Startups Institute

El 23 de octubre de 2023 recibí una llamada de mi amigo Miguel Ángel Díez Ferreira, con quien tuve la suerte de hablar con primera vez en un autobús que nos llevaba de San Bruno a San Francisco, volviendo de las oficinas centrales de Youtube, hace la friolera de 13 años.

En esa llamada, Miguel Ángel me explicó que estaba trabajando en un nuevo proyecto de formación para emprendedores. Cualquier persona que se haya acercado un poco a este mundo sabe que los emprendedores son -somos- unos clientes terribles porque nos pasamos la vida perdiendo pasta, pidiendo favores e intentando vender cosas a cualquiera que tenga la mala suerte de caer en nuestras zarpas.

Sin embargo, me gustó mucho el ángulo desde el que abordaba esta nueva escuela. No se trata tanto de formarles, en abstracto y de forma genérica, sino de ayudarles a reducir su coste de oportunidad y, con ello, las probabilidades de fracaso, que son altísimas entre emprendedores noveles y no tan noveles. Hay gente muy lista emprendiendo -también hay auténticos tarugos- pero todos tenemos carencias, puntos ciegos y, sobre todo, desconocemos lo que desconocemos, por lo que hay un amplísimo espacio para que los emprendedores mejoremos nuestras capacidades y afrontemos mejor los retos que supone crear y hacer crecer una empresa, que son dos cosas muy distintas.

También me gustó la metodología, el ADN emprendedor del proyecto y la posibilidad de participar desde el principio en el Consejo Académico, con el rol de cofundador.

Tras el lanzamiento hace unas semanas de Startups Institute, he leído algunos comentarios del estilo «por lo que cuesta el máster, yo me monto una startup y aprendo haciéndolo». Hay que tener muy poco talento para confundir experiencia con conocimiento y, sobre todo, para creer que ambos son incompatibles o redundantes. Supongo que son los mismos que piensan que los emprendedores nacen y no se hacen, que emprender es un arte y no una ciencia y mil millones de estupideces y tópicos románticos más, que han abocado a la miseria a un montón de incautos, que se sentían Elon Musk por haber sido capaces de vomitar cuatro ideas en un powerpoint.

Emprender, es decir, ser capaz de convertir una idea en un negocio, crear una empresa y hacer que perdure y generar riqueza y empleo, requiere de muchas habilidades, de constancia, experiencia y, al menos, un poco de talento y bastante suerte. Es probable que hayas adquirido algunas de estas habilidades a lo largo del tiempo o que de forma innata puedas enfrentarte a muchos de tus retos con ciertas probabilidades de éxito, pero nadie tiene todas las claves. Al llegar a este punto de la conversación, seguro que alguien te recomienda que hagas sólo lo que se te da bien y que disimules para que no se noten tus carencias, o que te rodees de gente mejor que tú para que se encargue de lo que no sabes -o no quieres- hacer.

Yo también creo que no es necesario saberlo todo de todo, pero me he creído el mensaje de Range y estoy convencido de que las probabilidades de evitar el fracaso -no ya de tener éxito- aumentan exponencialmente a medida que obtienes una perspectiva amplia y un conocimiento básico imprescindible de todo lo que supone crear y liderar una empresa.

Tras haber impartido clases en un montón de universidades y escuelas de negocios durante los últimos 20 años, yo también sentía esta carencia de apoyo formativo para un perfil tan necesitado de ayuda como es el de los emprendedores, no sólo noveles, sino también los fundadores de su segunda, tercera o cuarta startup, que son aún más conscientes de sus debilidades y de cuáles son los pilares que deben reforzar para que el siguiente edificio no se derrumbe tras el primer terremoto.

Para conseguir todo esto, Miguel Ángel ha conseguido reunir un consejo académico de los que hacen afición, en el que destaco por mis carencias, mucho más que por mis virtudes, y en el que voy a tener el honor de liderar el área formativa legal, además de echar una mano en todo lo que pueda.

Gracias Miguel por compartir SÍ con nosotros y por dejarnos ser parte de esto desde el principio. El reto es gigantesco, pero con esta pandilla, lo difícil sería que la bola no entrase, aunque haya que lanzarla desde el centro de la pista, de espaldas y con los ojos cerrados.

Larga vida a Startups Institute 🙂

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