
Tercer domingo del noveno mes del sexto año de la tercera década del siglo XXI. 21 de septiembre de 2025 y sigue haciendo calor. Esto ya lo tendríamos.
El año pasado por estas fechas leí “Nunca”, de Ken Follet. Por no destripártelo, te diré que trata sobre una escalada bélica a nivel global que termina regulinchi.
Desde entonces, no pasa un día en que no piense en que una serie de malas decisiones y un puñado de imbéciles sentados sobre un silo de misiles nucleares puede dar al traste con nuestra civilización en un suspiro. Y en cómo demonios hemos llegado hasta aquí.
Con un poco de suerte, si no nos extinguimos durante esta década, las nuevas generaciones estudiarán epatadas este momento histórico, en el que hemos sido capaces de lo mejor y de lo peor.
No es nada nuevo. Ya tuvimos ocasión de estudiar los efectos sociales de la tensión bélica y el miedo a un enfrentamiento nuclear durante la segunda mitad del siglo XX y cómo el avance de la tecnología estuvo acompañado de movimientos sociales efímeros pero con un enorme impacto. ¿Os suena mayo del 68?
Dios, qué pereza. Aún no nos hemos quitado a los wokes de encima y ya podríamos estar al borde del neohippismo. Cuando tengas un rato, échale un ojo a las partículas elementales de Houellebecq, un retrato crudísimo de los residuos tóxicos provocados por esa falsa revolución espiritual y sexual, que acabó con millones de personas destrozadas y aún más perdidas de lo que estaban.
Algunos dicen que lo próximo es el neofeudalismo; otros que la IA y la renta universal nos convertirán en una sociedad apática y comatosa; yo creo que, como siempre, habrá unos cuantos millones de inútiles que se dejarán llevar por cualquier tendencia cazabobos que prometa un viaje a la trascendencia o a la vida sencilla a cambio de cerrar los ojos y dar un paso hacia el abismo.
No hay nada peor que ser el último en enterarte de que el mundo ha cambiado para siempre mientras tú andabas despistado, haciendo el canelo por ahí. Por eso la canción de este domingo es el fin del mundo de La La Love You.
Y tú bailabas y no sabías
Que el mundo entero se destruía
Que al veros juntos, por un segundo, en lo más profundoFue el fin del mundo
Cuando La La Love You (por cierto, me he enterado hoy de que es el título de una canción de los Pixies) lanzaron El Fin del Mundo, ya llevaban unos cuantos tiros pegados. La banda se formó en Parla en 2007 y pasó varios años grabando maquetas y participando en bolos hasta que consiguió colocar este tema como la canción más escuchada en Spotify en 2020. Recientemente, se ha convertido también en número 1 en escuchas en México. Bien hecho, os lo merecéis a tope.
Durante un par de años, El fin del Mundo ha sido la canción favorita de Lola -tenemos un montón de versiones distintas de la letra, que cantamos en el coche cuando vamos al colegio- y por eso me hizo mucha ilusión hablar sobre ella con Carlos Galán, fundador del sello Subterfuge y productor del grupo, durante la entrevista que le hicimos en el Txoko de Descorchify hace unos días (puede verla aquí)
Carlos es parte de la historia de la música de nuestro país, durante los últimos 40 años ha producido muchos de los discos que forman parte de mi vida y, cuando hablamos de El Fin del Mundo dijo
“es una canción para toda la vida, porque todos los años habrá un niño que pasará de los 9 a los 10 (años) y dirá “joder, qué pedazo de tema”
Qué bien que en el mundo haya personas como Carlos, capaces de empeñar su talento -y su pasta, claro- en apoyar a artistas que quieren llevar un mensaje al mundo, sea cual sea.
Incluso cuando el mensaje es que llega el Fin del mundo mientras tú mirabas hacia otro lado.
Que acabes de pasar un domingo enorme.
PD: como siempre, más adelante tienes mi lista con todas las canciones del domingo, en orden cronológicamente inverso
PD II: si te ha gustado este post., puedes apuntarte a mi lista y te avisaré cuando publique el próximo: http://eepurl.com/h-O2lf. 100% spam-free garantizado 🙂
En este mensaje apocalíptico, me llena enormemente de esperanza es que la canción favorita de Lola sea El fin del mundo. La gran mayoría de los niños de su edad solo adoran al Conejo Malo y su panda de acólitos autotuneados…
¡Gracias, Nuria! Se lo diré 🙂