dura, a ratos cachonda, y muy sentida. Es el sello de la banda granadina, que viene como anillo al dedo al tema de la canción de este domingo.

Sin más, os deseo que paséis un magnífico domingo. ¡Viva el mal ¡Viva el capital! Jojojojojojo.

Un comentario sobre “Canción del domingo: Pesadilla en el parque de atracciones (Los Planetas)

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  1. Muy buena reflexión que define la realidad española. Sin embargo, el problema está en que no toda la sociedad percibe la misma realidad: la realidad que muy bien detallas. Sin ir más lejos, en cualquier barrio obrero, puedes preguntar abiertamente y te darás cuenta de que siguen anclados en la figura del empresario opresor!!!

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